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¿Iglesias abiertas todo el día? La hermosa propuesta de un obispo

© P.RAZZO/CIRIC
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El obispo de Menorca, Francisco Simon Conesa, sugirió la solución para permitir a la comunidad ciudadana encontrar puertas abiertas y acogida en las parroquias de la ciudad. En Madrid un caso ejemplar: una comunidad viva donde la evangelización es constante

«La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes. De ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas». Es bella la propuesta lanzada por el papa Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium.

Tener abiertas las iglesias lo más posible, volverlas una comunidad viva, de constante encuentro, oración, confesión. Muchos sacerdotes se han ya organizado para hacerlo.

«Puertas abiertas lo más posible, necesaria ayuda de laicos»

De España llega una hermosa propuesta por parte del obispo de Menorca, Francisco Simón Conesa. Dada la escasez de sacerdotes y sus muchos compromisos, la invitación es formar grupos de parroquianos disponibles a estar presentes todo el día para permitir la entrada de los fieles y, eventualmente, acoger con discreción y fraternidad a los turistas, visitantes o simples curiosos.

«Un signo de que somos Iglesia de puertas abiertas es mantener las puertas de nuestros templos abiertas el mayor tiempo posible»escribe mons. Conesa.

«Es triste encontrar que muchas iglesias abren sólo el tiempo indispensable para que se puedan celebrar los actos de culto. Durante el resto del día, los feligreses no tienen la oportunidad de entrar al templo para rezar o realizar una visita al Sagrario. Una iglesia que, por sistema, tiene las puertas cerradas da la impresión de algo que está muerto».

El obispo de Menorca no oculta las inevitables dificultades para mantener la apertura de iglesias durante todo el día, citando el aumento del mantenimiento, el riesgo de robos y la necesidad de sacerdotes de ocuparse de otras cosas.

«Por eso, para mantener abiertas las puertas, se requiere la ayuda de los seglares. Me consta con satisfacción que hay parroquias que han formado un grupo de seglares que se van turnando para tenerla abierta«, propone el obispo español.

«En la antigüedad», prosigue el obispo de Menorca,»existía un oficio singular dentro de la comunidad que se llamaba “ostiario” (de la palabra latina “ostium”, que significa “puerta”). El ostiario era el que abría las puertas y acogía a la gente. Hasta la reforma del Concilio Vaticano II era una de las órdenes menores que se recibía antes del presbiterado. Hoy sería necesario revitalizar este servicio eclesial».

Laicos organizados que sepan acoger,»saludando en nombre de la comunidad a las personas que vienen a nuestras celebraciones y acogiéndolas en la misma. Las puertas abiertas de nuestros templos son un signo precioso de lo que quiere ser nuestra Iglesia. ¡Ojalá encontremos fórmulas para mantenerlas abiertas!».

Renace una comunidad gracias a una parroquia que acoge todo el día

En Madrid hay una parroquia en el barrio más pobre de la ciudad, el Puente de Vallecas. Está a cargo del sacerdote José Manuel Horcajo y estaba completamente desierta antes de su llegada.

Hoy en cambio florece de actividades caritativas con más de 300 voluntarios y los parroquianos han empezado nuevamente a ir a misa, cada domingo la iglesia está llena.

Horcajo explica que una de las primeras cosas que hizo cuando llegó a la parroquia de San Ramón Nonato fue precisamente abrir las puertas de la iglesia el mayor tiempo posible.

«El primer punto de la pastoral misionera es abrir la iglesia todo el día. Nosotros lo hacemos de 7.30 a 21.30 y los jueves hasta las 00.00 y además que se vea bien visible, con las grandes puertas abiertas. El Señor hará el resto. Esto es verdad. Si abres la iglesia, la gente entra para llorar, para desahogarse, para rezar, para cargar el móvil o para descansar, porque pueden estar tranquilos. Muchos duermen en terrazas, en el sofá del comedor, o no pueden estar en casa porque hay peleas, y aquí en la iglesia están tranquilos. Se sienten muy contentos. Además, la gente de la parroquia está acostumbrada a ir a hablar con aquellos que ven tristes o llorando y así hablan, se desahogan y todo esto se acaba convirtiendo en una evangelización en el mismo templo. Hay que abrir la iglesia y luego Dios hará el resto».

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