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«Hay cosas que tengo que decir a mi madre y a mi marido antes de morir»

SHANNEN DOHERTY
Everett Collection | Shutterstock
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Shannen Doherty lucha desde 2015 contra el cáncer de mama. Ahora la actriz está en un momento de mucho dolor, claridad y gratitud.

Desde 2015 el cáncer entró en la vida de la actriz que para el gran público sigue siendo Brenda de Beverly Hills. El guión de la serie de televisión de culto de los años 90 está a años luz de la vida de Shannen Doherty. Desde el momento en que la enfermedad la catapultó hacia una cotidianidad muy vulnerable, otros momentos críticos han marcado su camino: el incendio de su casa en Malibú la obligó a dejar el lugar que había sido el centro de su tratamiento, luego la imprevista muerte de Luke Perry (otro inolvidable protagonista de Beverly Hills), luego el regreso agresivo del cáncer que en 2017 estaba en remisión.

Se preguntó si su destino era feo y cruel, pero la realidad que está viviendo habla de una mujer que mientras estaba bajo las luces de los reflectores se mostraba antipática y ahora, puesta a prueba por la enfermedad, se ha liberado de fuertes pesos y se ha visto capaz incluso de sentirse agradecida.

Odio a Brenda

En la época en que era una de las estrella de Beverly Hills 90210 y luego de Brujas, existía una newsletter dedicada a quien quería hablar mal de Shannen y se llamaba Odio a Brenda. Era conocido su mal carácter, se le exageraba a modo de chisme y era uno de los temas que ella misma toca en su larga y reciente entrevista a Elle:

Mientras más cosas se escribían sobre mí, más defensiva me volvía y me encerraba. Y más grande eran los muros que construía alrededor de mí. Albergaba mucho resentimiento.

©VALERIE MACON / AFP
Actress Shannen Doherty attends the Stand Up To Cancer (SU2C) event on September 9, 2016, at the Walt Disney Concert Hall in Los Angeles, California. / AFP PHOTO / VALERIE MACON

Era un resentimiento que nacía de una herida personal, la de haber perdido a su padre a quien quería mucho y de quien creía que la fama llenaría el vacío y lo colmaría de una satisfacción que nunca llegó.

Un dolor que duele y libera

No fue la fama sino los pocos afectos que quedaron de su juventud o que encontró a lo largo del camino que le dieron la posibilidad de mirarse de manera más sincera. Junto a ella siempre estuvo Sarah Michelle Gellar (la célebre Buffy cazavampiros) y desde 2008 llegó el hombre que la conquistó y se volvió su marido, el fotógrafo Kurt Iswarienko. Solo con ellos, y con su madre y pocos más, compartió el camino de gran transformación interior que empezó cuando descubrió el cáncer de mama. Precisamente esta época de fuerte sufrimiento no aumentó el resentimiento, sino que lo hizo desaparecer:

La primera vez que lidié con el cáncer, fue realmente muy hermoso porque me despojé de todo. Todos los muros que habían, desaparecieron. Ese resentimiento que llevaba dentro desde niña – incluso hasta los 19 años – se había ido. (por Elle)

Y te deja asombrado leer «hermoso» dicho por una mujer que declara no tener un horizonte espiritual reconfortante dentro del cual abrazar la feroz experiencia de la enfermedad. El dolor, vivido sin otros adjetivos alrededor, es un camino de despojo brutal, que puede volverse también una liberación de muchas trampas construidas por el egoísmo o la rabia que no tiene nombre.

El dolor no es bello, pero puede dejar ver lo bello. La elección radical que se impone cuando la enfermedad sofoca el cuerpo es la de poder respirar mirando los pequeños fragmentos de bien presentes; antes parecían poca cosa, después se vuelven algo enormemente esencial.

Metástasis y vida nueva

Shannen Doherthy eligió poner la otra mejilla al mundo, y dejar ver lo que había quedado fuera de los chismes: ella misma. Compartió todo su camino de tratamiento contra el cáncer en su perfil de Instagram. Los reflectores volvieron a centrarse en ella cuando mostró el momento en que se cortó el pelo durante la quimioterapia. Era un gesto que en el marco de las redes sociales marcaba el adiós al personaje mediático para dar la bienvenida a la persona: el público aprendió a conocer a la Shannen frágil, que lloraba, pero también capaz de encontrar las razones de una alegría verdadera dentro del agotamiento de un cuerpo que cede.

No se lo esperaba ni siquiera ella, pero el público descubrió en Shannen una historia mucho más convincente que la de Brenda Walsh. La amiga Sarah M. Gellar recuerda el asombro que le causó un evento en el que Doherthy estaba dispuesta a recibir la indiferencia de los presentes, o peor, y en cambio estaba rodeada de personas que querían abrazarla.

Durante dos años de quimioterapia y tratamientos, el vínculo con su marido se reforzó, y floreció la creatividad de Shannen. Nacieron muchas ideas para proponer al mundo del espectáculo. En resumen, el sufrimiento – y hubieron muchos momentos durante el tratamiento en que la oscuridad parecía total – trajo un renovado deseo de aferrarse al presente.

En 2017 la noticia de la remisión del cáncer pareció coronar este viaje de redescubrimiento personal y de liberación de los nudos enredados del pasado. El pelo también comenzó a crecer nuevamente.

Pero la agresividad del cáncer de mama es muy conocida y, tras dos años de relativa serenidad, este año Doherty anunció que el cáncer había vuelto y se encuentra en la fase 4. Parecería a todos los efectos una cruda sentencia de muerte, pero por ahora es una ventana de vida que la está llevando a hacer un examen de consciencia todavía más sincero.

Cuarentena

La pésima noticia de un regreso agresivo del cáncer, con metástasis y expandido más allá de la mama y los ganglios linfáticos, llegó unos meses antes de que la pandemia sacudiera al mundo entero. Shannen reunió alrededor de sí a la familia y amigos más queridos y le pidió a su oncólogo que hablara, así él podría responder a las preguntas que surgieran. La noticia fue pública muchos meses después; en la entrevista a Elle su voz fue muy clara:

Cada vez que llega el momento me parece demasiado definitivo e irrevocable. Es difícil poner un punto a tu existencia cuando te sientes como si pudieras vivir todavía otros 10 o 15 años. (Ibid)

HISTORIA CHOROBY
Fot. JB Lacroix | Getty Images, Mikel Roberts | Getty Images, Shannen Doherty | Instagram

Está lidiando con la muerte, sin pelos en la lengua. Al estar expuesta a un grave riesgo en caso de contagio del Covid, se impuso la cuarentena en su casa que está reconstruyendo en Malibú (se había quemado a causa de los incendios devastadores de los años pasados en California). En su casa, en compañía de su marido, disfruta de una vida sencilla hecha a base de cuidar de su jardín y de momentos de convivencia:

Encuentro un tesoro en los pequeños momentos que la mayor parte de la gente descuida o da por sentado. Las pequeñas cosas se han vuelto enormes para mí. Hay un bien infinito dentro de nosotros y no se trata de otra cosa más que escarbar en ese pozo para encontrar la fuerza de enfrentar la adversidad – y gracias a eso podemos también ver la belleza. (Ibid)

Cartas que escribir

A sus 49 años Shannen Doherty se consuela con el pensamiento de poder decir adiós a las personas que ama. Que se vuelve uno con el pensamiento de su final, cuando aún el corazón y el alma están llenos de un ardiente deseo de vivir.

No me he sentado aún a escribir cartas. Pero es algo que debo hacer. Hay cosas que tengo que decir a mi mamá. Quiero que mi marido sepa lo que significa para mí.  […] En algún momento decidiré hacerlo, me parece definitivo. Suena a despedida, pero no quiero despedirme. (Ibid)

El tiempo, mirado con la consciencia de quien sabe que le queda poco, se vuelve clamorosamente valioso. Y es el mismo tiempo que normalmente perdemos, desperdiciamos o perseguimos en nuestra cotidianidad. Hacemos demasiado o demasiado poco, pero casi nunca estamos. 

Le deseamos a Shannen lo que es verdad para todos en todas las condiciones de la vida: que el tiempo dado para vivir sea la ocasión de un encuentro que también de sentido a la muerte. Dios nos espera en cada esquina, y solo le basta un instante para lograr lo que a nosotros nos parecen solo cenizas.

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