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Una monja asesinada durante rito satánico, será beatificada

MAINETTI
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El papa Francisco ha firmado el decreto por el martirio de María Laura Mainetti, de la Congregación de las Hijas de la Cruz asesinada en Chiavenna (Italia), por odio a la Fe, el 6 de junio de 2000

Sor María Laura Mainetti, 61 años, salió apresurada del convento de Chiavenna, en la provincia de Sondrio, Italia, en la noche del 6 de junio, de hace 20 años, tras recibir la llamada de Erica (nombre falso), adolescente que le imploró en lágrimas ayuda, pues – dijo – estaba embarazada y había sufrido  un acto de violencia. 

La religiosa llegó al lugar donde la esperaban tres chicas y fue obligada a arrodillarse en los tazones de la Via Poiatengo, una callejuela oscura cercana a un parque frecuentado por drogadictos y prostitutas y allí la golpearon brutalmente, luego la asesinaron con 19 puñaladas. 

Según los judiciales, las tres chicas, Milena (quien hizo la llamada falsa), Ambra y Verónica, todas de la localidad, se declararon más tarde ‘adoradoras del diablo’, un asesinato nacido de un pacto de sangre entre las tres chicas  que habían decidido realizar un ritual satánico. Ella improvisaron, no pertenecían a una secta, pero querían obtener los favores del ‘ángel de la luz’. 

La hermana Laura, ya sangrante y moribunda, pidió a Dios perdón por sus tres asesinas. Así, el 19 de junio de 2020, el papa Francisco ha firmado el decreto que declara a la monja mártir porque fue asesinada “por odio a la Fe”, informó el cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, tras una audiencia privada con el Pontífice. 

El recuerdo de la sierva de Dios sigue vivo. La diócesis de Como ha celebrado, hace algunos días, una misa multitudinaria por el aniversario de la muerte de Sor Laura Mainetti (nacida Teresina Elsa), religiosa profesa de la Congregación de las Hijas de la Cruz, Hermanas de San Andrés. 

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Veinte años nos separan de su dramática muerte, pero su tierna mirada hacia todos, su deseo de dar testimonio del amor personal de Jesús por los pequeños, los pobres, los humildes, sigue fascinando a quienes han tenido la suerte de acercarse a ella o la han conocido a través de los testimonios de quienes han mantenido vivo su recuerdo durante estos años”, dijo el obispo de Como, Oscar Cantoni  en su homilía, en la Iglesia de San Lorenzo de Chiavenna.

Sor Laura nació en Colico, en Lecco, el 20 de agosto de 1939, era la décima hija y quedó huérfana de su madre recién nacida. Hizo sus votos a los 20 años después de un viaje de fe, después de haber sido educadora en Vasto, Roma, Parma, en 1987 se convirtió en superiora de la comunidad de Chiavenna. También trabajaba con jóvenes desamparados o con problemas.  

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Las tres jóvenes asesinas de Sor Laura, que hoy han cumplido todas sus condenas, se encuentran en libertad, algunas de ellas trabajan y tienen ya una nueva vida, una de ellas es madre. El perdón y la piedad de Sor Laura y las circunstancias de su muerte hacen de ella una figura ejemplar: la causa de beatificación reitera el ‘perfume de santidad’ que respiraba la población y las religiosas que le conocieron. 

A las puertas del milenio, la muerte violenta de la religiosa ocupó las primeras planas en Italia.  Las tres chicas – Ambra Gianasso, Verónica Pietrobelli y Milena De Giambattista, todas entre 16 y 17 años – fueron condenadas definitivamente en 2003: Ambra Gianasso a 12 años y 4 meses, las dos amigas a ocho años y medio.

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Tan pronto como fueron arrestadas, después del crimen, dijeron que lo habían hecho para “rendir homenaje a la potencia de Satanás” y que la elección había recaído en Sor Laura porque era ‘delgadita’ y por lo tanto más fácil de atacar. Al inicio pensaban en matar a un sacerdote o a un religioso. 

La religiosa desde el principio del ataque les invitó a desistir de hacerle daño porque ella no las juzgaría y, en cambio, de denunciarlas les ayudaría, incluso ofreció su silencio ante el mal causado. 

Sor Beniamina Mariani que conoció a Sor Laura, autora de un libro en  honor de la próxima ‘beata’ indica que la religiosa era como un ‘santo de la puerta de al lado’, ‘sencilla’, humilde, y casi nadie la percibía como tal, hasta que la gente que tocaba a diario, a través de pequeños gestos amables y gentiles, no reflexionaba con profundidad recogiendo todos esos signos diminutos a la apariencia pero que hablaban de Dios. Ella amaba decir de la Eucaristía y de la oración: ‘Entra para rezar y sal de aquí para amar‘. 

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Las asesinas de Sor Laura se habían propuesto de apuñalar cada una, 6 veces, a un representante de la Iglesia, para componer con su ‘sangre el número de la bestia’ (666), además, en el día 6 del nuevo milenio como tributo a Satán: 18. Sin embargo, dieron una puñalada más a Sor Laura: 19 y la que le fuera mortal.

Una vez cumplida la condena, las tres chicas de entonces se mudaron a otro lugar y viven en el anonimato. Ellas durante su condena, consideradas como enfermas psiquiátricas, fueron integradas en programas de reeducación, incluso una de las chicas, la menor, pasó la mitad de su pena en una comunidad de acogida católica, guiada por un sacerdote.

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