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¿Podrá la ciencia salvarnos de la covid-19?

SCIENCE

Shutterstock | alphaspirit

Ignasi de Bofarull - publicado el 09/09/20

Las últimas noticias sobre la suspensión de las pruebas de la vacuna de AstraZeneca aumenta la incertidumbre en la lucha contra el coronavirus

Avanza la pandemia y la ciencia está haciendo todos sus esfuerzos para contenerla. Sin embargo, los resultados tardan en llegar. La ciencia médica, la ciencia de la salud pública (epidemiología) luchan denodadamente para impedir los contagios, pero avanzan lentamente en un sistema de prueba-error que nos llena de angustia.

Las investigaciones farmacéuticas en la búsqueda de una vacuna están invirtiendo millardos de dólares, euros, yuanes, rublos para conseguir parar el Covid 19. La misma Inteligencia Artificial (IA) con una cantidad incalculable de datos (Big Data), con unos ordenadores de potencia descomunal, manejando los algoritmos más sofisticados, están obteniendo pocos resultados a tenor de las promesas que se estaban ofreciendo hace unos meses sobre su capacidad de mejorar la vida de los humanos, de la humanidad.

Hay que apoyar la ciencia y evitar toda tentación negacionista. No se puede dudar del aluvión de evidencias que nos abruman después de este desastre. No es positivo creerse envuelto en una conspiración que nos atrapa en este virus con fines inconfesables.

En estas líneas nadie pone en duda la eficacia de la ciencia en general y de la técnica como aplicación de los conocimientos científicos. Sin embargo, la ciencia nos esta mostrando sus límites tal como informa en Bloomberg Opinion, uno de los medios de comunicación más reputados del planeta: “La pandemia está exponiendo los límites de la ciencia” (24.5.2020).

De la misma manera la prestigiosa revista digital The Conversation, señala cómo el Coronavirus, “cómo la pandemia ha expuesto las limitaciones de la Inteligencia artificial (IA)” (20.7.2020). ¿Qué se debe responder ante estas limitaciones evidentes que presenta la ciencia y la técnica?

Puntualicemos: no estamos hablando de fracasos pues, por ejemplo, las vacunas exigen un periodo largo de experimentación. Estamos hablando de los límites que nos deben hacer pensar detenidamente en que la ciencia y la técnica no son infalibles.

Se dice desde hace meses que el hombre está viviendo un momento histórico en el que se está confirmando hasta qué punto somos frágiles, dependientes, necesitados de ayuda. Nuestras vidas penden de un hilo literalmente a lo largo de todo el mundo. La ciencia y la técnica son las instancias que deberían velar por nuestra vida y están mostrando también su fragilidad, sus limitaciones.

Hay que recordar que hasta hace unos meses la ciencia y la técnica eran la cúspide de un saber ante el cual nadie podía oponer ninguna duda. En Occidente, en Oriente se estaba consolidando una verdadera fe en la ciencia y la técnica. El progreso humano de los últimos dos siglos, la fe en la razón daba una cierta seguridad ante la ignorancia sobre lo que nos podía deparar el futuro.

Pues el futuro hoy es el presente y la verdad es que la ciencia no tiene esa capacidad de resolver los problemas de un mundo agobiado por la pandemia más global que nunca he existido. Por lo menos no lo puede hacerlo tal como teníamos previsto, es decir, casi inmediatamente.

Insistimos: hay que estar a favor de la ciencia, pero hay que pensar que esta realidad humana es también limitada. Quizá es que nos hemos equivocado en nuestras creencias y hemos convertido a la ciencia y a la técnica en absolutos cuando no lo son.

El hombre moderno, en el camino hacia su absoluta autonomía, estaba sacralizando la ciencia y la técnica. Y quizá el hombre moderno, jactancioso, autosuficiente, está tocando hoy los límites de su propia autonomía. Quizá debamos reconsiderar humildemente nuestra condición de criaturas, nuestra condición de hijos de Dios desde una nueva perspectiva tan palpable y medible como la mortandad de una pandemia incontrolable. Y quizá debamos esperar en un Dios providente.

La ciencia no está en entredicho. Hay que seguir investigando y llegará la vacuna tras los tanteos que haga falta. Colaborativamente, generosamente gracias a las autopistas de la información que hoy nos asisten. Lo que parece que ha quedado claro es que la ciencia y la técnica no tienen el poder absoluto que hasta hace unos meses le atribuíamos.

Quizá la ciencia y la técnica también deban ser más humildes y aceptar su provisionalidad y su incapacidad de cambiar el mundo inmediatamente.

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