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“No tenemos dinero. Solo vamos a la mano de Dios”

CARAVAN
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El trabajo de los misioneros y la Iglesia con los migrantes de la Caravana de Honduras

La última caravana de migrantes proveniente de Honduras fue detenida en Guatemala. Con diferencia a las otras caravanas que iniciaron desde 2018, ya no fue México el que impidió el paso de las cerca de 3.200 personas que salieron de San Pedro Sula el pasado 30 de septiembre.

El presidente guatemalteco, Alejandro Giammattei, dio la orden de que fueran detenidas y retornadas a la frontera con Honduras todas aquellas personas que entraron ilegalmente a su país. La tesis del mandatario fue que los miembros de la caravana de Honduras estaban “usando niños no acompañados” y “haciendo escudos humanos con mujeres y ancianos”, acciones que vulneran a los guatemaltecos.

“No permitiremos que vengan personas a violentarnos y poner en riesgo la seguridad sanitaria que tanto nos ha costado controlar”, agregó en referencia a la pandemia de COVID-19 que en Guatemala ya se ha cobrado más de 3.500 vidas.

La mayor parte de los hondureños fueron detenidos en Guatemala, muy poco ya del lado mexicano. Y todos ellos (los que no lograron escapar) repatriados a su país de origen, donde les espera una durísima y peligrosa vida.

Testimonios de migrantes

Un joven migrante hondureño explicó en un video que el sufrimiento por la escasez de dinero, la necesidad de un empleo, violencia, entre otros factores, lo motivaron a él y a cientos de personas más a salir de su país rumbo a Estados Unidos.

En el testimonio –compartido a través de la red de Facebook de la Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala– agradece a todas las personas que han apoyado a los migrantes en Guatemala con comida, de manera económica y también a la Iglesia Católica.

“Fueron personas que realmente tuvieron corazón de nosotros y pues tome la decisión de hacer este viaje y dar a conocer lo que sufre uno al tomar la decisión de venirse de Honduras… ¿Por qué tomamos esta decisión?, porque realmente se sufre, estamos viviendo una escasez de dinero, una necesidad de trabajo, una necesidad de muchas cosas”, mencionó el hondureño.

“De mí nació ayudar a los hermanos míos migrantes de que al ver en ese camino que algunos venían sufriendo, con mucho esfuerzo venían caminando”, destaca en el video este joven hondureño que, además, es voluntario para ayudar a los más débiles como son las mujeres, los niños y los ancianos, considerado por el presidente de Guatemala “escudos humanos”.

“No tenemos dinero solo vamos a la mano de Dios”, indicó a periodistas locales de Guatemala una joven de 20 años, originaria de Honduras, quien emigra junto a su madre y un hermano, ya que donde viven es uno de los territorios en extrema pobreza en el valle de Sula.

En otro vídeo Abrahán Suyén, de Casa del Migrante Betania del vicariato Apostólico de Petén, se refirió a la situación migratoria de las personas que intentan llegar a Estados Unidos y también destacó el caso de cuatro familias de refugiados en ese lugar que tratan de salir adelante vendiendo hamacas, para generar ingresos con los que buscan sobrevivir.

Testimonios de ayuda

El padre Juan Luis Carbajal, misionero escalabriniano y Secretario Ejecutivo de la Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala, puso en marcha apenas en septiembre último la Casa Siloé para personas solicitantes de asilo, desplazadas y refugiadas.

En un video, Carbajal expresó la satisfacción de la Iglesia de su país de contar “con un espacio digno y seguro para las personas migrantes y refugiadas”. Al mismo tiempo que, dijo, es una “respuesta, como cristianos, inspirados en el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, para atender, acoger, proteger, promover e integrar” a los refugiados.

Una de las preocupaciones que plantea la Pastoral de Movilidad es la falta de protección y la violación a los derechos de migrar a otros países. Frente a esta situación, los obispos de Guatemala hicieron, recientemente, un llamado a las instituciones estatales a recibir dignamente a los migrantes centroamericanos con gestos de caridad y solidaridad.

Doña Filomena Florián dijo a Radio Progreso, la emisora jesuita de Guatemala, que lleva “más de 27 años de estar trabajando a favor de las personas migrantes”. En ese tiempo ha sido testigo del sufrimiento “cuando pasan con sus hijos, enfermos, con hambre y sin descanso”. De ella nació “empezar a ayudarlos, dándoles alimento, hospedaje, un lugar donde puedan bañarse”, actualmente es agente pastoral de la Iglesia Católica.

Al mismo tiempo, Yudi Ordoñez describió que gracias a la Pastoral (de Movilidad Humana) puede convivir “más de cerca con los hermanos migrantes para brindar apoyo en lo que ellos necesitan”. Esta labor de ayudar a las personas migrantes empezó con su mamá hace más de 30 años y luego ella se involucró en esta tarea para servir al prójimo.

Si, por un lado, los refugiados de Honduras y de otros países que pasan por Guatemala, van a encontrar nuevas resistencias, por el otro, la Iglesia católica se ha movilizado para reconocer en estas personas el rostro sufriente de Cristo.

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