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México es un gran cementerio bajo la luna

MEXICO
MARIO ARMAS / AFP
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Irapuato (Guanajuato) es su metáfora de sangre. Matan a 26 jóvenes en un centro de rehabilitación de drogradictos

Antes de emigrar a Brasil, el escritor católico francés Georges Bernanos vivió con su familia en los tiempos de la Guerra Civil española en la isla de Mallorca. Ahí fue testigo de los horrores de la violencia fratricida y escribió un texto de denuncia cuyo título bien se puede endilgar al México actual: *Los cementerios bajo la Luna.*

Un grupo de hombres armados irrumpieron el pasado miércoles 1 de julio en una casa adaptada como centro de rehabilitación de drogadictos (sin registro oficial) en la comunidad de Jardines de Aranda (Irapuato, en el Estado central de Guanajuato), acostaron a quienes se encontraban ahí y, como si fueran objetos, les dispararon a mansalva. Mataron a 26 e hirieron a cinco más. Como llegaron, se fueron.

Se trata del mayor número de personas asesinadas en México un solo acto (de los que se conocen) en 2020. El año más mortífero de la historia reciente. Los cuerpos presentaban impactos de bala de AK-47, el fusil de asalto con el que los grupos de la delincuencia realizan sus crímenes.

Guanajuato, de ser uno de los estados más prósperos y pacíficos del país, ha pasado a convertirse en una pesadilla de violencia. El eje Celaya-Irapuato-Salamanca-León presencia, supuestamente, la lucha entre cárteles por el robo de gasolina y el trasiego de droga.

El epicentro de esta lucha es la refinería petrolera de la ciudad de Salamanca. El nombre que más suena es el del Cártel de Santa Rosa de Lima, dedicado al robo y la venta de combustible. Y el cada vez más influyente Cártel Jalisco Nueva Generación.

Irapuato: de las fresas a las fosas

Conocido a nivel nacional por su agroindustria, especialmente la producción de fresas, Irapuato ha pasado, en los últimos años, a ser una de las cinco ciudades más violentas del mundo (mayores a trescientos mil habitantes) con 80.74 homicidios violentos por cada cien mil habitantes.

Antes, Irapuato ha visto cómo los anexos se estaban convirtiendo en una fosa común. El 6 del mismo mes de junio, fueron diez los jóvenes asesinados, quienes se encontraban en un presunto proceso de
rehabilitación, en el centro “Empezando una Nueva Vida” de la colonia 24 de Diciembre. De hecho, nadie ha sido consignado.

Solo las madres de las víctimas saben su nombre. Y solo ellas lloran a quienes, en el lenguaje oficioso, fueron parte de un “ajuste de cuentas”, entre bandas delictivas.

Con los jóvenes en proceso de rehabilitación, en Guanajuato los delincuentes se han cebado con los elementos del orden: al cierre del primer semestre de 2020, se habían cobrado la vida de 51 policías. Tan solo en la ciudad de Celaya –otro centro agroindustrial de primer orden en el país—los criminales han dado muerte a 16 policías.

Mientras tanto la violencia se cobra la vida de diez personas al día en esta entidad, cuna de la Independencia de México y, tristemente, el Estado más católico de México junto con el de Jalisco (en el último censo, Guanajuato tenía ciudades como Romita en la que 97 de cada cien habitantes se declaran católicos).

Una metáfora de México

El del miércoles 1 de julio los sicarios llegaron en furgonetas hasta el sitio que se hacía llamar “Recuperando mi vida”, un lugar de desintoxicación que no contaba con licencia de funcionamiento y que cobraba a cada joven ahí internado 400 pesos (18 euros) por mes por reunirlos, darles pláticas y buscar su rehabilitación.

Terminando una de esas reuniones que tenían por la tarde, los vecinos vieron cómo una furgoneta roja se estacionaba al frente del sitio. Entraron sujetos armados, apilaron en el piso a los 31 jóvenes que ahí se encontraban.

Y le dispararon a quemarropa con fusiles de asalto, de los que se usan en la guerra. Y es que esto es una guerra civil. México ve cómo crecen los homicidios: hasta 80 por día.

Los centros de rehabilitación se han convertido en el blanco perfecto de los sicarios contratados por los Cárteles. Según los especialistas en la lucha contra las drogas, los asesinatos ocurren ya porque los jóvenes se “salieron” del grupo delictivo o ya porque sirvieron de “amedrentamiento” o “mensaje” de otro grupo delictivo que quisiera incorporarlos a sus filas.

O porque el centro (la mayoría opera sin permiso oficial en Guanajuato) es una fachada y, en realidad, es una “casa de seguridad” de los cárteles, en donde mantienen a sus secuestrados o fichan jóvenes para matar a sus enemigos…

Irapuato y Guanajuato se han convertido en una metáfora de lo que está sucediendo en buena parte del país norteamericano, asolado por el narcotráfico y el crimen organizado. México se ha convertido en un gran cementerio bajo la luna.

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