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La historia poco conocida de “Juancito” López, DT campeón del mundo en Maracaná

MARACANA
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A 70 años de una de las mayores gestas deportivas de la Historia, la humildad de Juan López Fontana, un hombre de fe que nunca ocultó su amor a la Virgen y hasta “catequista” después de los partidos de fútbol

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“Solo tres personas fuimos capaces de silenciar el Maracaná: el Papa, Sinatra y yo”.

La célebre frase corresponde al exfutbolista uruguayo Alcides Ghiggia, tal vez una de las figuras más conocidas de la historia de la mítica final de la Copa del Mundo de 1950 disputada un 16 de julio en el estadio de Maracaná (Río de Janeiro, Brasil).

Lo acontecido aquel día –muchas veces recordado, en especial entre uruguayos y brasileños-  se ha transformado un verdadero hito en la historia de los mundiales, gesta deportiva que tiene ecos hasta el día de hoy.

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Ghiggia  –curiosamente fallecido también un 16 de julio, pero de 2015- fue el autor del segundo gol (79’) del partido, el sublime tanto que sellara el triunfo ante Brasil –anfitrión y favorito indiscutido- y dejando a las casi 200.000 almas que habían en las tribunas totalmente sin palabras.  “El Maracanazo”, como se lo recuerda, se hacía inmortal.

Uruguay se convertía de esa manera en campeón del mundo una vez más (antes había sido en 1930, pero en este país sudamericano se sostiene que era la cuarta vez considerando los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928 reconocidos por la FIFA como campeonatos del mundo).

Es ahí donde cobra fuerza aquella expresión en la que Ghiggia dice haber sido uno de los pocos en silenciar al Maracaná, poniendo también el ejemplo del papa Juan Pablo II (estuvo en ese lugar en dos ocasiones -1980 y 1987-  oficiando misas campales) y al legendario cantante estadounidense Frank Sinatra, quien también ofreció un concierto en 1980 ante 170.000 personas.

 

 

“Juancito López”, el campeón “catequista”

Este 16 de julio de 2020 se cumplen 70 años de aquella hazaña, pero detrás de “las luces y la gloria” de Maracaná se esconde también “humildemente” la figura de un hombre cuya historia ha quedado un tanto relegada. Se trata de Juan López Fontana, más conocido como “Juancito”, el director técnico de Uruguay campeón del Mundo en 1950.

“El mejor de todos nosotros, somos todos nosotros”, se dice que afirmó López en la boca del túnel de Maracaná, recuerda el libro “Desde la matriz: 400 años de presencia y servicio de la Iglesia en Uruguay” (2018).

«Juancito» López, el de azul 
LOPEZ FONTANA
Bildbyrån-AIK-Fotboll-CC-BY-SA-4.0

 

Más allá de algún perfil u anécdota que hace referencia a su deseo de jugar una final a la “defensiva”, detrás de este hombre aparece una bonita historia de fe y muy vinculada a los salesianos de Don Bosco.

Así lo confirma en diálogo con Aleteia el sacerdote salesiano Gabriel Barillari, expárroco de María Auxiliadora-Talleres Don Bosco (Montevideo, Uruguay), quien lo llegó a conocer y afirmar que “Juancito” cuando era de niño, junto a su hermano mellizo, frecuentaba el oratorio festivo y que fue un hombre cercano a la Iglesia hasta el final de sus días.

Nacido el 5 de marzo de 1908, «Juancito» antes de DT había sido profesor de educación física. Luego, ya vinculado al fútbol, llegó a entrenador de la selección uruguaya, con la cual también lograría un cuarto puesto en el mundial de Suiza de 1954.

Barillari recuerda que López Fontana “tenía un gran reconocimiento por los salesianos que lo habían educado en la fe”.

“Siendo seminarista lo conocí varias veces, lo saludé en el patio porque él se solazaba mirando a los chiquilines (niños) jugando al fútbol. Él venía los viernes a misa, pasaba por el patio y subía a la enfermería para saludar a los salesianos viejos que lo habían conocido”, agrega Barillari.

Precisamente, uno de esos educadores fue el padre Luis Testa, a quien recordaba de esta manera en una entrevista que una vez le realizaron y que recoge el libro “Desde la matriz: 400 años de la presencia y servicio de la Iglesia en el Uruguay” (2018):

“Testa fue un gran educador, porque comprendió que el deporte es un complemento del trabajo, del estudio y de la religión… Yo anduve bastante en el deporte. Me tocó asumir responsabilidades muy grandes, estar al frente de delegaciones que viajaban al exterior. Y siempre traté de utilizar la doctrina que me había enseñado el P. Testa. Tenía una sabiduría fantástica. Nos enseñaba a ser generosos con los hermanos, a pensar en el dolor de los otros antes que el nuestro. Se fijaba mucho en los más pobres y ayudaba. Nosotros éramos pobres. Él me eligió para que fuera catequista después de los partidos de fútbol. Yo enseñaba algunas oraciones; son las mismas que me siguen acompañando hasta ahora a mis 70 años”.

Luego de la final de Maracaná, tras la obtención del título, lo primero que hizo “Juancito” al día siguiente de arribar a Uruguay fue ir a agradecerle a María Auxiliadora el campeonato que habían ganado los uruguayos.

López Fontana también llegó a ser técnico del club Atlético Peñarol de (1953-1954) y tras su retiro de Uruguay alcanzó a dirigir a la selección ecuatoriana de fútbol (1950-1960).

Hoy “Juancito” (fallecido el 4 de octubre de 1983) tal vez no sea uno de los más recordados de aquella selección campeona del mundo, donde suenan con fuerza los nombres de Ghiggia, Obdulio Varela (recordado capitán), Juan Alberto Schiaffino (autor del primer gol contra Brasil) o del portero Roque Gastón Máspoli, pero su historia alguna vez había que contarla, pues su espíritu deportivo y testimonio de fe perdura e inspira.

 

 

 

 

 

 

 

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