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España: Mujeres ancianas que viven solas, tendencia en aumento

BILBAO
Hiperrealista - Ruben Orozco Loza
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Las proyecciones del INE para 2035 apuntan a un crecimiento de los hogares de una sola persona

En un banco del Paseo del Arenal de Bilbao, sentada en un banco, hay una señora de edad, cabello blanco, mirada triste y cabizbaja. La gente pasa a su lado y la mira con pena. Otros se acercan a preguntarle. Hay quien llama a la policía para que la ayuden. Desde luego, no deja indiferente a nadie.

Se trata de una escultura hiperrealista, creada por el escultor mexicano Ruben Orozco e inspirada en Mercedes, una mujer «real», de casi 90 años y que vive sola. La iniciativa fue puesta en marcha por la entidad financiera vasca BBK e inaugurada en noviembre de 2019. Su estremecedor título: «La última persona fallecida en soledad». Su objetivo: llamar la atención sobre la soledad y falta de atención a las personas mayores.

El propio escultor, Rubén Orozco, afirmaba durante la presentación: «No quiero imaginarme una vida sin poder hablar, tocar o ver a otra persona durante mucho tiempo. Por eso hago esta obra, para combatir un miedo personal». Y sin embargo, es la realidad que viven miles de mujeres españolas hoy, rodeadas de silencio y solas en sus domicilios. Una situación que el COVID ha empeorado aún más.

Mujer viuda sola

El pasado 6 de octubre, el Instituto Nacional de Estadística de España (INE) publicaba una proyección de cómo evolucionarán los hogares españoles en los próximos 15 años, y los datos son claros: De mantenerse la tendencia anual, dentro de 15 años el 28,9% de los hogares (o sea, 5,7 millones) estará formado por una sola persona. O sea, 3 de cada 10.

Según este estudio, el hogar formado por una sola persona es el que más aumenta, mientras que disminuyen los hogares formados por tres o más personas. Los hogares formados por cinco o más personas aumentan algo, pero seguirán siendo en 2035 el tipo de hogar menos común en España, apenas el 6,2%.

Si esta proyección se cruza con otros datos estadísticos hechos públicos a comienzos del año 2020, comienza a tomar forma la imagen de un profundo drama social que podría ser cada vez más preocupante: Cada vez más mujeres ancianas viven solas.

El pasado 2 de abril, el INE sacaba a la luz otro dato: de los 4,8 millones de hogares individuales censados en 2020 en el país, aproximadamente la mitad (algo más de 2 millones) son ancianos mayores de 65 años, de los que un 72,3% son mujeres.

Según recoge un reporte de la agencia EuropaPress, el INE advierte que casi la mitad (42,3% de las mujeres españolas mayores de 85 años viven solas. El 46% de las mujeres que viven solas son viudas.

El patrón se repite región por región: en Murcia, de los 45.000 hogares habitados por un mayor de 65 años, 31.800 están habitados por mujeres (25.500 de ellas viudas), y 13.000 por hombres. En la Comunidad Valenciana, más de 200.000 mayores viven solos, de los cuales la mayoría son mujeres viudas. En Castilla-La Mancha, el porcentaje de mujeres ancianas solas es superior a la media nacional (71,9%).

Una tragedia silenciosa

El pasado día 1 de octubre se celebró el Día Mundial de las Personas Mayores. Muchas ONG que trabajan en distintos campos de la atención social levantaron la voz en esta ocasión para pedir más prioridad y recursos para este problema cada vez mayor.

Según informó la ONG Teléfono de la Esperanza, durante la presentación del programa «Escuchando a los mayores», sólo en la región valenciana se atienden anualmente más de 5.000 llamadas de personas mayores que se sienten solas. La Cruz Roja también tiene en marcha programas específicos para personas mayores que sufren la soledad.

Respecto a Cáritas Española, ya en 2019 la atención a los mayores se llevó el 10% de sus recursos, según se desprende de su memorándum. Y esas cifras aún no reflejan la tragedia del COVID, que ha golpeado duramente a las personas mayores que viven solas, y que han visto empeorar su situación de aislamiento, como también la atención recibida por falta de recursos. Varias instituciones financieras, como el BBK o La Caixa tienen en marcha, a través de sus fundaciones sociales, programas de atención a los mayores.

El 28 de septiembre, la Mesa Estatal para los Derechos de las Personas Mayores hizo público un Manifiesto en el que pedían una ley integral para las personas mayores: garantizar su derecho a la atención sanitaria, mejora de la asistencia social y mayor conciliación para que las familias puedan atender a sus mayores. Más recursos para residencias y soluciones habitacionales, más recursos para ayudarles a ser autónomos, etc.

¿Pero son suficientes estas iniciativas ante el aumento de una franja de población cada vez más desprotegida y vulnerable que, según la OMS, podría duplicarse en 2050? ¿Es suficiente asegurar la atención sanitaria, si el peor mal al que se enfrentan estas personas se llama «soledad» y no se cura con medicamentos? ¿Cómo garantizar el derecho a ser amado y tenido en cuenta, a ser tratado con cariño?

Hay cambios culturales que van más allá de las mejoras legales y asistenciales, como ha señalado en varias ocasiones el Papa Francisco. Es conocida su insistencia en la necesidad de una «alianza» entre los dos sectores considerados «de descarte», los jóvenes y los ancianos, en aras de la creación de una sociedad realmente solidaria. Pero hasta ahora, aparte de algunas iniciativas privadas concretas, no parece que los gobiernos lo tengan como prioritario en su agenda.

 

 

 

 

 

 

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