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¿Qué sintió el Papa en el rezo histórico por el fin de la pandemia?

Igreja de San Marcello al Corso, Roma (Reprodução Redes Sociais)
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“Mi corazón estaba en todo el Pueblo de Dios que sufría, en una humanidad que tenía que soportar esta pandemia»

El papa Francisco contó a una revista española lo que sintió el 27 de marzo en la Plaza de San Pedro, cuando pidió ante el Crucifijo de San Marcello que acabara con la pandemia.

Confesó que al inicio tuvo miedo de resbalar al subir la escalera, pero, afirmó: “Mi corazón estaba en todo el Pueblo de Dios que sufría, en una humanidad que tenía que soportar esta pandemia y que, por otro lado, que tuviera el coraje de caminar. Subí las escaleras rezando, recé todo el tiempo, y me fui rezando. Así viví ese 27 de marzo”.

El pontífice latinoamericano ha concedido a la directora de la revista «Il Mio Papa España», Carmen Magallón, una entrevista para abordar las claves de la crisis sanitaria que se ha cobrado la vida de más de un millón de personas en todo el planeta. “La vacuna contra el coronavirus es patrimonio de la humanidad”.

El Papa habla sobre el camino para enfrentar este tiempo de crisis. «Este es el momento de hacer opciones, salir mejores de la crisis, cambiando todo lo que sea descarte por fraternidad, por inclusión», señala en la reanudación de la edición española de esa publicación editada por Romana Editorial ( nº 29).

Entretanto, acepta que las Audiencias generales sin fieles fueron un momento desolador: “era como estar hablando a fantasmas” y “suplí muchas de estas ausencias físicas con el teléfono y cartas. Eso me ayudó bastante a medir el pulso de cómo estaban viviendo esto las familias y comunidades”.

“De una crisis no se sale igual. O salimos mejores o salimos peores. Y el modo en que salgamos depende de las decisiones que tomemos durante la crisis. Y son decisiones no solo morales, sino humanas, que tocan a lo humano, que tocan al futuro de la humanidad”, señala el Papa.

El camino para construir la vida tras la pandemia requiere una visión integradora de las generaciones futuras, porque “la grandeza de un alma se puede medir por cómo responde a esta pregunta: ¿qué herencia les vamos a dejar a las generaciones futuras?”, sostuvo.

Es capital desde este punto de vista combatir la cultura del descarte “Esa cultura que nos amenaza continuamente. Hoy día más que nunca se nos pide fraternidad.Y este es el momento de hacer opciones, salir mejores de la crisis, cambiando todo lo que sea descarte por fraternidad, por inclusión.”

Al final de la entrevista, el Obispo de Roma habla del quinto centenario de la conversión de San Ignacio y de su devoción por Santa Teresita.

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