Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
martes 13 abril |
San David Uribe
home iconEspiritualidad
line break icon

¿Se puede amar más a alguien que a Dios?

KOBIETA Z DZIECKIEM

Anton Korobkov | Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 27/06/20

"El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí", dice Jesús. ¿Qué significa?

Escuchar a Jesús a veces me incomoda. Quizá porque no entiendo de medidas y sus palabras me desconciertan. Él me dice:

«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí».

¿Cómo se puede medir el tamaño de mi amor? Siento que el amor a mi madre es desproporcionado. O el amor a mi padre supera igualmente cualquier expectativa. Y el amor a una hija también es inmenso. ¿Por qué Jesús me pone esas disyuntivas?

No quiero comparar amores, igual que no busco medir distancias, ni calcular los tiempos. Prefiero vivir sin comparaciones. Es como esta pregunta que hacíamos a los niños: «¿A quién quieres más a papá o a mamá?».

Parece todo tan vacío… No puedo vivir midiendo todos los amores que llevo dentro. Amar más a Dios que a los hombres o amar más a los hombres en Dios. Escribía el padre José Kentenich sobre san Francisco de Sales:

«Escuche lo que escribe a la Sra. Chantal: – Nada o Dios, porque todo lo que no es Dios, o es nada o peor que nada. Por eso, mi querida hija, permanezca entera en Él y rece para que yo también permanezca entero allí donde podremos amarnos inmensamente, hija mía, porque nunca podremos amar demasiado o bastante»[1].

Quizás entonces la pregunta tiene que ver con algo diferente. No quiere saber Dios cuánto pesa mi amor. Lo que sí pretende es que aprenda a amar desde Él.

Porque sólo en Él tienen sentido todos mis amores humanos. En Él descubro la belleza de lo humano. En Él lo caduco y temporal tiene una especie de nota eterna que lo mantiene vivo lejos del ocaso.

No me está pidiendo que calcule, que cuente, que pese, que mida. Me está pidiendo tan solo que aprenda a amar como Él me ama. Comenta el Padre Kentenich:

«Si hay algo que no empobrece es amar, regalar la calidez del corazón»[2].

El amor nunca empobrece, todo lo contrario que el odio y el desprecio. El amor ensancha el alma. Compartir mis amores me agranda por dentro.

Proteger lo que es mío sin querer compartirlo me acaba secando. Limitar el amor por miedo a que usurpe su lugar a Dios en mi corazón es lo más mezquino que puedo hacer.

El amor a los hombres en Dios me hace más de Dios, más santo. El amor que no se da se pierde. Y el amor que se entrega se convierte en un río de agua viva que conduce al mar.

Dios no quiere que deje de amar a mis padres por amarlo a Él. Pero también Él me va a ir indicando la forma como quiere que los ame en mi vida.

El amor humano no puede ser un obstáculo que no me deje ir a Dios. Porque todo amor sano es un amor en el que Él está.

Y cuando el amor es enfermo y me enferma, me hace peor persona. Ese amor no me lleva a Dios, más bien me aleja. Ese amor me hace esclavo, me hace perderme en mis egoísmos y caminar como un ciego por la vida. Ese amor no me ensancha el alma, más bien la empobrece.

El amor sano me lleva a Dios. El amor herido no sé cómo, pero oculta la luz de Dios en mi vida. Quisiera hoy que el amor a Dios reinase en todos mis amores humanos.

Cuando amo en Dios a los míos ese amor es poderoso, porque logro amar con la fuerza del amor de Dios en mí. Nada hay en mí que me aleje de Dios. Nada que oculte su mirada misericordiosa.

Me engaño cuando pienso que otros amores pueden ocultar a Dios. U otros gestos pueden apagar los gestos de mi amor a Dios. Decía el Padre Kentenich:

«Debemos querernos unos a otros también humanamente. Si sólo fuese un amor absoluto a Dios el que debiese sostenernos, sabemos que no sería sólido para afrontar la vida. El corazón debe encenderse también para querer humanamente. Entonces tendremos un órgano preparado para abrazar al Amor eterno. Y la prueba de la intimidad, la fuerza, la profundidad y la durabilidad del amor a Dios reside en un amor profundo, auténtico y sano entre hermanas y al prójimo»[3].

Ambos amores van de la mano. Cuando descuido el amor a los hombres por estar con Dios, pierde mi amor cálido a Él. Así de sencillo. Quiero amar con libertad, con hondura, con ternura, a Dios en todos aquellos a los que amo.

[1] J. Kentenich, Un paso audaz: El tercer hito de la familia de Schoenstatt de Rafael Fernández

[2] Rafael Fernández de Andraca, José Kentenich, Manual del Dirigente

[3] King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor

Tags:
amordiosfe
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
1
MIRACLE
Maria Paola Daud
Mateo se perdió en el mar… ¡y apareció en brazos de papá!
2
MIGRANT
Jesús V. Picón
El niño perdido y hallado en pleno desierto que invita a reflexio...
3
Dicas de amor
Una hermana es más que una amiga, es la mitad de nuestro corazón
4
QUEEN ELIZABETH WEDDING
Adriana Bello
Las bodas de titanio de la reina Isabel II y el príncipe Felipe
5
SATAN SHOES
Adriana Bello
Las zapatillas de Satanás no son un juego
6
ALICE BATTENBERG
Adriana Bello
La monja de la realeza
7
PRINCE PHILIP
Cerith Gardiner
11 datos interesantes sobre el difunto príncipe Felipe
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.