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Cosas que no quiero olvidar

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Dios ha soñado una vida perfecta para ti

¿Qué cosas no quiero olvidar yo en mi camino? Temo un día perder la memoria o desorientarme y olvidarlo todo. Pero no quiero olvidar nunca lo importante.

Si está en mi mano no quiero olvidar muchas cosas.

No quiero olvidar el amor que Dios me tiene, porque a veces me parece que no lo veo tan cerca. No quiero olvidar su promesa cuando me llamó a una vida plena.

No quiero olvidar mis deseos de niño de salvar el mundo. No quiero olvidar esa pretensión ingenua de entregarme por entero en todo lo que hago.

No quiero olvidar las cosas pequeñas de cada día, esas que a veces pasan desapercibidas: un abrazo, un saludo lleno de cariño, un te quiero dicho con voz queda, una mirada profunda llena de sonrisas.

No quiero olvidar ningún día la obligación que tengo de dar gracias alabando a Dios por lo que me ha dado.

No quiero olvidar el perdón en mi alma. Perdonarme a mí mismo por tantos errores cometidos. Perdonar a los que sin querer o queriendo han difamado mi nombre o me han herido.

Perdonar a los que no me han querido como yo esperaba que lo hicieran, simplemente porque no querían o no sabían hacerlo.

Perdonar a ese Dios de mi vida que no me ha dado tantas cosas que yo esperaba y le había pedido con confianza ingenua.

No me quiero olvidar de sonreír siempre también en medio de tormentas, cuando los miedos son poderosos dentro del alma.

No quiero olvidar la confianza y pensar que Dios y los hombres me han dejado solo en medio del desierto.

No quiero olvidar la decisión que tomo de comenzar de nuevo cada mañana, incluso después de haber caído y haber llorado amargamente la derrota.

No quiero olvidarme de pedir disculpas cuando no hago las cosas como yo creo que debería y hiero sin darme cuenta, o sabiéndolo.

No olvido esas pequeñas sorpresas de cada día por las que tengo que aprender a dar tantas gracias.

No me quiero olvidar de acabar el día de rodillas contemplando al Dios que se hace fuerte en mis entrañas.

No quiero quitarme la sorpresa de niño dibujada en mis ojos grandes y profundos, ingenuos, ante tantas cosas que me llenan el alma.

No quiero dejar en el olvido esos recuerdos que guardo en fotografías, en canciones, en palabras, en abrazos silenciosos que viven dentro de mi corazón.

Porque no quiero dejar de pensar que Dios ha soñado una vida perfecta para mí, imperfecta entre mis manos, pero sagrada y valiosa ante sus ojos.

No quiero olvidarme de llorar y emocionarme por las cosas más sencillas de la vida, porque no quiero que mi corazón se ponga duro y se olvide de las lágrimas.

No quiero olvidar a aquellas personas que han dejado su huella profunda en mi corazón para siempre. No quiero descuidar esos vínculos que Dios ha tejido con lazo firme dentro de mi propio cuerpo.

No quiero olvidar a los que ya han partido y me esperan alegres al otro lado de mi mar, en la otra orilla, Susurrando mi nombre cada noche para que confíe y siga caminando.

No quiero olvidar ese deseo hondo que siempre tuve en mi alma de ser fiel, de ser alegre, de ser profundo.

No quiero olvidar a los que han formado parte de mi historia y que a lo mejor ahora están más lejos, porque son retazos de mi vida soñada en las manos de Dios. Y yo soy lo que soy gracias a tantos que me han querido, han rezado por mí, han sido fieles.

No quiero olvidar los pasos dados, algunos en falso. No quiero olvidarlos porque forman parte de mi historia santa, de mi camino por el desierto.

No quiero olvidar los pecados cometidos, o aquellos que se vuelven reincidentes, porque sé que mi miseria es la llave que abre la puerta de la misericordia.

No quiero pensar que Dios me quiere más cuando hago las cosas perfectas. Y me quiero un poco menos cada vez que cometo algún desliz.

No quiero olvidarme de las veces en que he sido perdonado porque esa es la roca sobre la que construyo mi vida tan frágil.

No quiero olvidar que soy capaz de caminar sobre las aguas cada vez que dejo de pensar que todo depende de mis fuerzas.

Y que incluso cuando me hundo puedo alargar la mano desde la oscuridad del océano profundo y tocar esa mano firme que me saca de las aguas y me dice con voz tierna y trémula: ¿Por qué has dudado?

No quiero dejar de confiar nunca. Ni siquiera cuando me hayan fallado tantas veces. Prefiero confiar antes que controlar. Prefiero confiar y volver a confiar, aunque me hayan hecho daño. Porque me gusta que confíen en mí y crean en esa luz que tengo oculta dentro de mi alma.

No quiero nunca olvidar a aquellas personas que creyeron en mí cuando yo no creía. Y a aquellos que con paciencia me enseñaron a dar los primeros pasos en mi vida.

No olvido a los que me han amado de forma incondicional cuando yo ni siquiera sabía escribir la palabra amor con mis torpes manos.

No quiero olvidar ese silencioso estar junto a mí en medio de la noche y mis debilidades. Porque me han mostrado con esos ojos llenos de sonrisas que la vida merece la pena y que hay un Dios muy grande que me sostiene siempre. Y que no hay miedos ni pesadillas que puedan vencer el amor más grande que el hombre ha conocido.

Pero no quiero olvidar que soy niño, hijo, padre, hermano, amigo, hombre, débil, inocente, enamorado, pobre. No quiero olvidar el amor que Dios me tiene y que sostiene cada uno de mis pasos. No lo olvido.

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