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La lucha de un matrimonio con dos hijos con esquizofrenia

Por Antonio Guillem/Shutterstock
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El testimonio de Philippe y Charlotte que primero se sintieron impotentes y después descubrieron un tesoro en la enfermedad de sus hijos.

Philippe y Charlotte Franc, ambos de 80 años, padres de cuatro hijos y abuelos de nueve nietos, ofrecen hoy el testimonio de toda una vida. Una vida con muchas dificultades marcada por la enfermedad mental de su hijo Benoît y de su hija Brigitte, ambos con una esquizofrenia que se declaró cuando tenían 15 y 24 años, respectivamente.

Durante estos años difíciles, intentaron “despertar sus corazones a estas angustias desconocidas”, según expresan con delicadeza. Una apuesta que abordaron con una inmensa energía, desplegada sobre todo en el seno de asociaciones dedicadas a las enfermedades mentales, como Unafam y Relais Lumière Espérance, en las cuales se implicaron durante muchos años. Acaban de publicar un testimonio magnífico en su libro L’espérance est un chemin escarpé (“La esperanza es un camino escarpado”), publicado el pasado 11 de septiembre en la editorial francesa Mame.

– A través de su testimonio, desean romper el silencio en torno a las enfermedades mentales. ¿Qué debe saber la sociedad?

Charlotte Franc: Aunque aquí en Francia la discapacidad que genera una enfermedad mental fue reconocida oficialmente en 2005, gracias a Jacques Chirac, que se vio confrontado él mismo a los trastornos de su hija, hoy en día sigue existiendo una ignorancia total frente a este tipo de enfermedades.

Se siguen asimilando a la imagen del lunático o “loco peligroso”, transmitida quizás por la prensa cuando recoge los raros actos de violencia cometidos por personas enfermas mentales. Pero la realidad es que es mucho más frecuente que los enfermos sean objeto de burlas, de rechazo e incluso de violencia a veces.

Es cierto, las enfermedades mentales son difíciles de entender y dan miedo. Cuando la razón ya no es capaz de gestionar las situaciones, las emociones y eso engendra comportamientos imprevisibles e incontrolables, es inquietante, en efecto, ¡pero no por eso hay que abandonarlos como desechos de la sociedad!
Parece que las discapacidades intelectuales son algo que tiene cada vez más reconocimiento.

– ¿Qué diferencia hay con las enfermedades mentales?

Charlotte Franc: La discapacidad intelectual se caracteriza por una deficiencia intelectual, estable, y que a menudo genera compasión. No necesita necesariamente de tratamiento farmacológico. La enfermedad mental no altera las capacidades intelectuales, sino que afecta al comportamiento.

Una persona enferma mental necesita un tratamiento con medicación y terapia psicológica. Su comportamiento es imprevisible y, por tanto, desconcertante para los demás. No suscita fácilmente la benevolencia de los demás.

Recuerdo un día en que Benoît debía jugar un partido, pero sufrió una angustia muy fuerte y fue incapaz de salir de la cama. Sus compañeros de equipo no lo entendieron y se lo reprocharon mucho, no lo convocaron más. La enfermedad mental no se ve a primera vista. Los cambios de humor, las obsesiones, la angustia, no se detectan inmediatamente y es lo que dificulta tanto su reconocimiento.

– Dicen ustedes en su libro que el Señor les invita a ver en sus hijos con dificultades unos tesoros ocultos, ¿cuáles son?

Philippe Franc: Benoît y Brigitte prestan una inmensa atención a personas más frágiles que ellas o que tienen dificultades. Recuerdo que, durante una de las peores crisis de Benoît, cuando estaba realmente mal, ofreció ostras a un sintecho con el poco dinero que acababa de ganar con dificultad. Una forma de generosidad que supera positivamente la razón.

Charlotte Franc: En cuanto a Brigitte, ella tiene un don para escribir y recurre a la pluma cada vez que alguien se siente mal. Oculta tesoros de amabilidad, de servicio, de delicadeza, todo esto está intacto en ellos. La fe de Brigitte también es impresionante. Aunque puede pasar de una idea a otra en una misma frase, ha dejado pasmado a nuestro grupo de reflexión de la Biblia por su comprensión de la Palabra de Dios.

Philippe Franc: ¡“Dichosos los de corazón limpio”! Es como si tuviera un acceso espontáneo e intuitivo a la Palabra de Dios. Sus intuiciones vienen del fondo del corazón. Ambos poseen una gran humildad, teñida a veces de una dolorosa lucidez. Brigitte habla a menudo de lo que hacía antes: trabajar, conducir… Benoît tiene grandes facultades intelectuales; son unos duelos difíciles de hacer.

Cuentan momentos muy duros en los que sus hijos corrieron peligro.

– ¿Qué es lo que les hace persistir?

Charlotte Franc: He llegado a estar completamente desmoronada, inerme, frente a unos comportamientos desconcertantes. Mi fe es lo que me ha hecho aguantar. ¡A veces ya no sabía a qué santo encomendarme! Esta experiencia de impotencia total es lo que me hizo mirar a Dios y pedirle: “¡Señor, ilumínanos, dinos lo que hay que hacer!”. Y también debo mucho a nuestra red de amigos, que nos han apoyado, acogido a nuestros hijos en sus casas…

Philippe Franc: Al principio, fue el acompañamiento del psiquiatra, que arrojó luz en un periodo en que no entendía nada. Luego, cuando me impliqué en Relais Lumière Espérance, la Palabra de Dios me resultó cercana, me aportó auténtico consuelo, una ayuda para vivir situaciones imposibles. Fueron esas palabras, esas oraciones, esas reuniones que eran como regalos, como dones de gracia.

– Hoy en día, reciben tratamiento y están estables, Benoît está casado y es padre, Brigitte recibe cuidados en un centro medicalizado, deben de sentirse ustedes orgullosos de lo lejos que han llegado.

Charlotte Franc: ¡Orgullosos de ellos, no de nosotros! Veo todo lo que han superado, lo que siguen atravesando, Benoît con su inteligencia y su humanidad, Brigitte con su fe y su candor. Pero orgullosos de nosotros, no, es difícil de decir, siempre están nuestros viejos demonios, la culpabilidad que corroe: ¿habremos hecho suficiente por ellos? ¿Hemos cuidado lo suficiente de nuestros otros dos hijos que no estaban enfermos?

Es cierto que su mirada sobre la fragilidad humana se ha enriquecido, pero sin duda han padecido nuestra relativa indisponibilidad hacia ellos.

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