Aleteia

La extraordinaria redención del protagonista de “Atrápame si puedes”

ABAGNALE JR
Talks at Google | DreamWorks Pictures
Comparte

El verdadero Abaganale Jr y lo sublime de ser un buen esposo y padre

En “Catch me if you can” Leonardo Di Caprio interpreta a Frank Abagnale Jr., un joven americano que antes de los 20 había logrado estafar a bancos y empresas por millones de dólares, e incluso hacerse pasar por piloto de avión, médico, y abogado.

Más allá de las licencias narrativas del director Steven Spielberg, aún las más hilarantes circunstancias que narra la película están basadas en hechos reales. Y algunas de las personales que las motivan también. Pero la historia de redención del verdadero Abganale Jr. es tan sorprendente como los vericuetos que encontraba para vivir como un rey mintiendo sobre su identidad.

El joven Frank, el real, asistía al colegio de los Hermanos Cristianos desde el jardín de infantes. Tenía 16 años cuando un hermano llegó hasta su clase en el medio de su jornada para llevarlo a un lugar en el que sus padres le explicarían una situación. El destino era la Corte de Familia, donde se enteró, con ellos y un juez, que sus padres se estarían divorciando.

Y como él ya tenía 16 años, leyó el juez sin siquiera mirarlo a la cara, debía elegir con quién de los dos seguiría viviendo. Salió corriendo, llorando. Frank volvió a ver su madre 7 años después. No volvió a ver su padre.

En una charla del ciclo Google Talks que ya lleva más de 7 millones de visualizaciones expresó:

“Cuando tenía 16 años era sólo un niño. Todos los que tienen 16 años lo son. Por más que quisiéramos que sean adultos, son solo niños. Y como todos los niños, necesitan a su madre, y necesitan a su padre. Todos los niños necesitan a su madre y a su padre. Y todos los niños tienen derecho a su madre y a su padre. Y aunque no es popular decirlo, el divorcio es una cosa devastadora para que un niño lidie con ella y tenga que hacerlo el resto de su vida natural. En mi caso, un completo extraño, un juez, me dijo que tenía que elegir entre un padre u otro. Esa era una opción que un chico de 16 años no podía hacer. Entonces corrí. ¿Cómo pueden decir que mi vida fue glamorosa? Lloré antes de dormir hasta que tuve 19 años. Pasé cada cumpleaños, cada Navidad, cada Día de la Madre, cada día del Padre en una habitación de hotel con gente que hablaba una lengua que yo no hablaba”.

Las aventuras del adolescente Abagnale narradas en el filme e incluso musical de teatro haciéndose pasar por alguien 10 años mayor son en su mayoría reales. Pero se acabaron cuando fue detenido en Francia, condenado y extraditado a su país. A los 26 años, le ofrecieron cumplir con la condena en libertad colaborando con el gobierno en la prevención de fraudes.

Colaborando con el FBI, conoció a su esposa, con la que tuvo tres hijos. Hasta la película, había vivido prácticamente sin que sus vecinos supieran absolutamente nada de su pasado. Le gustaba de esa manera, pero como explicó en Google, lo convenció el que Spielberg buscaba hacer la película no por lo que Abagnale Jr. había hecho sino por la faceta redentora de su historia.

Ni brillante ni un genio. Un niño.

Desde entonces, recibe mensajes a diario de todo el mundo. “Algunos dicen: ‘eras brillante. Un genio’. Ni una ni otra. Era un niño. Si hubiese sido brillante, si hubiese sido un genio, no sé si hubiese creído necesario romper la ley para simplemente sobrevivir. Y aunque entiendo que la gente esté fascinada por lo que hice hace 50 años como un adolescente, siempre recuerdo lo que hice como algo inmoral, ilegal, no ético. Y una carga con la que vivo literalmente cada día de mi vida, y lo haré hasta que me muera”.

El verdadero don 

Abagnale sí concede un elogio que le hacen frecuentemente. Le suelen decir que es un dotado. “Ciertamente lo soy. Era uno de esos niños que creció en el mundo con un ‘Papi’. El mundo está lleno de padres. Pero pocos merecen ser llamados ‘papi’ por sus hijos. Tuve un papá que amó a sus hijos más de lo que se amaba a sí mismo”, recuerda, y completa: “Todas las noches, él entraba a nuestro cuarto, era alto, apoyaba una rodilla, nos besaba en la mejilla, nos cubría con la manta, y con los labios junto a la oreja suspiraba un ‘te amo, te amo mucho’. Nunca dejaba de hacerlo”.

Frank padre falleció trágicamente cuando Frank hijo estaba en prisión, soñando con verlo, abrazarlo, besarlo, y decirle cuan arrepentido estaba. No pudo. “Mis hijos crecieron preguntándole a su madre por qué papá se levanta en el medio de la noche y va hasta el cuarto de la televisión, sin encenderla, y se sienta allí toda la noche. Eso es porque hay cosas que no puedes olvidar, cosas que no estás destinado a olvidar”.

Una nueva oportunidad

Pero Abagnale Jr. tuvo una nueva oportunidad. “Soy muy afortunado porque fui criado en un gran país donde todos recibimos una segunda oportunidad. Le debo a mi país 800 veces más de lo que jamás voy a poder repagar. Y por eso sigo en el FBI 32 años después de que la Corte Federal hizo expirar mi obligación de colaborar”. Además, rechazó tres indultos presidenciales, de tres presidentes distintos, porque no cree ni creerá “que un papel excusará las acciones, y solo lo harán las acciones”.

El motor del cambio

Conoció a su esposa en una misión encubierta del FBI. Cuando concluyó la misión, rompió el protocolo, y le reveló su identidad. Se casó con ella.

“Ahora puedo pararme aquí y decirles que yo nací de vuelta. Vi la luz, la prisión me rehabilitó. Pero la verdad es que Dios me dio una esposa, ella me dio tres bellísimos hijos, me dio una familia. Y cambió mi vida, ella sola. Todo lo que tengo, todo lo que conseguí, lo que soy hoy es debido al amor de una mujer. Y el respeto que tres hijos tienen por su padre es algo que nunca voy a arriesgar”.

Ser un hombre, para este exestafador que vivió una vida de película, “no tiene nada que ver con el dinero, con los logros, con los títulos, con las profesiones, con las posiciones. Un hombre de verdad ama a su esposa. Es fiel a su esposa. Y los hombres de verdad, junto a Dios y su país, tienen a su esposa y a sus hijos como lo más importante en su vida. Steven Spielberg hizo una película maravillosa. Pero no hice nada más grande, más gratificante, nada que haya valido tanto la pena y me haya traído tanta paz, gozo, alegría, contenido, que simplemente ser un buen esposo, un buen padre, y esforzarme cada día en ser un gran ‘papi’”.

Ver charla completa (en inglés):

 

 

 

 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.