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¿Tiene sentido gritar a Dios nuestro dolor? Responde el Papa Francisco

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En la audiencia general, la predicación del Papa sobre el grito de quien sufre y se pregunta: “¿Hasta cuándo Señor?”

El papa Francisco predicó hoy sobre los salmos en la Biblia que “son invocaciones, a menudo dramáticas”, que brotan de la misma vida. “Rezando con ellos, el sufrimiento se transforma en pregunta”. 

«¿Hasta cuándo, Señor?». “Es un grito que surge de la enfermedad, de la persecución, de la muerte. Cuando la oración se hace pregunta es ya camino y principio de salvación”, dijo el Papa en la audiencia general de este miércoles, 14 de octubre de 2020, en el Aula Pablo VI del Vaticano. 

Francisco sostuvo que “ante Dios no somos extraños, ni somos números; nos conoce a cada uno por nuestro nombre y nuestros dolores son sagrados para Él”.  “El sufrimiento es algo común a todos, creyentes y no creyentes. En el salterio el dolor se convierte en relación: un grito de auxilio que espera ser escuchado por un oído atento”.

“Leyendo y releyendo los salmos, nosotros aprendemos el lenguaje de la oración”. En su discurso, el Papa continuó el ciclo de catequesis sobre la oración, centró su meditación en el tema «La oración de los salmos» (Lectura: Sal 13,2-3.6)”.

El sentido de la oración

“En la oración nos basta saber que “el Señor nos escucha”. En ocasiones, los problemas no se resuelven, pero los que rezan saben que muchas cuestiones de la vida quedan sin una solución”.

“Sin embargo, continuó el Papa, siendo conscientes de que Dios nos escucha todo se vuelve más llevadero. Si permanecemos en relación con Él, ante nosotros se abre un horizonte de bien y de esperanza”. 

Francisco explicó que la persona es ‘preciosa’ ante los ojos de Dios cuando reza. Por eso, indicó, tiene tanto sentido la oración, aunque si, a veces, no seamos conscientes de ello. 

Es la gracia del Espíritu Santo dentro de ti que te empuja a ir hacia esta sabiduría que te dice que tú eres precioso ante los ojos de Dios y por esto vas a rezar”. 

La oración de los salmos es el testimonio de este grito: un grito múltiple, porque en la vida el dolor asume mil formas, y toma el nombre de enfermedad, odio, guerra, persecución, desconfianza… Hasta el “escándalo” supremo, el de la muerte. 

Lágrimas, muerte y la oración

“La muerte aparece en el Salterio como la más irracional enemiga del hombre», recuerda el Papa: “¿qué delito merece un castigo tan cruel, que conlleva la aniquilación y el final? El orante de los salmos pide a Dios intervenir donde todos los esfuerzos humanos son vanos. 

Por esto la oración, ya en sí misma, es camino de salvación e inicio de salvación. Todos sufren en este mundo: tanto quien cree en Dios, como quien lo rechaza. Pero en el Salterio el dolor se convierte en relación: grito de ayuda que espera interceptar un oído que escuche”. 

Un grito que no puede permanecer sin sentido, sin objetivo. “También los dolores que sufrimos no pueden ser solo casos específicos de una ley universal: son siempre “mis” lágrimas, que nadie ha derramado nunca antes que yo”. 

El Papa indicó que las propias lágrimas derramadas son únicas. “Sí, tantos, tantos han llorado, pero mis lágrimas son mías, mi dolor es mío, mi sufrimiento es mío”.

¿Cómo se consuela el papa Francisco en sus peores momentos?

El Papa confesó que en sus peores momentos se consuela recordando las lágrimas de Jesús: “Cuando Jesús lloró viendo Jerusalén, viendo la tumba de Lázaro. Dios ha llorado por mí.  ¡Dios llora por nuestros dolores!”.

 Y luego citó a un director espiritual que le dijo: “Dios se hizo hombre para poder llorar”.  Es una consolación pensar que Jesús llora conmigo en el dolor, nos ayuda a seguir adelante”. 

“Si nos quedamos en la relación con Él, la vida no nos ahorra los sufrimientos, pero se abre un gran horizonte de bien y se encamina hacia su realización. ¡Adelante, valentía con la oración! Jesús siempre nos acompaña”. 

El Papa se disculpó por no poder saludar personalmente a los fieles debido al coronavirus 

Por otro lado, al final de la predicación, el Papa se ha disculpado ante los fieles porque no ha podido saludarlos, como acostumbra, a menudo, antes de cada audiencia, para evitar el «peligro de contagio” por el coronavirus. 

El Pontífice no llevaba tapabocas, pero se mantuvo a distancia de los fieles y peregrinos presentes. Asimismo, ha insistido en lanzar un mensaje para que se acaten las normas sanitarias como «buenos ciudadanos» establecidas para acabar con la pandemia de coronavirus.

Francisco no ha pasado por el pasillo central del Aula para saludar a los fieles, como suele hacer siempre, y al final tampoco ha recorrido la primera fila. «Si cumplimos con las disposiciones de las autoridades, esto será una ayuda para terminar con esta pandemia”. 

«Quisiera como hago normalmente, bajar y acercarme a ustedes a saludarles pero con las nuevas disposiciones, mejor mantener distancias. A los enfermos les saludo con el corazón”. sostuvo”. 

Luego aludió que se mantenga una distancia prudente. Por eso, explicó su cohibirse de saludar porque, argumentó, “si bajo, sucede que todos vienen y entonces se agregan. Y en ese momento está el peligro de los contagios”. 

La Audiencia General concluyó con el rezo del Pater Noster (el Padre Nuestro) y la Bendición Apostólica. 

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