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Amores que sostienen tu vida

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Carlos Padilla Esteban - publicado el 26/10/20

4 maneras de amar a las personas que te llevarán inevitablemente a amar a Dios

Me quedo pensando en el contenido del verbo amar. Me parece intangible. Y yo soy tan pequeño que no soy capaz de hacerlo concreto.

Es Jesús el que me ayuda a entender el amor que Dios me pide. Amar a Dios en el hombre, amarlo en lo cotidiano.

Que amando a mi cónyuge vea en él a Cristo. Que lo vea en mis hijos, en mis hermanos, en mis amigos, en mis padres. En aquel que no me ama, en el que no me acepta.

No basta sólo Dios. Mi amor a Él está unido a mi amor a los hombres. No puedo decir que amo a Dios si en mi vida no soy capaz de amar a nadie en lo humano.

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Amor profundo

¿Cómo es el amor que Dios espera de mí? Espera sólo el que puedo darle cuando me vacío de mí mismo, de mis pretensiones y de mi orgullo enfermo.

Ese amor no consiste en estar enamorado. Ni tampoco en sentir compasión por el débil, por el necesitado.

Es difícil utilizar este verbo porque veo que cada uno entiende lo que puede, lo que ha vivido o es capaz de vivir. Comenta el padre José Kentenich:

«Ya Séneca nos transmitió la ley que dice: – Si quieres ser amado, ama: ama de forma profunda, ostensible, sacrificada«[1].

Me gustaría ser capaz de amar siempre de forma profunda. Es una clave del amor. Un amor hondo, no superficial.

Veo que a veces mi amor se queda en la superficie de la piel. Entonces vienen los vientos y se llevan mi entusiasmo, mi pasión, mi amor que quería ser abnegado.

Esa hondura del amor es la que deseo. Quisiera que mi amor tuviera raíces hondas, para que los vientos no lo arrancaran nunca.

Quisiera que mi amor me llevara a mares hondos, para que no chocara nunca mi amor contra las rocas del acantilado. Quisiera tener vivencias hondas de amor. Porque sólo esas experiencias sostienen mi vida.

Busco cada día verdades profundas que me sostengan. El otro día decía el protagonista de una película en el lecho de muerte:

«Mi vida no ha sido feliz, ha sido muy dura y difícil. Pero estoy feliz porque comienza y acaba con las dos personas a las que más he amado. En el origen, mi madre. Al final del camino, mi hijo».

Los amores verdaderos y estables en el tiempo son los que cimientan mi vida. Sin esos pilares no podría seguir viviendo, ni seguir amando.

Amor estable

Tengo claro que no me basta con vivir en la superficie de las cosas. No me basta con amores pasajeros que dejan el alma inquieta.

No me basta con que me quieran por mi aspecto, por mis logros, por mi dinero, por mis bienes, por mi simpatía. Quiero un amor más verdadero, más hondo, más fiel. Un amor que sea estable en el tiempo. El de Dios lo es.

¿El de los hombres? Puede serlo. Veo amores que envejecen de la mano. Vidas que se hacen hondas amando siempre hasta el extremo, cargando con la vida de otros con una sonrisa en los labios.

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Creo en el amor humano cuando es hondo y estable. Cuando no se fija en la apariencia y ama en la verdad más honda y permanente.

Quiero amar así desde muy dentro. Mi amor quiere tener raíces hondas.

Amor expresado

Tengo claro que quiero amar de forma que se vea que estoy amando. Decía Don Bosco:

«El testamento pedagógico de Don Bosco, que dijo: – Mi pedagogía es hija del amor. ¿Queréis que os amen? Pues, entonces, tenéis que amar. Y eso solo no basta, debéis ir un paso más allá. No sólo debéis amar a vuestros alumnos, sino que ellos deben también darse cuenta de ello. ¿Cómo se dará eso? Preguntad a vuestro corazón, que él lo sabe»[2].

Un amor ostensible, un amor de gestos, un amor que otros vean y sepan que son amados. El amor no es una teoría, no es una palabra bonita guardada en el silencio, no es un simple juramento que no se concreta en la vida.

Las palabras no cambian nada, sólo quedan sostenidas por un tiempo corto en el aire, y luego mueren. Pero el amor de actos, de obras, ese es el que vale y dura para siempre.

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Creo en las locuras de amor que puedo hacer por aquel a quien amo. Es la forma como quiero amar. Sin tregua, sin miedo, no lo consigo a veces.

Amor generoso

Tal vez son mis heridas las que me duelen y no me dejan darme por completo. Siento que si me doy demasiado voy a sufrir, me van a hacer daño.

El que se entrega por entero es cierto que sufre. Pero su amor lo enriquece. Me doy cuenta de mis límites. Quiero aprender a amar como Dios me ama. En Él no se separa lo humano y lo divino.

No busco a Dios fuera de los hombres. Lo busco en los que amo, en los que me aman. Comentaba san Francisco de Sales:

«Nunca podremos amar en demasía o en medida suficiente. ¡Qué alegría amar sin temor de exagerar! Pero nunca hay que temer lo más mínimo cuando se ama a Dios»[3].

Nunca se ama demasiado. Nunca es exagerado mi amor a los hombres cuando es en Dios. No lo temo. Tomo como medida el amor a mí mismo. Mi amor propio. Me amo mucho. No quiero sufrir, quiero ser feliz y pleno.

Es lo que deseo para aquellos a los que amo. Que sean plenos, que no sufran, que se sepan siempre amados. Es el don de amor que pido a Dios todos los días.

Cuanto más amado me siento por Él, más capaz me veo de dar la vida por amor. Sólo en Él es todo posible.

Mira aquí grandes frases de santos sobre el amor:

[1] King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor

[2] King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor

[3] King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor

Tags:
amor
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