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Chile, el país que combate la pandemia en medio de una fuerte tensión social

CHILE
MARTIN BERNETTI | AFP
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Una de las economías más desarrolladas de Latinoamérica enfrenta hoy una inmensa fractura y polarización. ¿Será posible la invitación de la Iglesia de dialogar y avanzar?

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“En el mes de abril la empresa donde trabajaba se acogió a la ley de protección del empleo, donde recibí el 70% de mi sueldo y mi empleador continúa pagando las cotizaciones de salud y de pensión. Sin embargo, con ese monto no cubro los las necesidades de mi familia. Tuve que vender todo lo que tenía, cambiarme de casa a una más pequeña en otro lugar de Santiago”.

La historia de Gonzalo Salinas se repite en miles de chilenos que han sido golpeados por la censantía debido a la pandemia, y como consecuencia no cumplen con los requisitos establecidos por el gobierno para entregar subsidios o ayuda del Estado.

Lo anterior llevó a nuevas manifestaciones violentas en los sectores populares de Santiago como también quemas de buses en el transporte público; porque la llamada clase media no cuenta con ningún tipo de ayuda estatal y  caen en una situación de vulnerabilidad como la de Gonzalo; las propuestas presentadas por el gobierno para ir en ayuda de estas familias no convencen por contener una gran cantidad de requisitos y ser muy focalizadas.

Por eso en las últimas semanas tomó fuerza y apoyo el proyecto de ley de retirar para retirar el 10% de los fondos de pensiones de los chilenos; los cuales son de carácater individual y propio, el que se hace efectivo sólo al momento de jubilarse; de esta manera miles de chilenos podrían acceder sin ningún requisito a este porcentaje ahorrado según el salario y los años cotizados en el sistema de Administardores de Fondos de Pensiones (AFP).

Sin embargo, entregando pensiones de $120.000 (US150) denominado pilar solidario; monto que es mucho menor al sueldo mínimo y que hace imposible vivir.

 

 

Todo lo anterior refleja la tensión que existe entre las necesidades de hoy (alimentación, arriendo, etc) y por el otro lo que necesitará la población en el futuro cuando se jubile. Cabe señalar que la pensión mínima es de $120.000 pesos chilenos, unos US150 dólares; lo que hace imposible vivir; por eso desde hace casi 6 años que se discute por modificaciones profundas al sistema; sin llegar acuerdos mínimos.

Sin embargo, el problema de las bajas pensiones se arrastra desde comienzos del nuevo siglo; y los obispos de Chile en el año 2012 decían “en la actualidad hemos confundido el concepto de persona con el concepto de individuo. El individuo como concepto refiere a un ser separado de los demás”.

Chile con una de las economías más desarrolladas de Latinoamérica enfrenta hoy una inmensa fractura y polarización. “Uno puede ver ese distanciamiento cuando el 15 de noviembre del año pasado la élite política cerraba un acuerdo para llamar a una nueva Constitución; y ese mismo día los recolectores de basura deponían una posible huelga porque se les seguró condiciones de trabajo que se enmarcaban en el siglo XIX y no del siglo XX”, reflexiona Guillermo Perez, investigador de Institutos de Estudios de la Sociedad (IES).

El miércoles recién pasado fue aprobado, en primera instancia, en la Cámara de Diputados el proyecto de retiro del 10%; se escucharon aplausos y bocinas en diversos sectores de Santiago; este miércoles se votará en el Senado, donde seguramente será aprobado; sin embargo la falta de diálogo y desconfianza es grande, como también la incertidumbre.

Por eso, la homilía del arzobispo de Santiago, monseñor Celestino Aós, que realizó en la celebración de la Virgen del Carmen, tuvo una cobertura por parte de los medios de comunicación como hacía mucho tiempo no se veía:

“Es hora de preparar el futuro, de deponer intereses personales y sectoriales, de dialogar. Sólo unidos superaremos las injusticias y nos levantaremos de esta crisis. Es hora de sembrar lo que queremos cosechar; es hora de pensar, de programar, de poner en manos de Dios nuestros ideales y planes. ¿Estamos aprendiendo o dejaremos que el futuro nos sorprenda porque somos superficiales y egoístas? Seguimos siendo testigos de descalificaciones e insultos; nos sigue doliendo constatar que se busquen los intereses de un partido o grupo en vez de dialogar para encontrar la mejor solución para el bien común».

Existe una cierta tensión social que por el confinamiento a raíz del coronavirus se encuentra de alguna manera contenida; pero ¿qué pasará cuándo comience el desconfinamiento? ¿La élite política será capaz de aceptar la invitación del Arzobispo de Santiago de dialogar y avanzar?

 

 

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