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Qué se puede hacer ante el estrés familiar que provoca la pandemia

MOTHER
Shutterstock | Ecaterina Glazcova
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Las familias con niños están sufriendo mucho desde el comienzo de la pandemia, seguramente muchas estén viviendo la etapa más difícil de sus vidas

Esta pandemia nos está pasando factura. Ayudar a los padres a gestionar el estrés que están padeciendo desde el comienzo de la pandemia del coronavirus serviría, como es lógico, para ayudar a sus hijos.

Sin embargo, no es fácil adoptar actitudes distintas a las establecidas en una familia antes de esta situación tan extraordinaria. En esta dura etapa se requieren posturas más asertivas, positivas, constructivas para mejorar el clima familiar. Los hijos, según la edad, también pueden dar pasos para mejorar el ambiente sin embargo son los padres quienes tienen la sartén por el mango y han de dar el primer paso.

Los padres van primero. Son “Fray Ejemplo”. Tomo esta expresión tan española que tan bien explica que, en lugar de consejos y peticiones, es el buen ejemplo el que convence. También a los niños. El ejemplo arrastra, dice una persona a la que admiro.

¿Entonces qué pueden hacer los padres? Lo primero, reducir el estrés. Parece obvio. Es una cuestión de actitud. Estamos ante un gran reto y toca tomárselo deportivamente.

Estrés Club contra Familia Club

Imaginemos que hay dos equipos enfrentados. Por un lado, el equipo del estrés. El Estrés C.F. (un equipo de futbol potente y correoso) que se infiltra en todos lados y gana cuando hay batallas en el bando contrario. Sus goles son los gritos de la familia, la tensión, los lloros, los reproches, las frases de derrota tipo “ya no puedo más”.

Frente a este Estrés C.F. está un equipo de los Martínez-López C.D, un club deportivo compuesto por la familia Martínez López donde hay un portero llamado Mamá Martínez (38 años), dos medios defensivo-ofensivos que son Laura (5 años) y Jorge (3 años), y un delantero llamado Papá Martínez (40 años).

El entrenador es Mamá-López-Papá-Martínez. Son muy jóvenes. Pero las derrotas llegan sobre todo cuando papá y mamá riñen, o se enfadan, o papá llega tarde, o mamá se queja de que papá no hace nada. Y si se ofenden es que ya han perdido la liga.

Entonces, llega el desorden: los niños desobedecen, se agarran a la falda de mamá para llamar la atención, no quieren cenar o reparten los juguetes por toda la casa 

Es el momento en el que el Estrés C.F. mete unos goles que los deja a todos ansiosos, dispersos, enfadados o malhumorados. 

Cómo ganar el partido

¿Cuál es la solución ante tanto estrés pandémico? La coherencia del entrenador.

Hay que empezar por quererse mucho los padres (coherencia del entrenador) y que se vea. Que se vea que son una pareja bien avenida que se respeta y que tiene las ideas claras. Que saben gobernarse y quererse. Es lo que la ciencia más seria denomina calidad marital

Si la calidad marital es alta los niños andan en paz, se sienten seguros, prosperan, juegan autónomamente y no buscan el aparatosamente el reconocimiento de los padres pues estos son firmes, cordiales y dan unas pautas previsibles.

Si sucede todo lo contrario, si los padres se pelean, si el padre va a la suya, si está ausente, si la canguro se ocupa de todo y mal y la madre no hace más que quejarse, entonces,  el estrés se propaga, se expande y se hace muy contagioso.

Y los niños pierden finura en su ajuste psicológico y se adaptan peor a la realidad de cada día e incluso pueden producirse, en caso extremos de caos familiar, trastornos de retraimiento o desafío en los niños. Niños agresivos o muy apagados. Pero no nos pongamos en la peor situación.

Los padres no pueden ni imaginar lo productivo que es su amor. Psicológicamente se podría decir que el amor de sus padres es una guía luminosa para los hijos. 

El padre o se esconde o da la cara

Hay un dicho que me impresiona y que se lo he oído a expertos en familia muy sabio: “Lo mejor que puede hacer un padre por sus hijos es querer mucho a su esposa”.

Las mujeres reflejan en su vida, en su aspecto, en su talante, en su tono vital el amor que reciben de su esposo. Y como ellas son quienes marcan el rumbo del hogar, el amor del esposo (se supone que muy correspondido por ella) las transforma.

Y una forma de amar a la esposa es seguirla, escucharla, afirmarla y apoyarla con los hijos en la tarea de su crianza y en el peso de las tareas que exige el hogar.

Si el matrimonio concilia bien vida profesional y familiar, si comparte, si el marido atiende a los hijos en función de lo que le propone su esposa, que es la que más sabe, el estrés queda reducido.

Ella, en estas circunstancias, lo ilumina todo pues está contenta. Solo un ejemplo. Obedecer a la esposa en aquel momento en que toca llevar al parque a los hijos, o airearlos, o darles relajo después del cole o el domingo por la tarde para “liberar a mamá”: ¡Pues hay que hacerlo!

Hay dos posibilidades para el padre: o se esconde o da la cara. Y si da la cara siempre (casi siempre), con delicadeza, con amor, hablemos claro, el estrés se reduce y los niños están más tranquilos, obedientes y serenos.

¡Dios mío, ojalá los padres sean capaces de entender cómo puede llegar a ser tan positivo su amor mutuo! Nos solo para ser felices como pareja, sino para ser felices como familia. A veces cuesta, pero da muchos rendimientos. Y la sociedad se verá beneficiada.

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