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¿La legalidad de los suicidios asistidos aumenta los suicidios en general?

DEPRESSION
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Algunos expertos hablan de efecto contagio, mientras que la academia y el sistema médico ignoran el vínculo

En lo referente al suicidio, ¿han adoptado una contradicción las democracias occidentales modernas? Por un lado, lamentamos el hecho de que la tasa de suicidio haya aumentado considerablemente en los últimos años. Por otro, cada vez más segmentos de la sociedad aceptan el suicidio en un ámbito particular de la vida.

Wesley J. Smith desafió a la academia y al mundo médico poniendo de manifiesto esta contradicción en un artículo reciente en el medio National Review Online.

“Casi nunca falla. Un docto artículo en un diario de medicina o bioética lamenta nuestra crisis de suicidios e insta a redoblar los esfuerzos en prevención”, escribió Smith. “Y al mismo tiempo, de algún modo los autores no mencionan ni una vez al elefante en la habitación, es decir, el impacto de la promoción ubicua del suicidio por activistas de la ‘muerte digna’, fomentado por comentaristas de medios de comunicación, en publicaciones de cultura popular, e impulsado también por los políticos”.

En un artículo publicado en la revista Jama Psychiatry de la American Medical Association, un equipo de investigadores liderado por Joshua A. Gordon, doctor en medicina y director del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH), habló sobre “aplanar la curva” de la tasa de suicidios en Estados Unidos. Sin embargo, Smith reprochó que “no menciona ni una vez el suicidio asistido como contribuyente al problema”.

“Fingir que las muertes por suicidio asistido no son ‘suicidio’, como requiere la mayoría de leyes, no hace que dejen de ser suicidios”, comentó Smith, “y simplemente barre ese aspecto de nuestra crisis debajo de la alfombra”.

Gordon, a través de un portavoz del NIMH, rechazó hacer comentarios.

Pero ¿qué estudio existe que muestre una correlación entre el suicidio asistido médicamente y el suicidio en general? ¿El primero influye sobre el segundo?

“Precisamente hoy hablé con una mujer que quería el suicidio asistido”, comentó Alex Schadenberg, director ejecutivo de la Coalición de Prevención de la Eutanasia, en unas declaraciones a este medio a principios de junio. “Estaba enferma, deprimida y sola, y decía que no podía continuar viviendo más. Quería el suicidio, pero dijo que no tenía el valor para quitarse ella misma la vida, así que estaba pensando en solicitar el suicidio asistido. El vínculo puede verse claramente”.

Schadenberg y otros señalaron a un artículo de 2015 del diario de la Southern Medical Association en el que los autores David Albert Jones y David Paton lamentaban que “un ámbito político que ha recibido una sorprendente falta de atención sea la causa de cambios en el código legal en referencia al suicidio mismo”. 

Jones y Paton pasaban a demostrar cómo descubrieron que la legalización del suicidio asistido por médicos (SAM) en Estados Unidos se asoció a un incremento del 6,3 % en los suicidios totales, incluyendo los suicidios asistidos.

“La legalización del SAM se ha asociado con un incremento de la tasa de suicidios totales en relación con otros Estados y con una no reducción de los suicidios no asistidos”, escribieron los autores. “Esto sugiere, bien que la SAM no inhibe (ni actúa como alternativa para) el suicidio no asistido, o bien que actúa de esta manera en algunos individuos pero se asocia con un incremento en la inclinación al suicidio en otros individuos”.

También descubrieron que los Estados que legalizaron el SAM en Estados Unidos se caracterizaban por tener tasas más altas de suicidio no asistido, tasas más bajas de afiliación religiosa y una menor proporción de población negra o hispana.

En comentarios a los hallazgos de Jones y Paton, Aaron Kheriaty, autor de The Catholic Guide to Depresssion [La guía católica para la depresión], escribió: “Estos resultados son importantes, aunque no deberían sorprender a los familiarizados con la literatura sobre los efectos contagiosos sociales del comportamiento suicida. (…) No se disuade del suicidio asistiendo el suicidio. Los fenómenos de contagio social implican posibles mecanismos que podrían explicar los hallazgos de Jones y Paton”.

Kheriaty, que enseña psiquiatría en la Escuela de Medicina de Irvine de la Universidad de California, escribió en el mismo número del  Southern Medical Journal que el fenómeno del contagio de suicidios se conoce, al menos, desde el siglo XVIII, cuando se produjo una oleada de suicidios en Alemania después de la publicación de la popular novela de Goethe Las penas del joven Werther. El protagonista de la novela se quitaba la vida después de experimentar un amor no correspondido.

“Podemos conjeturar que la atención mediática en torno a casos de suicidio asistido, como el caso ampliamente divulgado de Brittany Maynard, la joven californiana de 29 años que se mudó a Oregón en noviembre de 2014 para hacer uso de la opción de suicidio asistido de dicho Estado, podría motivar un comportamiento imitador entre individuos vulnerables”, escribió Kheriaty. “Como el Efecto Werther está confirmado, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU, en colaboración con el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), la Organización Mundial de la Salud y el cirujano general de Estados Unidos han publicado unas directrices periodísticas estrictas en la comunicación de suicidios para minimizar este efecto”.

En el caso Maynard, no obstante, esas directrices se ignoraron ampliamente, criticó Kheriaty. Como sufría un tumor cerebral incurable, la decisión de Maynard “se presentó frecuentemente en los medios como inspiradora y heroica”.

Pero aunque el Efecto Werther pueda llevar a más suicidios, el Efecto Papageno puede conducir a menos. Este efecto, explicó Kheriaty, se produce cuando individuos que están tentados de cometer suicidio experimentan una conversión y optan por la vida. De nuevo, el nombre deriva de una obra clásica, esta vez de un personaje loco de amor en la ópera La flauta mágica de Mozart, cuyo plan de suicidio se ve evitado por tres espíritus niños que le recuerdan la alternativa más feliz.

Un ejemplo en la vida real de este efecto sucedió en 2015, cuando Valentina Maureira, una chica de 14 de Chile con fibrosis quística, publicó un vídeo de YouTube donde suplicaba al Gobierno chileno el suicidio asistido. En el vídeo mencionaba el caso Maynard.

“Sin embargo, más adelante cambió de idea, después de reunirse con otros jóvenes con fibrosis quística que le transmitieron un mensaje de esperanza y la animaron a perseverar”.

Por desgracia, Valentina falleció en mayo de 2015, aunque de causa natural.

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