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Progresiva reapertura de las Iglesias para las Misas en la Argentina

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Buenos Aires permite el regreso a los templos

Aunque la realidad puede variar entre distritos y localidades, de a poco, las autoridades nacionales y locales van habilitando la presencia limitada de fieles para el culto público en la Argentina.

A la lista de jurisdicciones con protocolos aprobados se sumó estos días Buenos Aires, cuyo Arzobispado dio a conocer un protocolo que, como en otras regiones del mundo donde el regreso a los templos no provocó brotes infecciosos, pone límites a la concurrencia y exige estrictos protocolos sanitarios. El protocolo anunciado por los obispos porteños supone:

– Autorizar una persona cada 15 metros cuadrados, con un tope de 20 fieles.

– Disposición de un servicio de anotación para evitar aglomeraciones y contactar en caso de un asistente positivo.

– Aumentar las celebraciones de la Eucaristía y de Celebraciones de la Palabra.

– Contar con la colaboración de los miembros de la comunidad para el cumplimiento de las disposiciones sanitarias.

– Con la vigencia de la eximición del precepto dominical para todos los fieles, particularmente a los mayores de la asistencia, permitirles seguir la celebración eucarística desde sus casas a través de la televisión, páginas web o las redes sociales.

– Que en todos los miembros de la Iglesia continúe el deseo de unirse e identificarse con Nuestro Señor Jesucristo a través de las obras de caridad

En otras jurisdicciones del AMBA, como el Municipio de San Miguel, en el Gran Buenos Aires, las Misas ya habían sido autorizadas estos días con límite de concurrencia. Así como en numerosos distritos del interior del país en los últimos meses, con condiciones similares. En algunos casos limitados, por el crecimiento de casos en el interior, se registraron algunas marchas atrás.

Nunca las puertas cerradas

La Iglesia, pese a la restricción de visita a los templos y de culto público, no obstante, no estuvo cerrada estos meses. Prueba de esto la cantidad de sacerdotes y agentes pastorales que sirviendo a los más vulnerables han enfermado de COVID, e incluso, perdido la vida, como hemos informado.

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Con motivo del fin del Proyecto #SeamosUno, del que participó activamente Cáritas y sobre el que hemos escrito en Aleteia, Cáritas realizó un emotivo agradecimiento por un emprendimiento que permitió la entrega de un millón de cajas de alimentos. “Hemos visto, escuchado y sentido el enorme impacto que las cajas alimentarias tuvieron en cada familia y persona a quienes se las entregamos. Los miles de voluntarias y voluntarios de Cáritas guardan en el corazón infinidad de testimonios, rostros, palabras y sentimientos que la gente nos regaló en las entregas”, expresó Cáritas en una carta por el inmenso trabajo realizado estos días desde las parroquias.

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Un camino por delante

Aún ante la progresiva autorización de distintos municipios para la participación de fieles en la Eucaristía, el desafío por delante es aún muy grande. Así como la transmisión de la Misa por internet no suple la participación en la Mesa del Señor, la experiencia comunitaria de la celebración eucarística aún no es posible.

La asistencia en familia, con abuelos, niños, vulnerables, que comparten masivamente la Fe, que interactúan y se abrazan tras la alegría de una Fiesta, aparece solo en el horizonte lejano. La posibilidad de invitar a un amigo o allegado que hace tiempo no concurre a Misa tiene por el momento el filtro de la inscripción previa. Una Misa sin Eucaristía, duele. Pero también sin la comunidad.

Más allá de la apertura progresiva, consuelo después de seis meses de restricciones, el camino por delante renueva los deseos de trabajar intensamente, con prevención y responsabilidad, por el fin de la pandemia.

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