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La despedida del Papa a un “poeta del pueblo”

JULIAN ZINI
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Musiquero que te fuiste por la senda azul del agua, corazón chamamecero que te volviste calandria

El padre Julián Zini falleció este 16 agosto en su Corrientes natal dejando una estela de música que parece salida de los suelos correntinos más que del corazón y la pluma de un compositor. Es que el “pai Zini”, como se le conocía cariñosamente, entrelazaba en sus canciones el afecto a su terruño y sus incomparables sonidos y sabores con los valores familiares y nacionales mediante una innegable impronta cristiana expresada en Fe, esperanza y caridad.

Inmenso cariño popular recibía este chamamecero reconocido más allá de los templos, que llevaba más de 57 años de cura y tenía 80 de vida. Baste con escuchar el mensaje que Marcelo Bielsa, entrenador del Leeds United desde Inglaterra, quien mientras Zini estaba internado le hizo saber: “No le puedo hablar de su condición de sacerdote, pero sí le puedo decir que sus mensajes a través del chamamé me han emocionado, y me han hecho feliz, y me han dado energía”.

Miles se habían acercado a despedirlo en la ciudad de Mercedes durante la última peregrinación de sus restos rumbo al descanso final en el cementerio, pese a la cuarentena, la indicada y la preventiva. Es que el pai Julián, pese al reconocimiento más allá de Corrientes, había marcado sus vidas. Como relató un cantante frente a su féretro, que siendo joven iba caminando y se detuvo ante un hombre que lo atrajo con su música, y era justamente este cura cantor. Fueron dos horas de peregrinación tras el velatorio y la Misa para que el Padre salga, una vez más y por siempre, al encuentro de sus comunidades.

“Lo considero uno de los grandes ‘Poetas del Pueblo’, Creador de canto, de vida, de belleza”, escribió el Papa Francisco, quien recordó los versos de Manuel Machado al decir “Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son. Y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor”. “Así son los cantos del P. Julian; ya son del pueblo, de ese pueblo al cual entregó su vida sacerdotal, de ese pueblo humilde al que sirvió con generosidad de un padre que solo sabe dar vida”, escribió el Santo Padre en una carta leída durante un homenaje que se le realizó y se transmitió en toda la provincia ‘Ñande Julián’. “¡Al P. Julian un ‘Gracias grande como su corazón lo merece’”.

El presidente de Cáritas Argentina monseñor Carlos Tissera se unió al reconocimiento al padre Zinni y puso de manifiesto cómo “sus canciones ayudaron a inculturar la fe cristiana y a celebrarla, según el espíritu del Concilio Vaticano II, a lo largo de su fecunda vida sacerdotal”. “La sabiduría popular era la fuente de inspiración de sus poemas, y la expresaba con el colorido de la música de su pueblo. Los humildes, los pobres y sufrientes, son los protagonistas de sus versos y los destinatarios de sus melodías”.

En su repertorio hay música de esa para escuchar transitando las rutas del litoral, o tomando mate añorando la visita de la familia un domingo de cuarentena. Por poner un solo ejemplo Avío del Alma, melancólico pasaje vivido por cada familia del interior del país: “Va a cambiar el tiempo, me acuerdo decía la abuela. Esa tarde que mamá lloro preparando el bolso, puesto que partía rumbo a Buenos aires mi hermano mayor”.

Pero también son de la pluma e inspiración del pai, colaborando con otros puesto caminaba siempre en conjunto, aquellas que ya se cantan en los templos como si fuesen anónimas, como es el himno eucarístico que clama del alma “Quedate con nosotros Señor, me da miedo tanta oscuridad, no es posible morirse de hambre en esta patria bendita del pan”.

Las biografías sitúan a Julián Zini como el quinto de siete hermanos, criado a orillas del Río Miriñay, antiguo paraje de las reducciones jesuíticas. Ordenado sacerdote en 1963 de manos del Obispo de Goya Alberto Devoto, padre conciliar muy recordado por su pastoral entre los pobres.

En aquella década, el padre Zini integró el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Ya en los 70, comenzó a sumergirse de lleno en la música, particularmente el chamamé. Y el resto fue historia. Composiciones e interpretaciones que lo han llevado incluso a los festivales más populares junto con cantores y grupos, don que compatibilizaba con la labor sacerdotal diocesana.

Pero está lo escrito, que escrito está, lo cantado y registrado, que así quedará, pero también el encuentro de un cura con su pueblo. Así como Solano usaba el violín este se servía de la lengua chamamecerá adornada con acordeón para regalar momentos comunitarios como este:

De los miles de epitafios que podrían salir de su repertorio, acaso esta copla de “Flores del alma” es de las más apropiadas: “Musiquero que te fuiste por la senda azul del agua, corazón chamamecero que te volviste calandria. Aquí estamos tus amigos parados en la barranca, frente al remanso infinito, con estas flores del alma”.

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