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Madres que cambian la historia del tenis y el deporte

MOTHERS
@vichka35 | @serenawilliams
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Esta edición del US Open pasará a la historia como una de las más extrañas de todas las eras.

Con el número 1 entre los varones desclasificado por un vergonzoso episodio, con históricos que eligieron no jugar debido a la pandemia, con encuentros sin público y transmisiones vacías del calor humano de la afición, pero con una estadística que da cuenta de una evolución en el tenis femenino que no pasó desapercibida.

Tres de las ocho cuartofinalistas, y posteriormente, dos de las semifinalistas, son madres. Por décadas la opción de la maternidad y la familia parecía excluyente del tenis del primer nivel, frustración que confrontaba la idea de familia con la alta competición y alimentaba el temprano retiro de numerosos talentos.

Pero Serena Williams, madre de Alexis Olympia, y Victoria Azarenka, mamá de Leo, disputarán entre sí una de las semifinales. En cuartos, Serena venció a Tsvetana Pironkova, mamá de Alex. La vencedora de Serena -38 años- y Azarenka -31 años-, ambas ex número 1 del mundo, competirá contra Naomí Osaka -22 años- o Jennifer Brady -25 años-.

Pero en primera ronda hubo otro ejemplo, acaso el de la que en este mismo torneo recordó 11 años atrás que era posible. Kim Clijsters tenía 23 años y ya sabía qué era ser la mejor del mundo cuando anunció su primer retiro. Alejada de los courts, se casó y tuvo a Jada su primera hija. Y a los dos años se animó al regreso, inesperadamente, triunfal. Con una invitación especial para jugar el US Open 2009, contra toda expectativa, lo ganó. Y celebró con la pequeña Jada en brazos en el mítico Arthur Ashe, que bien podría ser renombrado el “Mothers Stadium”.

Clijsters se convirtió así en la primera ganadora de Grand Slam luego de ser madre desde 1980, cuando Evonne Goolagong se coronó en Wimbledon. Un año después, la belga repitió en Nueva York. Y dos años después, cuando regresó al número 1, en la primera de la historia en hacerlo luego de ser madre.

La lógica de la hipercompetencia no hubiese interrumpido su nueva escalada. Pero Clijsters en 2012 decidió retirarse nuevamente. Y por 7 años fue mamá a tiempo completo, no sólo de Jada, sino de Jack y Blake, nacidos estos años. Hasta finales del año pasado que anunció su nuevo regreso:

A los 36 años siento que soy demasiado joven para ser retirada. Y con tantos atletas y madres inspiradoras compitiendo, no puedo esperar para volver a la cancha y ver qué es posible después de tener tres hijos”.

Clijsters mostró que es posible. Pero Williams y Azarenka terminaron de allanar el camino y lograron cambios en la WTA que no sólo contemplan a la madre durante el embarazo, sino que la favorecen y acompañan los primeros años de vida del niño. Alzando la voz por mujeres que como ellas, y como Clijsters antes de ellas, querían seguir compitiendo aún tras el embarazo, lograron cambios sustanciales en el circuito y en el entorno del tenis. La bielorrusa había incluso llegado a perder un sponsor cuando anunció su embarazo en 2016.

Tras el nacimiento, las tenistas ahora pueden jugar 12 torneos con el ranking protegido durante tres años, incluido 2 Grand Slams, lo que les permite elegir y sortear mejor las primeras rondas de los torneos, y programar un regreso paulatino a la alta competencia con menos riesgo de lesiones.

Esta posibilidad elimina lo que en la práctica eran “penalizaciones por embarazo”. Esa facultad allanada por la americana y la bielorrusa, una de las cuales disputará la final, hicieron que Pironkova se anime al regreso.

No solo es un beneficio para ellas. Es una muestra para el mundo del deporte y la publicidad de que se puede priorizar a la persona por sobre el espectáculo y la ganancia a todo costo, de que es posible humanizar la alta competencia.

Y para quienes seguimos el mundo del deporte, la posibilidad de gozar de su tenis durante más tiempo. Algo de lo que particularmente estamos agradecidos en este fatídico 2020, en el que nos agotamos de las repeticiones.ia

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