Aleteia

México comienza un largo proceso del perdón y reconciliación, con la Iglesia al frente

TZOTZIL
Marko Vombergar | Aleteia
Comparte

El gobierno mexicano reconoció su responsabilidad en la masacre de indígenas tzoztiles en 1997 y pidió perdón a las familias

En México, el perdón y la reconciliación están muy lejos de ser una práctica. Mucho menos una práctica que involucre a la política. En un hecho inusitado, se ha encendido una pequeña llama, pues a 22 años con ocho mes de la matanza de Acteal, en el sureño Estado de Chiapas, el Estado mexicano asumió su responsabilidad y pidió perdón a las familias de los 45 indígenas tzotziles asesinados.

El hecho violento, uno de tantos que han marcado la historia del país, tuvo lugar en diciembre de 1997, cuando paramilitares dispararon a discreción sobre un grupo de indígenas tzotziles del Municipio de Chenalhó –incluidas mujeres y niños—que se refugiaban y rezaban en un templo evangélico.

«Asumo la responsabilidad del Estado y ofrezco una disculpa por este suceso doloso e indolente», expresó el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, durante una ceremonia celebrada en la sede de la Secretaría del Gobierno (Ministerio del Interior).

«Estamos en este acto para ofrecer una disculpa pública a las víctimas, a los familiares, a la comunidad de Acteal y al pueblo tzotzil por este profundo agravio. Lo hacemos con convicción y sin condiciones; lo hacemos porque las omisiones y negligencias del Estado mexicano arrancaron la esperanza a 45 personas», dijo Encinas.

El acuerdo amistoso del Estado mexicano incluye a las familias de 18 víctimas fallecidas y a 12 supervivientes, pues el resto de allegados de los asesinados han preferido esperar el informe y la decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para poder tener, también, una satisfacción jurídica y que los autores intelectuales de la matanza sean llevados al banquillo de los acusados..

La Iglesia en avanzada

Aledaño a esta moción gubernamental, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y la Fundación para la Reconciliación han concretado la firma de un convenio bilateral para ofrecer las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPRE) “como un servicio para la sociedad mexicana atravesada en diferentes realidades por el flagelo de la violencia, la agresión y los conflictos”.

El convenio subraya la participación de todos los obispos de México en el compromiso para que las 98 diócesis del país puedan proveer servicios de Escuelas de Paz bajo la metodología probada de la Fundación para la Reconciliación nacida en Colombia en medio de los conflictos internos de la nación sudamericana.

Hasta el momento, sólo hay 39 sedes de las ESPRE distribuidas en México y cerca de mil facilitadores. El convenio, dijeron los obispos mexicanos, “favorecerá la creación de nuevas experiencias tanto en territorios diocesanos como a través de plataformas digitales”.

El fundador de esta iniciativa, el sacerdote Leonel Narváez, compartió la historia de las ESPRE en Colombia desde 2005 y que, hasta el momento, han podido dar servicio a más de un millón 800 mil personas: “Mi experiencia más fuerte del perdón, en estos veinte años ha sido comprobar que, cuando se da el perdón, se da siempre, setenta veces siete, se da a quien ni siquiera lo pide y ni siquiera lo merece”.

Por su parte, Enrique Díaz, obispo de Irapuato y titular de la Pastoral Educativa de la CEM, explicó que este convenio busca “abrir un camino concreto para atender algo que nos preocupa: la educación, la violencia, reconciliación queremos un camino de paz y reconciliación que ponga en el centro la lógica del don y de la gratuidad”.

Más vale ahora que nunca

Tanto la petición de perdón del Gobierno a los deudos de la matanza de Acteal, como las ESPRE en todas las diócesis del país, llegan en un tiempo en que a México, sumido en una crisis sanitaria y económica sin precedentes, le urge el perdón, la reconciliación y el acuerdo.

Algunas cifras de los que ha sucedido en los casi dos años de gobierno del Movimiento de Regeneración Nacional, (y las de este año 2020), no dejan sino el ánimo de que el país o se tiende la mano o se hunde sin remedio en el caos más absoluto y en el despertar (que ya es casi un acontecimiento cotidiano) del llamado “México bronco”.

Según la organización mexicana Causa Común, de enero a julio de este año se han llevado a cabo, en el país, 429 masacres, 572 profanaciones de cadáveres, 404 actos de tortura, 365 descuartizamientos, 312 cuerpos calcinados, 217 asesinatos de menores de edad, 66 feminicidios agravados, 49 intentos de linchamiento, 42 casos de esclavitud, 23 asesinatos de políticos, 18 actos de terrorismo, 17 asesinatos de defensores de derechos, 14 linchamientos, 14 mutilaciones, cinco asesinatos de periodistas, cinco violaciones agravadas y cuatro asesinatos de personas con discapacidad.

De diciembre de 2018 a julio de 2020, según el periodista Héctor de Mauleón, en México se han producido 58,000 asesinatos, 99 en promedio cada día. Además, se han contabilizado hasta 27,000 desapariciones. Y, basándose en cifras oficiales, en 2020 “desaparecen” cada día un promedio de 13 personas. Finalmente, entre otras muchas “cifras negras”, los asesinatos en contra de mujeres han crecido a un ritmo del cinco por ciento en dos años.

Carlos Garfias, arzobispo de Morelia y responsable de la articulación de los procesos de paz y reconciliación entre la Iglesia católica mexicana y las instituciones de gobierno, dijo que el convenio entre la CEM y las ESPRE “abre un camino importante para el perdón y la reconciliación en México, un camino para reconstruir a la persona y el tejido social”. Un camino al que a México le urge recorrer.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.