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Elena de Tellitu: «Jesús te lleva a lugares donde nunca imaginaste estar»

ELENA DE TELLITU
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Actriz, modelo y conductora de TV nos habla de su fe y de su única «droga»: «el Amor de Dios»

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Para muchos es sabido que el medio de los espectáculos, la televisión y el cine está plagado de sexo, drogas y excesos de todo tipo, en algunos casos brujería o satanismo, y muchos actores y actrices caen en las redes de todo esto.

Elena de Tellitu actriz y modelo mexicana nos comparte en exclusiva a Aleteia, como ha enfrentado las tentaciones del medio artístico y cómo siente que Dios la fue llevando poco a poco a tranquilizar su corazón entre tanto sufrimiento. Hoy se siente bendecida y trabaja para Dios y por Dios. “No soy adicta ni a una pastilla, ni al alcohol, ni a un alimento; no soy adicta ni a un hombre. Mi única “droga” es el Amor de Dios”.

– Gracias por concedernos esta entrevista para Aleteia. Antes que nada, ¿puedes decirnos cuál es tu nombre completo y de dónde eres?

Mi nombre es Elena de Tellitu González. Mi primer apellido es vasco; y yo soy de Monterrey, Nuevo León (México).

– Elena, ¿a qué te dedicas, cuáles son los dones que Dios te ha dado?

Hace 26 años inicié en la actuación, y de pronto eso me llevó a la conducción, aunque yo al principio me negaba, porque yo venía del teatro, yo era una actriz intensa y me decía “¡pero si yo no soy conductora!”. Pero mi abuela, que en paz descanse, me aconsejó: “Si el árbol te da limones, haz limonada”. Así que probé. Y descubrí dones, descubrí talentos, y de hecho es lo último que he hecho en estos años.

El último trabajo como conductora que he hecho para la televisión internacional fue en “Utilísima”, donde enseñaba a las mujeres a trabajar con sus manos terapia ocupacional, manualidades.

Entonces vino para mí un encuentro con Cristo, y entonces entendí perfectamente por qué Él me había querido llevar a las comunicaciones.

– Antes de llegar a ese punto de quiebre, a ese momento de tu conversión, te habíamos visto en comerciales, en telenovelas… Compártenos algo de esa riqueza de lo que has hecho.

En estos 26 años pude vivir tanto el teatro como las telenovelas; en la última de éstas, en la que participé fue con Karyme Lozano y Diana Bracho, yo era Lucrecia, la mala, y en ella maté al personaje de Karyme Lozano, y a pedrada; pero en la vida real tengo una linda amistad con ella.

También estuve en los Telejuegos; ¿se acuerdan ustedes de los “01-900-8-4-9, llame ahora”? , ésa era yo. Aprendí algo bellísimo de los Telejuegos: que vivimos en un mundo donde nadie cree en nada, y es muy lindo que la gente ponga su confianza en ti, que tengas credibilidad, y que se la jueguen, pues es real: la gente gana.

Estuve 7 años compartiendo con Eduardo Videgaray en la mueblería de Hermanos Vázquez. Y participé en un montón de comerciales, poniéndole rostro a muchas marcas tanto de México como del mercado latino en Estados Unidos.

– Se habla mucho de que en este mundo del espectáculo y la televisión hay drogas, sexo… ¿Realmente es cierto? ¿Cómo es ese mundo?

Pues como es el mundo. Platicando hace algunos años con un amigo, abogado penalista, un poco alejado de la fe y muy atrapado en el sistema de este mundo, como yo siempre creo que las leyes del mundo están hechas para los que desobedecen la ley de Dios, le pregunté: “¿Tú has leído la Biblia?”. Y me contestó que la Biblia es un libro lleno de traiciones, de envidias y de engaños.

Le respondí: “Nada que no hayas vivido, ¿o de qué me hablas?”. Porque ése es el mundo en el que vivimos, lleno de traiciones, mentiras, engaños, vanidades y soberbias. Y sí, claro que se experimenta en el medio artístico, aunque se experimenta en todos lados.

Cuando tienes firmes tus valores, siempre vas a distinguir el camino del bien y el camino del mal en todos los lugares. Aunque, por supuesto que en el mundo del espectáculo hay una parte que no existe en otros ámbitos: la necesidad de reconocimiento que tienen muchos y que son capaces de hacer lo que sea, hasta no cobra con tal de salir en televisión.

Yo sí cobro por salir en la tele porque de eso vivo; y hay un hasta dónde puedes, y otras cosas a las que no estás dispuestas; ahí viene la parte donde tienes que creer en ti, y en que hay algo, o más bien Alguien viviendo dentro de ti que ha puesto virtudes, que ha puesto talentos; y te la tienes que jugar creyendo ciegamente, en una necedad santa, porque las cosas no deben ser como ellos quieren sino como Dios manda.

– Elena, ¿cuál ha sido tu momento más difícil en la vida, tu “noche oscura”?

Yo más bien viví  un momento muy lindo, pero definitivamente de rodillas. Yo no sabría decirlo en esos términos porque yo no crecí en colegios católicos; así que lo que yo experimenté fue a lo salvaje, como san Pablo. Dios me encontró en una búsqueda, y fue fuerte, fue radical; y sí fue un momento de rodillas, donde yo sólo sabía que algo me pedía un antes y un después: y digo un “algo” porque yo no sabía cómo llamarlo.

Fue como el medio tiempo en un partido, cuando tu “coach” te dice: “Bueno, mi niña, ya saliste en la primera parte del partido”. Si Dios quiere, vamos a vivir unos 80 años. Yo estaba a punto de llegar a mis 40 años, y fue cuando sentí que Dios me sentó a platicar: “Viene el segundo tiempo del partido, hazlo de nuevo pero hazlo mejor porque ya no hay tercer tiempo, porque el tercero es la Vida Eterna y hay que ganársela”. Yo no tenía claro que la Vida Eterna hay que ganársela, y yo creo que eso fue lo difícil, porque fue una cosa interna tan clara dentro de mí, en la que yo debía dejar la comodidad y cerrar los ojos en fe, sin ver nada, y confiar. ¿Y qué tenía para mí? No lo sé, todavía lo voy descubriendo.

Lo único que he aprendido es que ha sido una aventura. Pero en ese momento ha sido una noche oscura. Yo no cuento mis tragedias, mis dramas; pero creo que todos los tenemos; pera fue un momento de crisis donde papá y mamá ya en paz descansaban y yo tenía un hijo que debía sacar adelante, y Dios me pedía dejar todo y seguirlo.

– ¿Para ti la belleza ha sido una bendición o una maldición?

Sólo sé que Dios me ama. Y le agradezco si me puso un estuche bonito, porque lo de adentro debe estar más bonito.

– Háblanos un poco de ti, de tu vida familiar.

Vengo de una familia donde mis padres, desafortunadamente, se separan. Y hoy, que soy madre, entiendo que los padres no somos perfectos. Ojalá siempre fuéramos maravillosos como ejemplo, pero hay que hacerle ver a los hijos que también estamos aprendiendo, y que nos vean como seres humanos. Y yo ya entiendo la importancia de dejarse guiar, porque si como papá o mamá no te dejas guiar por Dios, tú no das una, pues un ciego no puede guiar a otro ciego.

Luego vino la carrera artística en mi vida. El teatro se lo recomiendo a todo el mundo, no importa a qué se dedique cada quien; el teatro me ayudó a entrar en mí, a profundizar en mí.

Y ahí me enamoré a causa de un vacío, el vacío de mi papá tan poco presente; y me enamoré como uno cree que es el amor, y nació mi hijo; yo era muy jovencita, iba a cumplir 20 años. Me casé por lo civil; y, hoy lo digo, afortunadamente no me casé por la Iglesia porque era ignorante en temas de fe, y si me hubiera casado hubiera sido como hoy pasa tristemente, que muchos van a la iglesia y pues qué bonita te salió la boda pero ojalá así te salga el matrimonio, porque no es lo mismo. Éramos dos buenos muchachos, con un corazón limpio, puro, y estuvimos juntos por casi 14 años, y creo que habiéndonos casado tan jóvenes no nos fue tan mal; pero necesitábamos aprender cosas por separado. Y entonces vino el divorcio. No se equivoquen: para el mundo soy divorciada, pero para Dios soy soltera. Una vez me dijo un sacerdote: “Tú ya no digas que eres divorciada”.

Aprendí  entonces lo que es el verdadero amor, y es cuando vino Dios, y en esta conversión aprendí que hay que guardarse un poquito, apartarse, y que no hay que correr, que todo viene a su tiempo, y que bendición no es hacer cosas a lo tonto, para que el día mañana Él tenga para mí un gran hombre, que yo sé que Dios ya lo está preparando -en eso estamos-, para poder llegar al altar siendo conscientes, estando despiertos. Alguna vez un sacerdote me dijo: “Dios une en matrimonio solamente a dos personas llenas del Espíritu Santo”; seres conscientes, bien despiertos en la de fe, sabiendo lo que están haciendo y a quién están invitando: a Cristo, al Amor verdadero. Porque nacemos creyendo que sabemos amar, y verdaderamente que no: a la primera de cambios no sabemos perdonar. En el amor hay que aprender a perdonar.

Ésa es más o menos mi vida personal. Soy madre de un hijo ya de 25 años, recién graduado de la universidad. Y sin miedo. Luego me toca ir a las universidades, por ejemplo, y como soy engañosa, soy “traga-años”, los muchachos se preguntan: “¿Y ella qué nos va a decir?”, así que les digo: “De entrada estoy aquí porque podría ser su madre. No tengan miedo. Cásense, tengan hijos”. Y piensan que estoy loca, porque el mundo les grita que no crean en eso, que mejor viva en unión libre, o su propio papá les dice “Mira qué mal me fue con tu mamá. No al matrimonio”.

Además yo les comento que tengo 26 años desempleada. Y me preguntan: “¿Cómo desempleada?”, y contesto: “Sí, soy artista, vivo por fe, y mi hijo ya salió de la universidad. Lo que quiero decir es que los artistas no tenemos certeza de nada, pero tenemos fe, y Dios nunca nos deja solos. Él me dijo: tú ve por tu hijo y Yo veo por ti. Y ya está: salió de la universidad”.

– ¿Cuál fue el dolor más grande que has sufrido?

Pensé que había sido en su momento el abandono del padre de mi hijo, porque yo no sabía poner a Dios en el centro de mi vida, y equivocadamente ponía a un hombre en el centro. Eso fue una cosa dolorosa. Dicen que el que no conoce a Dios ante cualquiera se hinca.

Pero cuando aprendes a amar a Dios por sobre todas las cosas le quitas un peso de encima a tu futuro esposo o a tu futura esposa, porque las mujeres también podemos llegar a ser castrantes en el momento en que ponemos a un hombre como nuestro dios porque no le permitimos fallar: “¿Cómo que te quedas sin trabajo? ¿Cómo que me vas a dejar? No, tú no me puedes fallar”. Pero es un humano, y el único que no falla es Dios.

El otro gran dolor fue la muerte de mi madre. Es muy doloroso perder a la persona que más te ama en este mundo.

– Elena, ¿cómo vives tu fe? Te vimos en comerciales, en telenovelas. Hay muchos que pueden ver a las actrices en los cielos, en lo alto. ¿Vas a Misa, rezas? Te lo pregunto porque los jóvenes pueden creer que es algo raro o nefasto rezar.

Vivo mi fe intensamente. Pienso, y después Dios me lo confirma. Tibio nada. O frío o caliente. O estás o no estás. Sí soy bastante radical, pero es que Jesús es radical; y si Él es nuestro ejemplo, no hay de otra. Hoy hablábamos de eso precisamente en Misa, y ya sé que algunos les parece  raro  y se preguntan: “¿Qué hace esta actriz aquí? ¿Se levanta tan temprano para ir a Misa?”.

Pero la Misa es mi alimento, pues no sólo de pan vive el hombre; y el Evangelio de este día habla de una mujer que realmente caminó en  Tierra Santa, en Jerusalén, María Magdalena; ella había conocido el perfecto  amor, al único Hombre que no la tocó, que la dignificó y la amó; y cuando ella ve que su Maestro muere, no podía vivir sin el perfecto amor; corrió y  de repente se lo encuentra resucitado. Creo que yo hubiera reaccionado igual: hubiera corrido.

Cuando yo tuve mi encuentro con Dios también corrí, corrí y me tuvieron que “amarrar” como unos seis meses porque era tanta mi emoción que yo se lo quería contar a todo el mundo: que el perfecto Amor, que Dios estaba vivo, que Jesús había resucitado.

En vano sería nuestra fe si Jesucristo no hubiera resucitado. Y cuando estás en esta búsqueda, y no te quieres conformar con lo que el mundo te ofrece, te das cuenta de que debe haber algo más. Pero con tus ojos naturales no lo vas a ver sino con los ojos de la fe, y la fe la encontrarás escuchando las promesas de Dios,  y las promesas de Dios las encuentras en el Evangelio. “¡Adelante! ¡Sigue avanzando! Ya sé que no Me puedes ver, pero Yo no fallo”.

¿Y cómo aplico todo esto a mi vida? Sin pesarlo, sin pensarlo. Siendo dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo. A veces no te das ni cuenta de lo que estás hablando porque simplemente es una convicción. Soy una mujer de convicciones firmes, y sé que esto me ha cerrado puertas; pero si estás en búsqueda de la verdad después ya no te vas a conformar.

Entonces simplemente comencé a compartirlo, a enamorarme, a querer saber más de ese Hombre que ha dado la vida por mí. En el momento en que yo empiezo a compartirlo yo no me cierro las puertas, sino son otros los que me las cierran, aunque no todos y por eso es que he podido seguir trabajando en programas muy lindos.

Algunos católicos me lo critican, porque todavía hago mis “Rositas de Guadalupe”; pero hay que ver que es muy bueno que todavía en televisión abierta haya un programa en el que hay un poquito de fe, aunque no tenga exactamente la doctrina. Pero este mundo necesita fe, y es una manera de seguir hablando de los milagros.

Ya tengo mucho tiempo trabajando con ellos, programas que se ven en toda Latinoamérica; pero además sigo en la publicidad para México y Estados Unidos. Y por iniciativa del Espíritu Santo formamos hace diez años la organización “Tranquila Corazón”, de la cual soy presidenta. Me pueden encontrar en redes sociales, y también en Youtube, donde también están los programas de manualidades de “Hágalo simple” de Utilísima. También ahí están mensajes de “Tranquila Corazón”.

¿Y qué hacemos en “Tranquila Corazón”? Simplemente profundizar en nuestra fe. Es que somos ignorantes, y no está mal aceptar que no sabemos. Por eso digo yo que ésta es la nueva evangelización, sin pena. Habrá quienes pasamos de noche el Catecismo. Y seamos madres, o no lo seamos, y tengamos 30, 40 o 50 años, hay que volver a entender, a profundizar, y voltear a ver a quien más nos ama en lugar de andar mendigando amor.

– A san Pablo nuestro Señor lo tiró del caballo y lo dejó ciego; ése fue su momento de quiebre. ¿El tuyo cómo fue?

Así, un “san-pablazo”. Yo pienso que sin búsqueda no hay encuentro; y dice la Palabra de Dios. “Si me buscas con todo tu corazón, Me encontrarás”. Claro que yo eso no lo sabía. Simplemente insisto: “Elena, ¿estabas buscando a Dios? No”. Ahora me dicen que sí lo estaba buscando pero que yo no lo sabía. Sí, probablemente. Yo sólo sabía que no me podía conformar con lo que este mundo me ofrecía. Y alrededor, eso es una tristeza, no había quién me hablara de mi fe; o al menos yo resulté una persona que quería saber más, y nadie me aclaraba nada.

En ese entonces estaba de moda la cábala; Madonna y otros artistas hacían cábala. ¿Qué es la cábala? Es como algo del Antiguo Testamento pero muy básico, y hablan de Dios y el universo, y eso me sonaba bonito. Así que fui. Creo que Dios decía: “Dale, mi niña, que Me estás buscando”. Entonces fui, pero una vocecita interior, que hoy sé que es el Espíritu Santo, me jalaba e invitaba a perseverar en mi búsqueda, y aunque yo no era una experta en teología sí tengo un gran sentido común.

Y entonces yo reflexionaba:” Jesús era judío y yo estoy enamorada del más judío de todos; además María era judía. Entonces qué bueno que vine aquí, con los judíos; pero yo no soy judía, y para mi Jesús es Cristo”.  Luego escuché la película del Papa Francisco en la que él afirma que para ser un buen católico primero hay que ser un buen judío. Entonces yo ataba cabos.

Yo regaño a los católicos en mis conferencias de “Tranquila Corazón”; les digo que me han enseñado mucho los miembros de las congregaciones evangélicas porque ellos no tienen pena de compartir nuestra fe, y es padrísimo cómo leen la Palabra de Dios y lo buenos que son para transmitirla. Cuando una está en esa búsqueda, es muy fácil quedarse en una de esas congregaciones, alejada de la Iglesia católica, precisamente porque gritan su fe, porque no tienen pena; no les importa que les digan fanáticos o “mochos”. Pero ningún católico me invitó a Misa, quizá por desconocimiento; porque no sabemos muchas veces ni siquiera por qué vamos, tal vez sólo por tradición, y no sabemos la maravilla que sucede en la Misa.

¿Pero quién sí se daba cuenta de que nadie me hablaba? Él, Dios. Y yo fui muchas veces a las congregaciones protestantes a ver qué pasaba ahí. Y cuando yo salía de alguna de estas congregaciones sentía alivio en el alma. ¡Claro!, mi fe católica después me lo confirmaría: “Una Palabra tuya bastará para sanar mi alma”. Ahí leía la Palabra de Cristo, pero me faltaba algo, y el Espíritu Santo me fue guiando a la Eucaristía, a mi Iglesia católica. ¡No hay necesidad de moverse! Simplemente hay que entender tu fe. ¿Por qué nos vamos a cambiar de religión cuando ni siquiera hemos entendido a nuestra Iglesia católica? Siéntate, escucha, aprende. Y si no te convence ya sabrá tú.

El Señor me llevó a la Eucaristía. Él era mi ejemplo, ¿y dónde da la vida? Pues en el altar.

Y ahí ocurrió que me enamoré. Tengo un noviazgo con alguien que está en un proceso de nulidad matrimonial, y estamos en Gracia, esperando la voluntad de Dios. Es la única manera que yo tengo para confirmar que es el hombre que Dios me envía.

– ¿Se puede tener un novio sin tener relaciones sexuales?

Sí, por supuesto que sí. Pero tienes que ser muy obediente, y amar la Gracia. Es lo que me enseño María, y es la verdadera libertad. Todos queremos ser libres, pero de alguna manera siempre andamos buscando a algún amo; qué belleza la verdadera libertad cuando Cristo te hace libre; yo lo grito. No soy adicta ni a una pastilla, ni al alcohol, ni a un alimento; no soy adicta ni a un hombre. Mi única “droga” es el Amor de Dios.

– Estamos  pasando por un tiempo en el que se le crucifica, se le sexualiza a la mujer de una forma perversa; y, según las cifras, son las adolescentes las que más abortan. ¿Qué les dirías a todas las mujeres que están en crisis, heridas por un desamor, una infidelidad, etcétera?

Chicas, pero también chicos, yo lo que les digo es que cierren los oídos a tantas cosas que nos dice este mundo y empiecen abrirlos a Dios. Hagan esta prueba: salgan a la calle y pregúntenle a todos si creen en Dios, y la mayoría responderá que sí. ¡Ojo!, hasta el Diablo cree en Dios.

La cuestión es quién es Dios para ti. Piensen, simplemente, por qué la Navidad. ¿Quién nació en Navidad? ¿Por qué la Semana Santa, que pasó en Semana Santa? Estamos hablando de Jesús. Acérquense a conocer a Jesús. Es un Nombre que pocos pronuncian. Cuando yo iba con los judíos se hablaba mucho de Dios, energía y universo, pero cuando yo comencé a pronunciar “Jesús” sí pasaban cosas, la gente se ponía en guardia, y yo me preguntaba.

“¿Por qué cuando pronuncio el Nombre de Jesús la gente se inquieta?”. Porque es el Nombre que está sobre todo nombre; pero, además, es el Nombre que te sigue confrontando; pero quien te ama es quien te dice la verdad. Y muchas veces vas a escuchar cosas que no te va a encantar escuchar, pero que son las que necesitas oír. Así que voltea a ver la cruz, y ahí vas a entender que Alguien dio la vida por ti.

Este mundo es maravilloso, no digo que no, pero aprende a discernir: a este mundo le interesa tu cuerpo, y a Dios y a nuestra santa Iglesia, que sigue siendo moderna y sigue siendo  joven, lo que le interesa es tu alma, y de nada te sirve ganar el mundo entero si te pierdes a ti mismo.

Dios dio la vida por ti en la cruz para que sepas lo valioso, lo maravilloso que eres para Él. Mujeres, Dios nos ama hasta recién levantadas.

– ¿Consideras que aún sigues aprendiendo?

Sí. Aprendí a amar a mi iglesia porque Cristo la amó hasta dar la vida por ella. Aprendí  también que todos somos Iglesia, que basta ya de dejarles las cosas nada más a las monjas y a los sacerdotes y decir que la culpa es de ellos; ¿qué estás haciendo tú?, porque hay que involucrarse. Cuando entiendo esto, comienzo a  interesarme por otras cosas, cosas más profundas del Magisterio, que me siguen preparando para poder ser de bendición a los demás.

El verdadero liderazgo es el servicio; el mejor líder de la historia, el mejor “coach” como ahora está de moda decir, es Jesucristo. Él te lleva a lugares donde nunca imaginaste estar.

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