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“Remain in Mexico” (Permanecer en México) equivale a enviarlos a la muerte

BISHOP SEITZ
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Valiente alegato del obispo Seitz en la frontera de EE UU y México: Transformar el peso de la ley en la dulzura de la misericordia

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El obispo Mark J. Seitz de El Paso, Texas, visitó el pasado 25 de junio a un grupo de mujeres migrantes embarazadas en el lado mexicano de la frontera de El Paso, la ciudad mexicana de Juárez.

Tras esa visita , el prelado estadounidense no se anduvo por las ramas. Dijo que el programa de la actual administración federal “Remain in Mexico” (Permanecer en México) y otras medidas migratorias restrictivas que rechazan a personas que buscan asilo, “equivale a enviarlos a la muerte”.

Situaciones similares

El obispo Seitz comparó el envío a México de quienes escapan de las pandillas, del narcotráfico y de la violencia, principalmente en el Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras). con lo que sucedió a principios de la Segunda Guerra Mundial.

En junio de 1939, meses antes del inicio de la conflagración, el transatlántico MS St. Louis, que había salido de Europa con cerca de 900 judíos que huían del régimen nazi, fueron rechazados primero en Cuba, después en Estados Unidos y, finalmente, en Canadá. Volvieron a Europa y muchos de ellos murieron en campos de concentración.

Es por ello que el prelado estadounidense comparó la política de “Permanecer en México” o la deportación inmediata de los solicitantes de asilo, con esa dura experiencia de la que, hasta 2012, el gobierno encabezado por Barack Obama pidió perdón y en 2018, el de Canadá, encabezado por Justin Trudeau, también lo hizo.

Quebrantar los derechos

De acuerdo con el obispo Seitz, la política «Permanecer en México», que obliga a los solicitantes de asilo a permanecer en el lado mexicano de la frontera hasta que sus casos sean juzgados en un tribunal de inmigración, ignora esta historia y leyes que se habían escrito en Estados Unidos.

En sus comentarios, recogidos por el Hope Border Institute de El Paso, Seitz confirma un secreto a voces entre los inmigrantes y los defensores de sus derechos humanos: “que este derecho fundamental al asilo aquí en la frontera (de México con Estados Unidos) realmente ha terminado» al negarles el debido proceso.

Los agentes de la Patrulla Fronteriza y los funcionarios de Aduanas y Protección Fronteriza diariamente «devuelven por la fuerza a los migrantes, brutalmente despojados de las protecciones de la ley, incluidas mujeres y niños, a esta, ahora la segunda ciudad más peligrosa del mundo», dijo el obispo, hablando de la vecina Ciudad Juárez.

Apoyo solidario

El obispo de El Paso, quien se ha caracterizado por llevar a cabo acciones decisivas a favor de los derechos del migrante, hizo estas declaraciones al asistir en Juárez a la puesta en marcha de un proyecto apoyado por el Fondo de Asistencia para Refugiados Fronterizos de la diócesis texana para las mujeres migrantes embarazadas.

«Vengo de un país donde el tejido moral está literalmente deshilachado, expuesto y desnudo ante el Señor». Y el racismo al que nuevamente nos vemos obligados a enfrentarnos en los Estados Unidos, no está desconectado de la realidad aquí”, dijo Seitz en referencia al racismo contra los afroamericanos y otras culturas.

La atención pública de Estados Unidos y la pandemia del coronavirus (que, incluso, está siendo usada, dijo Seitz, por los oficiales de inmigración para “apretar” aún más a los migrantes) han desviado la comunicación de la frontera sur, lo que ha motivado “una erosión” de los derechos en la franja fronteriza.

Placas de Petri para la Covid-19

Aunque el gobierno estadounidense afirma que “Permanecer en México” no es un peligro para los inmigrantes, la organización Human Rights First reporta más de mil casos de violación, asesinato, secuestro y tortura de migrantes a quienes no se les permitió ingresar a los Estados Unidos para solicitar asilo.

«Ayer, los solicitantes de asilo podrían ingresar a El Paso de forma segura», dijo el obispo Seitz. «Hoy, aquellos que pueden superar la ‘zona desmilitarizada’ en la que se ha convertido nuestra frontera, pasan de estar atrapados en Ciudad Juárez a quedar atrapados en centros de detención que se han convertido en placas de Petri para la Covid-19″.

El obispo estadounidense advirtió que actualmente hay un brote importante “invisible” y peligroso de coronavirus en los centros de detención en El Paso “y en todo el país». Detenidos y deportados en condiciones inseguras pueden llevar más infecciones a sus países, lo cual, para Seitz es “irresponsable e imprudente”.

Los niños, principal preocupación

«Ayer, valoramos la vida de los bebés, niños pequeños y jóvenes. Hoy, nos enfrentamos a la ley y devolvemos a la fuerza a los niños no acompañados, poniéndolos en riesgo de explotación, tráfico y coronavirus», dijo el obispo de El Paso, siguiendo su exposición de motivos.

«Estoy lleno de miedo y horror de que, sin apenas reparo de conciencia, devolvemos a estos niños a las mismas amenazas de las que huyeron. ¿Cuánto tiempo, Señor?», exclamó Seitz .

El obispo dijo que “sintió la necesidad de alzar la voz, como cristiano, como pastor y como obispo estadounidense «que ha cruzado esta ‘zona desmilitarizada’ para arrodillarse y aprender de Cristo en el sufrimiento. Y he aprendido que somos nosotros los que le estamos haciendo sufrir”.

También hay cosas buenas

Seitz reconoció que al lado del sufrimiento se está produciendo mucho bien, en los trabajos de aquellos que cuidan a los solicitantes de asilo que están varados en México. Grupos católicos, protestantes y organizaciones civiles “han aprendido a trabajar juntos”.

«Esa esperanza me muestra que la maquinaria de oscuridad en la que se ha convertido nuestra aplicación de inmigración no es permanente», reflexionó el prelado estadounidense. Y añadió: «Habrá un día en que todo este dolor dejará de existir, cuando los muros del odio se derrumben y la gracia transformará el presente oscuro en algo mejor”.

El mensaje final de Seitz fue claro: «Transformar el racismo y el odio en arrepentimiento y reconciliación. Transformar las divisiones antiguas y modernas en ocasiones de encuentro y perdón. Transformar el peso de la ley en la dulzura de la misericordia. Detener el sufrimiento».

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