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Las misteriosas Cadenas del Socorro: una historia que no se debe contar

EL BAUL

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Macky Arenas - publicado el 08/07/20

Nadie sabe cómo llegaron a un pequeño pueblito de Venezuela, pero allí están, espectrales y poderosas

Desafiando el paso de los siglos, su historia la rodea un misterio jamás descifrado. ¿Qué hacen unas cadenas tan gruesas, imposibles de mover y sin rastro de señales que indiquen cómo fue que se engancharon sus eslabones uno al otro?

Son conocidas como las cadenas del Socorro o cadenas de El Baúl, un recóndito pueblito en el estado Cojedes donde están abandonadas. Fue un Pueblo de Misión, fundado el 1 de mayo de 1744 por el padre capuchino fray Pedro José Villanueva. Lo bautizaron como San Miguel Arcángel de la Boca del río Tinaco, por su ubicación en la desembocadura del río del mismo nombre.

La localidad tuvo una importante presencia indígena en los primeros tiempos. Sufrió un par de olas de fiebre amarilla y sus tierras son ricas en ganadería y agricultura. Un detalle curioso es el origen de su nombre, El Baúl, atribuido a distintas teorías, siendo la más aceptada la de su geografía, ya que está rodeado de grandes cerros y ríos. El pueblo está atravesado por ríos navegables, el Río Cojedes y el Río Tinaco.

Las cadenas están a lo largo de una vereda, alineadas como si alguien las hubiera colocado en línea recta y del lado derecho de la carretera. No se sabe por qué están ahí, ni quién ni cómo las arrastró hacia el lugar, pero la imaginería popular ha tejido diversas hipótesis.

EL BAUL
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Extrañas casualidades

Lo primero que llama la atención es el parecido de las famosas cadenas con las que llevaba el ancla del no menos célebre buque Titanic. Otros dicen que fueron traídas al lugar por los propietarios del hato El Socorro, al que las cadenas deben su nombre. El hato fue fundado en 1754 y se ha determinado que esos tétricos eslabones llevan allí miles de años, lo que hace que la versión no cuadre. También se ha pensado que las cadenas formaban parte de las pertenencias de los barcos que atracaban en el puerto del río Baúl, pero la pregunta es obvia: qué hacían tan lejos y cómo pudieron ser transportadas?

Hay un relato más “terrenal”, que las asocia a las antiguas prácticas del agro. Las cadenas eran sujetas a dos por cada punta y arrastradas para deforestar. Así que quienes, más realistas, conjuran las creencias mágicas, cuentan otra historia basada en los años de progreso y de crecimiento de la ganadería venezolana en la década de los 50 y 60. Esas cadenas fueron empleadas – aseguran- para deforestación con maquinaria pesada cuando se fundaron los potreros del hato El Socorro. La cadena se enganchaba a varios tractores Caterpillars y, literalmente, se arrancaba toda la vegetación que se encontraba en el área cubierta con gran eficiencia. Todo esto procede de las explicaciones y anécdotas de muchos pobladores.

El famoso hato El Socorro fue invadido en el año 2011, en una acción arbitraria que los propietarios y trabajadores calificaron como un «secuestro ilegal e inconstitucional”. Antes modelo de sustentabilidad agrícola hoy, lamentablemente, ocupado e improductivo , lo que ha representado un duro golpe contra la Seguridad Agroalimentaria del país.

Otra historia, colindante con la leyenda, proclama que las poderosas cadenas fueron portadas por Titanes, los míticos gigantones de la mitología griega, la raza de poderosas deidades que gobernaron durante la legendaria edad de oro.

Lo cierto es que nadie ha podido establecer una teoría válida ni explicar las rarezas que rodean el misterioso caso. Las cadenas, hoy salen de la vía y se internan o “se pierden en el monte», como señalan los vecinos del lugar, llevándose a la espesura su oscuro secreto.

La leyenda vino en un cajón de madera

Cuenta la leyenda, difundida de tanto en tanto por los diarios locales, que una expedición de los conquistadores españoles por el año 1740, encontró en los cerros de esa región un inmenso cajón de madera con dos cadenas colosales. Los conquistadores pernoctaron una noche guarnecidos dentro del cajón y con las bestias amarradas a las cadenas. Al día siguiente continuaron la marcha y llegaron a la confluencia de dos ríos donde vivía una comunidad indígena.

Allí se quedó un sacerdote con algunos españoles y el resto continuó hacia el sur. El sacerdote fundó un pueblo católico y para construir las primeras casas utilizaron la madera de aquel gran cajón o baúl que estaba con las dos cadenas. El nuevo pueblo se llamó “La Misión de San Miguel del Baúl” y con el transcurrir del tiempo el nombre quedó reducido a El Baúl solamente. Hoy en día sólo quedan las dos cadenas y esta leyenda que forma parte del folclore llanero.

Cada eslabón pesa 70 kilos y está hecho de acero macizo, sin empates o soldaduras visibles, lo que hace que la leyenda crezca y atraiga a muchos que por curiosidad quieren conocer las cadenas.

Las cadenas tienen su ánima

Dicen los lugareños que son mágicas y que aquél que consiga colocar su cabeza en un eslabón verá su deseo cumplido. Se dice que “las cadenas son milagrosas y para conceder un deseo hay que levantar el primer eslabón lo más que se pueda; luego, la persona debe arrodillarse y pegar su frente en cada uno de los eslabones que logró mover cuando alzó el primero. A cada eslabón le pide un deseo mientras tiene la frente pegada de él. El ánima de la cadena le concederá uno solo de los deseos, «siempre y cuando el peticionario se convierta en un fervoroso defensor de las cadenas de El Baúl”, tal y como recoge la crónica del diario El Cojedeño.

Las creencias populares abundan en torno a estas extrañas cadenas.

Hay otros que aseguran haber visto un gigantesco perro atado a ellas. Y no falta el que jure y perjure que las ha escuchado moverse a rastras.

María Ramos, oriunda del estado Cojedes, colocó en su perfil de tuiter: “Mi mamá, de niña, nos llevó. Pasamos por ahí cuando tenía unos 8 años y el cuento era: ‘Pórtate bien, mira que esas son las cadenas que arrastran las ánimas del purgatorio y el Silbón’ … imaginen la cara de espanto que tenía y además el horror, ni siquiera de acercarme!”. El Silbón es un espectro de la llanura al que todos temen y respetan, no vaya a ser que se lo tropiecen en algún pasito de luna.

¡No lo cuentes!

Esas dos enormes cadenas atraen la atención y despiertan la curiosidad de quienes transitan por estas tierras llanera y tienen su duende, el que les protege la leyenda y la tradición de quienes pretenden desdibujarla con razonamientos más realistas.

“Sobre el origen de las cadenas se escuchan diversas leyendas… pero dicen igualmente, esas leyendas, que quienes saben la verdad sobre las cadenas no la puede contar, porque les cae “la maldición de las ánimas de las cadenas” con todo su peso, y vivirán la eternidad encadenados con grillos en sus pies”, puntualiza Freddy Escalona Rangel, cronista de leyendas e historia de nuestros llanos.

El gran novelista costumbrista venezolano, el escritor Don Rómulo Gallegos, acuñó una frase que bien puede servir como prudente consejo, un por si acaso a los que se aventuran por la zona: “No aceptes nunca como compañero de viaje a quien no conozcas como a tus manos”

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