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Argentina: ¿Justifica el justo derecho a la tierra tomar propiedades ajenas?

ARGENTINA
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El país sudamericano y las nuevas discusiones sobre un viejo tema: la toma de tierras

La toma de tierras no es nueva en la Argentina. Sin embargo, hoy, como si buscar más elementos de discusión fuese necesario mientras el país se acomoda como uno de los que más ha sufrido la pandemia, el tema vuelve a surgir con el mismo interrogante de siempre: ¿justifica el justo derecho a la tierra la toma de propiedades ajenas?

Las noticias de estos días responden a explicaciones distintas, pero en ningún caso la discusión es inédita.

En la paradisíaca zona de Villa Mascardi, en Río Negro, cobró fuerza la presencia y el avance sobre tierras privadas y fiscales de personas que se identifican con pueblos aborígenes mapuches. Entre quienes vienen denunciando desde hace meses y años la toma de sus tierras y el ataque a sus casas edificadas, hay propietarios que habitan en otras provincias e incluso el obispado de San Isidro, que posee allí una casa otrora usada como espacio de retiro y veraneo.

Las tomas, en algunos casos, están acompañadas de incendios y destrucciones de las construcciones edificadas. Es desgarrador el testimonio de familias que habían volcado todos los esfuerzos de su vida para pagar y edificar una casa que quedó absolutamente arruinada tras las tomas de estas semanas.

En el Gran Buenos Aires, la toma de tierras asume otras características por la masividad de gente movilizada. Se estima que más de 4000 hectáreas de tierras fiscales o privadas están tomadas y habitadas. En algunos casos, eran tierras que iban a ser destinadas a viviendas sociales, y que podrían incluso tener como destinatarios finales a quienes las terminaron ocupando sin regulación. En otros, se ubicarían barrios cerrados de familias que ingresan en fideicomisos grupales para poder acceder a su propia casa, y con estos desenlaces, ven frustrados o demorados su también justo sueño del terreno propio.

El rol de la Iglesia

La tergiversación en torno a las tomas es permanente. Pobres que son engañados a los que se les venden o alquilan tierras que no son propias, o a los que se los moviliza diciendo que si logran establecer una presencia nadie los podrá movilizar. Y en algunos casos, algunas organizaciones sociales que los acompañan, e incluso la Iglesia, son acusadas de organizar tomas.

Ya en junio de este año el obispo de San Justo monseñor Eduardo García había tenido que aclarar lo siguiente: “Los curas que trabajan en las barriadas más vulnerables de nuestra diócesis no organizan tomas, como algunos andan diciendo. Sí acompañan el camino de búsqueda de vida y de dignidad de los vecinos”.

En aquella ocasión, maliciosamente, se había intentado relacionar una bendición de un comedor con “algunos vecinos y algunos ‘aprovechadores’ (que) avanzaron sobre unas tierras, o mejor dicho, sobre unos basurales”.

“La historia es testigo: desde la urbanización de Palito hace algunos años, el trabajo que se hace en colonia Mi Esperanza, más recientemente en el polideportivo San José, la escuela San José, el colegio Papa Francisco, en Puerta de Hierro, que se han hecho todos conforme a la ley y con cesión de tierras, ya sea por la provincia o por el Estado, con papeles que la avalan”, completó el obispo.

«Tierra, Techo y Trabajo»

Por más que el papa Francisco haya asegurado que «Tierra, Techo y Trabajo» son los derechos más sagrados, o más aún, que en la Biblia se sostenga la felicidad de la posesión de la Tierra y en la Doctrina Social de la Iglesia se especifique con suma claridad la naturaleza del destino universal de los bienes, nadie, al menos en el marco de la jerarquía de la Iglesia que peregrina en la Argentina, ha propuesto que para que se puedan ejercer esos derechos se tomen ilegalmente tierras, casas o espacios de trabajo.

Que la Iglesia desde sus pastores y sacerdotes acompañe la búsqueda de vida digna de los más vulnerables y pida soluciones definitivas al Estado, o que participe en mesas de diálogo incluso para resolver la discusión con aquellos que sostienen que por razones históricas y culturales son legítimos propietarios en la Patagonia, no supone organizar o avalar tomas de tierras en torno a las cuales sólo hay angustia de saber que no se tiene, dolor por saber que se pierde lo legítimamente ganado, discusiones más ideológicas o partidarias que centradas en las personas, y violencia.

La apuesta a la amistad social

Hace 14 años, en el Tedeum del 25 de mayo, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, proponía una solución para los conflictos de los argentinos, que en el corto plazo no resuelve el problema habitacional, pero desanda un camino necesario y pendiente: la amistad social.

“Felices, en cambio, si nos dejamos convocar por la fuerza transformadora de la amistad social, ésa que nuestro pueblo ha cultivado con tantos grupos y culturas que poblaron y pueblan nuestro país. Un pueblo que apuesta al tiempo y que conoce la mansedumbre del trabajo, el talento creativo e investigador, la fiesta y la solidaridad espontánea, un pueblo que supo ganar o ‘heredar la tierra’ en la que vive”.

 

 

 

 

 

 

 

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