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La Caravana de migrantes 2020 no pierde la esperanza

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Sus integrantes son repatriados a Honduras por motivos sanitarios (Pandemia y Coronavirus): «Volveremos a intentarlo»

Los más decididos llegaron hasta el punto que antes era el de no retorno: Tecún Uman, en la frontera de Guatemala con México. Los más débiles de la caravana de migrantes que salió el jueves 1 de octubre de San Pedro Sula, mujeres, niños, ancianos, ya no pudieron llegar hasta ahí. Ni seguir adelante en su propósito.

La idea de atravesar Guatemala, México y llegar a la frontera de Estados Unidos para entrar en el país del norte, donde seguramente tienen familiares y donde pretendían encontrar mejores condiciones de vida, algún trabajo, alejarse de la violencia de las pandillas, quedó truncada.

La primera caravana de otoño, que había desafiado en principio todos los presagios, se desintegró. El gobierno de Guatemala anunció la repatriación de 3.500 hondureños que habían ingresado a su territorio de forma ilegal. El resto, unas 235 personas, fueron ya tomadas en la frontera del lado mexicano.

Tanto Guatemala como México han puesto la fuerza pública en acción para detener a los migrantes. El mensaje ha sido que no puede cruzar por ambos territorios porque van a propagar el coronavirus y la pandemia no ha concluido. En el fondo, también están las políticas anti migratorias del gobierno estadounidense. Y la amenaza si los dejan pasar…

Tres días bastaron para desintegrar una caravana de gente desesperada por la situación que priva en Honduras. La presencia de agentes migratorios, policías y soldados en ambos lados del río Suchiate, que divide a México de Guatemala, da cuenta de que el virus y el humanismo no tienen nada en común.

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Twitter | @IFRC_es

La ruta de la desesperación

Esta era la primera caravana del tiempo de la Covid-19. Desde que estas movilizaciones masivas iniciaron en 2018 se han organizado poco más de diez caravanas que han llegado a contar con hasta diez mil personas. Viajar en grupo se ha convertido en una forma de burlar a los traficantes y de proteger a las mujeres y a los niños.

Pero también ha motivado una reacción durísima por parte del país receptor: Estados Unidos. A menudo, durante estos años, el gobierno encabezado por Donald Trump ha acusado a las caravanas de estar financiadas para provocar una crisis en la Unión Americana. Y ha pedido a México que las detenga so pena de sanciones arancelarias.

Cada vez que se han realizado estas movilizaciones, casi todas provenientes de Honduras, tanto México como Estados Unidos han esgrimido argumentos legales diversos para detenerlas. Y la fuerza pública. A mediados de 2019, el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador envió más de 20.000 miembros de la Guardia Nacional a la frontera sur para evitar el paso de los migrantes.

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Este muro militar ha obligado a las personas que huyen del triángulo norte de Centroamérica (El Salvador, Honduras y Guatemala) a usar rutas cada vez más peligrosas para internarse en México y tratar de llegar a Estados Unidos. Sin embargo, esta ocasión el coronavirus –y el evidente peligro de propagación que una caravana de esta naturaleza trae consigo– fue suficiente para devolver la caravana a Honduras.

Pero, la pregunta que está en el fondo de todo esto es: ¿podrán volver y llevar una vida digna? Muchos entrevistados han dicho que eso es imposible en la situación actual de Honduras. Los hombres jóvenes dicen que las pandillas son las que mandan en barrios como el de Sunseri, en San Pedro Sula. Y las mujeres lo mismo: o son abusadas sexualmente o lo son en el ámbito laboral por las maras.

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Testimonios de reporteros en la zona del Suchiate hablan de que el “retorno voluntario” a Honduras fue burlado por algunos migrantes, incluso por mujeres con niños de brazos. Nadie quiere regresar de donde salieron, dejándolo todo por un trabajo digno, por una oportunidad de tener vida para sus hijos. Y lo dijeron con claridad: van a volver a intentarlo.

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