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¿Se puede aprender a debatir bien?

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Técnicas para construir argumentos sólidos y maximizar nuestra capacidad persuasiva

Ante la necesidad que tenemos hoy de comunicar lo que nos pasa, a veces no tenemos las competencias para hacerlo. No solo es importante construir mensajes sino que estos lleguen bien. El saber debatir está tomando gran auge dentro del mundo académico, ya que se puede saber mucho pero si no podemos comunicarnos bien, las posibilidades se acortan.

En el libro “Debatir bien: una asignatura pendiente”, los ganadores del campeonato del mundo del debate nos animan a tomar pasos que nos ayuden a ser buenos comunicadores, exponer argumentos y ejecutarlos para hacer persuasivos los discursos que hacen al debate en los diferentes ámbitos: laboral, escolar o incluso en el mismo hogar.

Mucha gente cree que hablar bien es contar con un buen mensaje, ser capaz de comunicarse sin leer un papel o memorizar un discurso de memoria, pero es más que eso. Se necesita de valor, razón y lógica para enfrentarse a las ideas desarrollando un pensamiento crítico y la empatía para alzar la voz en medio de una época cambiante.

Podemos hablar bien, pero comunicar muy poco. Contar con un buen contenido pero no expresarlo bien o no conectar con quien lo escucha. Es importante la forma en cómo ejecutamos el mensaje, pero también lo es el fondo del discurso. No solo cómo lo decimos sino qué es lo que decimos y estas técnicas pueden ayudarnos a hacerlo mejor.

1
Tener claro el objetivo por el que hablamos

Shutterstock | Artem-Sokolov

Definir el objetivo es algo que parece obvio, pero no siempre se hace. Nos permite establecer la estrategia del discurso, poner el foco en lo importante y quitar información irrelevante. Antes de empezar a diseñar una presentación, es bueno pensar lo que queremos conseguir y lo que queremos que la audiencia piense luego de escucharnos.

Ayuda mucho decirlo en voz alta y anotarlo para luego revisarlo con la intervención y cerciorarnos de que hay una sintonía con el objetivo trazado. El objetivo de nuestro mensaje, aun estando lejos, tiene que ser algo que nunca perdamos de vista.

2
Analizar el público y el contexto donde se dirige el mensaje

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El mensaje debe estar siempre adaptado a la persona que escucha para que este llegue mejor. Preguntarnos quiénes son los oyentes, sus características, preocupaciones o inquietudes que tienen, cuántos son y los motivos por los que querrán oírnos.

Aunque los detalles no los sepamos con exactitud, algo de información puede orientarnos en las palabras que usaremos, el registro de nuestra voz o los modos de ejemplificar una idea para empatizar y conectar mejor con ellos, como si estuviéramos confeccionado un traje y al “hacerlo a medida”, la gente se sentirá cómoda y podrá lucir mejor.

3
Estructurar el discurso lo máximo posible

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Es útil dividir el contenido del mensaje en bloques de acuerdo a su similitud para facilitar que la gente siga mejor la presentación. Luego de hacer este esquema, decir lo que se quiere decir y resumirlo. El esquema mental en la gente hará más sencillo el proceso de sentar las ideas y también el que haya una clara separación entre ellas al presentarlas en partes.

La gente suele desconectar cuando algo no es fácil de seguir. No solo importa la estructura del mensaje sino también facilitarle a la gente el que pueda seguir esa estructura. Al terminar el primer bloque decirlo concretamente y dar paso al siguiente con una introducción, como si estuviéramos “cogiendo la mano” del que escucha para acompañarle hacia donde queremos que vaya.

4
Centrarse en un buen comienzo y en un buen final

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Los primeros minutos y los últimos tienen mucho más peso que el resto de la presentación. A la gente le gusta cuando puede conectar el comienzo con el fin a través de un mensaje circular y armónico. Al principio la gente suele escuchar con más atención y generar prejuicios sobre lo que va a escuchar.

Se puede pensar en algo impactante como una historia, un dato, un mensaje cautivador, una imagen o una cita que se salgan de lo que la audiencia espera. Puede ser breve pero tiene que ver con el mensaje y la idea principal. Esto era muy común en las presentaciones que hacía Steve Jobs al presentar un nuevo producto utilizando el efecto sorpresa.

5
Hacer que el mensaje sea fácil de comprender

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Para lograr que el mensaje conecte con la audiencia es importante hacerlo más atractivo, comprensible e impactante. Para ello es necesario traducir los datos complejos y explicarlos y visibilizar las cifras o valores absolutos que en general suelen ser difíciles de comprender.

No solo se trata de explicar las cosas como son, o cómo hacerlas, sino también hablar de su importancia. Nosotros siempre tenemos más información que las personas que nos escuchan y por eso es importante no asumir que algo que para nosotros es obvio lo será para los demás. Un buen consejo es “pensar en business pero hablar en turista”.

6
Mantener el contacto visual

Shutterstock | Roman Samborskyi

Una herramienta útil es la del contacto visual porque al mirar uno conecta con el otro. Se recomienda mirar a los ojos de la gente y no tanto las notas o el powerpoint. Y en la medida de lo posible incluir a todos mirando a un lado y luego al otro. El reparto del contacto debería ser equitativo, a menos que de antemano sepamos que será más importante dirigirnos a unos específicamente dentro de la audiencia.

También el contacto visual puede ser una herramienta que podemos utilizar a nuestro favor por el feedback facial que recibimos. Algunos asienten, sonríen y otros que están más serios o bostezan nos costará más mirarles. El hecho de conocer a estos grupos nos puede ayudar: mirar a los que son positivos para reforzar la confianza y aquellos con feedback facial neutro cuando ya nos sentimos seguros para conectar con ellos y convencerlos.

7
Prestar atención a la gesticulación

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Hay ciertas actitudes que pueden ser negativas como meter las manos en los bolsillos o cruzar los brazos. Intenta ser natural y acompañar el mensaje evitando gestos repetitivos que pueden terminar siendo una distracción para los demás. Lo ideal es adoptar una posición de confort donde uno no tiene que moverse mucho para gesticular.

Este consejo práctico suele pensarse como si uno estuviera sosteniendo una caja con las manos para evitar sensaciones que lleven a malinterpretar nuestro mensaje: no bajarlas tanto para no transmitir una sensación de pasividad, ni tampoco ponerlas muy por arriba causando una sensación agresiva.

8
Controlar el ritmo, el volumen y las pausas

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La voz puede transmitir confianza y seguridad o todo lo contrario. A veces tenemos un tiempo limitado y eso nos hace ir muy deprisa, pero el ritmo y el volumen no deben ser monótonos porque acaban aburriendo y deben adaptarse al momento concreto: hablar más despacio y con más énfasis en lo que consideramos importante e ir más rápido en lo que es secundario.

La voz debería ser proyectada para que todos la escuchen y lo suficientemente razonable como para que no se pierda. Los silencios no solo nos permiten recuperar el aliento, sino que son útiles para generar expectativa, reflexión y atención en el momento indicado como por ejemplo antes de dar un dato relevante de modo que luego se pueda retener mejor.

9
Practicar antes del día del discurso

Shutterstock | Artem Sokolov

Pasamos mucho tiempo diseñando y planeando lo que vamos a decir pero no solemos practicar el cómo vamos a decirlo. Para mejorar la ejecución del mensaje es importante entrenar las cosas que quieres que salgan bien. Una práctica o ejecución previa nos ayuda reducir nervios e incluso adaptar, mejorar e interiorizar el mensaje.

El contexto tiene que ser lo más similar posible al día de la presentación: practicar de pie, con un power point detrás, etc, para que nuestro cerebro procese mejor la información. También es útil anticiparse a los problemas, imaginar cosas que pueden fallar o pensar en preguntas que nos asustan. Grabar un video es útil también porque no hay nadie más crítico que uno mismo y nos da más conciencia sobre lo que estamos haciendo bien o mal.

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