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La «Fratelli Tutti» es doctrina social de la Iglesia, no comunismo ni capitalismo

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Interpretaciones ideológicas instrumentalizan al Papa y su tercera Encíclica Social 

El papa Francisco al día siguiente de la publicación de la encíclica Fratelli Tutti, indicó que la Iglesia no se opone a la ganancia, sino a la lógica de reducir la persona “a una cosa entre otras cosas” y, al contrario de lo que se ha escrito sin leerla, en su tercera encíclica social, la Iglesia tampoco niega la propiedad privada, sino su uso para “justificar los privilegios de unos sobre los derechos de todos”.

Así, falsas noticias e interpretaciones ideológicas instrumentalizan la última encíclica social del Papa como ya sucedió, por ejemplo con Laudato Si’. El fenómeno no es nuevo y trasciende la modernidad: Desde Napoleón a Marx el concepto de ideología ha conservado un carácter político y económico, mientras que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) está fuera de esa lógica.

Fratelli Tutti confirma el papel de la Iglesia que no relega su misión a la esfera privada, no está al margen de la sociedad y, aunque no hace política, sin embargo, no renuncia a la dimensión política de la existencia. La preocupación por el desarrollo humano integral, de hecho, conciernen a la humanidad y todo lo que es humano concierne a la Iglesia, según los principios del Evangelio, afirma el Papa.

Si a la propiedad privada, pero…

Desde esta perspectiva, el Papa repropone la ‘función social de la propiedad’ (120), es decir el derecho natural a la propiedad privada que será secundario respecto al principio del destino universal de los bienes creados.

Francisco propone las palabras de san Juan Pablo II: Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno”. En esta línea, Francisco recuerda que «la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada».

Y vuelve a citar a Juan Pablo II al proponer que “el principio del uso común de los bienes creados para todos es el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social», es un derecho natural, originario y prioritario. Todos los demás derechos sobre los bienes necesarios para la realización integral de las personas, incluidos el de la propiedad privada y cualquier otro, «no deben estorbar, antes al contrario, facilitar su realización», como afirmaba san Pablo VI”, escribe el Papa.

“El derecho a la propiedad privada sólo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados, y esto tiene consecuencias muy concretas que deben reflejarse en el funcionamiento de la sociedad. Pero sucede con frecuencia que los derechos secundarios se sobreponen a los prioritarios y originarios, dejándolos sin relevancia práctica”.

Si a la ganancia, pero…

“El pensamiento cristiano no se opone por principio a la perspectiva de la ganancia” explicó el Papa el lunes, 5 de octubre, en una audiencia a los dirigentes y personal del Instituto italiano Caja de depósitos y préstamos.

La Iglesia se opone a la ganancia a cualquier costo, “a la ganancia que olvida al hombre, que lo hace un esclavo, que lo reduce a una cosa entre otras cosas, a una variable de un proceso que no puede controlar o al que no puede oponerse de ninguna manera”, añadió.

“La doctrina social de la Iglesia concuerda con una visión en la que los inversores  esperan un rendimiento justo de los recursos recaudados – afirmó el Papa – para luego canalizarlos a la financiación de iniciativas destinadas a la promoción social y colectiva”.

Pobres

En este sentido propone en la nueva Encíclica (119) la visión de los primeros siglos de la fe cristiana y cita a san Gregorio Magno: «Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo».

Encíclica también subraya de manera específica la cuestión de la deuda externa: sin perjuicio del principio de que debe ser pagada, se espera, sin embargo, que ello no comprometa el crecimiento y la subsistencia de los países más pobres (126).

Volviendo al concepto de propiedad privada, el catecismo de la Iglesia Católica (puntos 2402, 2403, 2404) defiende el destino universal y la propiedad privada de los bienes. Y en el punto 2404, sostiene que “la propiedad de un bien hace de su dueño un administrador de la providencia para hacerlo fructificar y comunicar sus beneficios a otros, ante todo a sus próximos”.

DSI y la propiedad privada

Desde la primera encíclica social, la Rerum Novarum (1891) sobre la condición de los trabajadores de papa León XIII, hasta Francisco, la DSI denuncia el aumento del número de los pobres mientras aumenta la riqueza de unos pocos.

León XIII había considerado ‘injusto’ y un daño para los trabajadores la propuesta de los socialistas de abolir la propiedad privada y manifestaba que el objetivo del trabajo es la propiedad personal (Trabajo, salario, propiedad). Francisco las simplifica hoy en las 3 t: tierra, trabajo y techo.

Así Francisco resume su receta frente al consumismo y los despilfarros del mundo contemporáneo: volver a lo concreto. La DSI afirma que la propiedad privada es un derecho fundamental de la persona y es la clave para mejorar la situación de los pobres. Así, como la DSI ha indicado que el Estado tiene una función limitada de frente a la familia. Los socialistas destruyen la familia si van en contra de la propiedad.

Iglesia maestra de humanidad

La Iglesia Católica con su pensamiento social, en cambio de dividirse en partidos, facciones o grupos de poder o de estudio en la defensa de ideas, a través de la DSI persigue con fidelidad el Evangelio que inspira el amor en las relaciones humanas, lección reiterada nuevamente por el papa Francisco en su nuevo llamado a la amistad social.

Los totalitarismos y las ideologías de turno siembran encima del terreno del bien común la cizaña del individualismo exacerbado, de la libertad velada para pocos, del abuso de los bienes de la tierra para esclavizar y en detrimento de los más débiles.

La DSI no está para soluciones idealizadas o superficiales, expone que ante la cizaña también está el trigo de la fraternidad y de la amistad social – como confirma Francisco – a favor del “milagro de la bondad” que ayuda a discernir entre conflictos e injusticias y diálogo y resolución de conflictos y, por su puesto todo para alcanzar el bien común.

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