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Lo que debemos aprender de la serie “Poco ortodoxa” (“Unorthodox”)

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Anika Molnar/Netflix | Anika Molnar/Netflix
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Seis lecciones que deja la producción de Netflix, revelación de 2020

La serie de Netflix Unorthodox ha sido recibida por el público y la crítica como una de las mejores series de 2020. Nos sumerge en la historia de Esty, joven nacida en el barrio de Williamsburg de Nueva York, que huye de su asfixiante familia judía ultraortodoxa y que después de un trayecto de desapego y ruptura descubre la ebriedad de la libertad en Berlín.

Ha recibido nominaciones al Emmy como mejor miniserie y como mejor protagonista, en reconocimiento al gran trabajo realizado por la actriz israelí Shira Haas. 

Dado que se basa en hechos reales, a partir de las memorias de Deborah Feldman, más de algún espectador superficial, católico o no, podría pensar que esta miniserie de cuatro capítulos circunscribe su denuncia al ambiente claustrofóbico y cerrado al mundo real que puede ser vivir en una comunidad de este tipo.

En realidad, la comunidad de Williamsburg de Brooklyn, en Nueva York, se convierte, gracias a esta serie, en un espacio profundamente humano, sumamente útil para aprender lecciones que afectan a nuestros mundos geográficos, culturales y religiosos. 

Cuando a lo largo de nuestra historia, católicos o no católicos, no hemos aprendido estas lecciones, hemos impuesto una carga vital terrible a otras personas. Aprendamos estas lecciones para no repetir los mismos errores.

 

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Anika Molnar/Netflix

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El peligro de toda comunidad o familia

La comunidad, como la propia familia, son necesarias. Pueden permitir ese ambiente de protección, de respeto, que permite a cada persona ser ella misma, sentirse amado y reconocido no por lo que tiene, sino por lo que es. 

El caso de la comunidad hasídica de Williamsburg es paradigmático. Se trata de un caso único. Buena parte de sus 57.000 miembros son descendientes de judíos europeos sobrevivientes del Holocausto. Allí, en Brooklyn, en los años cuarenta del siglo pasado, no sólo recuperaron la vida, sino la posibilidad de edificar un futuro en comunidad. Se entiende así el instinto de protección generado por sus miembros ante el mundo exterior. 

Toda familia, toda comunidad, especialmente si es religiosa, tiene el mismo peligro. Al encontrar en su seno protección y respeto, corre el peligro de cortar a sus miembros el contacto con el mundo exterior. El peligro consiste en convertirse en una especie de secta. De hecho, etimológicamente la palabra “secta”, que procede del verbo latino “secare” significa ni más ni menos que cortar, separar, desgajar… 

La familia, la comunidad, es el espacio de protección y respeto, pero toda comunidad y familia puede convertirse en una especie de secta, si no se encuentra la justa armonía y relación con el resto de la sociedad. La comunidad no está por encima de la persona, sino al servicio de la persona. O como diría Jesús, “El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Cf. Marcos 2, 27). La comunidad protege, pero no puede ahogar. La comunidad es una unión de vivencias colectiva, pero no puede anular la individualidad. La comunidad se basa en vínculos de distinta índole, pero no puede olvidar el valor de la libertad. 

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El Dios de los “nuestros”

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Anika Molnar/Netflix

En la serie, rabinos y familiares presentan otro gran peligro que acecha continuamente a todo pastor religioso o todo simple creyente: si la comunidad es el espacio de protección y de bien, entonces necesariamente Dios está del lado de la comunidad. Esto significa, que desobedecer a las leyes y órdenes de los responsables, en particular los religiosos, se convierte en desobediencia al mismo Dios. Dios está de parte de la comunidad.

Este argumento ha servido para justificar muchos abusos de conciencia en el pasado. Se basa en una manipulación atroz: Dios está sólo con aquellos que están de acuerdo con nosotros: ya sea a nivel religioso, político o social…  No olvidemos el eslogan prusiano Gott mit uns (Dios con nosotros) o el Nobiscum Deus (Dios con nosotros) que han enarbolado soldados de distintas épocas. 

Dios es Padre de todos los hombres y mujeres, y su amor abraza por igual a cada persona. Este fue uno de los grandes motivos de escándalo de Jesús entre los judíos, que no comprendían su apertura a los samaritanos o a los romanos….

Anika Molnar/Netflix

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El fin no justifica los medios

De aquí se desprende la lección más evidente que surge de “Unorthodox”: el fin no puede justificar los medios. Está claro que los rabinos, los familiares de Esty al oprimirla en un ambiente lleno de obligaciones buscan su bien. Lo hacen porque piensan que es lo justo, lo bueno.

Ahora bien, cuando a la persona se le priva de su propia libertad, imponiéndole decisiones fundamentales de vida, entonces ya no se está educando a la persona, sino violando su propia libertad.

Nos encontramos ante el misterio de la libertad del ser humano, que aparece ya de manera evidente en el Génesis con la narración del pecado original. El bien de la comunidad no puede implicar el abuso de la libertad de sus individuos.

Anika Molnar/Netflix

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Los “otros” no son el mal

La serie también nos hace reflexionar sobre la alteridad. Los otros, desde un punto de vista cristiano, el prójimo, no son el enemigo. Y los enemigos, también desde un punto de vista cristiano, no están ahí para fastidiar sino que son un colectivo a tener en cuenta para amar. ¡Difícil? Casi imposible, humanamente. La alteridad y la diferencia son también parte de la humanidad. Dios no hizo al mundo judío, o católico, o ateo, o sij.

La coexistencia de maneras de entender el mundo es una riqueza, no sólo una realidad. En la serie, los otros son los que no forman parte del entramado de la comunidad, y por tanto están equivocados. No se puede hacer nada, con los otros. El mundo se circunscribe a “nuestro mundo”. El viaje de Esty también es un trayecto hacia el “otro”, en general y en concreto.

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Anika Molnar/Netflix

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El perdón como condición de posibilidad para vivir... y dejar vivir

La crítica no ha hecho hincapié en la presencia del perdón (o no perdón) en la serie. Esty tiene que perdonar primero a su madre, que la abandonó. Y no le resulta comprensible, ni aceptable. También se encuentra con el perdón y aceptación hacia su padre, un pobre hombre borracho y desvalido que a pesar de todo sigue en la comunidad.

El perdón hacia su marido es quizá el más interesante. Logra entender su lógica, pero no puede resignarse a perder su vida para seguir unas normas que no comparte y que él encarna. El marido intenta ganarse a Esty con hechos concretos, y va haciendo internamente un proceso muy interesante de empatía, aunque no lo logre del todo.

Anika Molnar/Netflix

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Empatía: clave del éxito de la serie

Finalmente, esta serie tiene un ingrediente muy adictivo, que es la identificación que hacemos con los personajes. Empáticos con las ansias de libertad de Esty en algún momento, también somos al mismo tiempo su primo que juega a ser de la comunidad a su manera, o somos su abuela piadosa que todo lo perdona por un supuesto bien mayor, o somos los amigos de Berlín que juzgamos desde ideologías preconcebidas a los otros y los juzgamos por sus prácticas que nos parecen raras o desfasadas.

La vida son fases, y la serie nos plantea también quién somos o quién queremos ser en la vida, sin el cojín acogedor que protege, o el salvavidas que permite nadar a alguien y no ahogarse en su pasado.

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