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«Unorthodox» de Netflix y el mito moderno de la Ilustración

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La opinión del obispo Barron: Una «historia fascinante», pero que «no hace justicia ni a la religión ni a la cultura distintiva de la modernidad»

Unorthodox, una miniserie que se estrenó en Netflix hace unas semanas, es la historia de una joven que escapa de su opresiva comunidad jasídica en Williamsburg, Brooklyn, y que encuentra la libertad con un grupo de amigos acogedores en Berlín.

Ofrezco esta descripción de puntillas, porque, aunque representa un resumen bastante preciso de la narración, también insinúa la simplificación excesiva que hace que este drama ciertamente convincente y bien actuado sea más que un poco problemático.

El drama de Unorthodox se centra en Esty (interpretada por la asombrosa Shira Haas, que merece todos los premios de actuación que hay), una joven de 19 años que ha pasado toda su vida en un enclave jasídico. Su educación, sus amistades, su matrimonio, su sentido de sí misma, todo ha sido moldeado por las rigurosas tradiciones de su comunidad religiosa.

Su matrimonio con un joven llamado Yanky resulta ser infeliz, y cuando, a instancias de su madre invadente, Yanky exige el divorcio, Esty decide que ya ha tenido suficiente. Con la ayuda de una amable amiga, rompe con los lazos de su sociedad y se dirige a Berlín, donde su madre, muy alejada del mundo jasídico, tiene su residencia.

Allí, se encuentra con un grupo de músicos jóvenes y modernos que le presentan un mundo de arte, entretenimiento y libertad sexual que nunca había conocido. Cuando Yanky y su primo vienen a Berlín a buscar a Esty y llevarla a casa, la joven se resiste y encuentra apoyo en su círculo de amigos. Al final de la serie, ella atraviesa la puerta de Brandenburgo, dejando simbólicamente su antigua vida atrás, y se aventura, sonriendo, a su nueva libertad.

Los creadores de Unorthodox seguramente pretendían que esta historia fuera un Bildungsroman clásico, una historia sobre el camino a la madurez, pero también sospecho que pretendían que fuera algo más, es decir, una nueva versión del gran mito moderno de la ilustración.

Para muchos, lo moderno surgió después de una larga lucha con la tradición, especialmente en su expresión religiosa. Esto tomó la forma del avance de las ciencias físicas y el avance de la libertad individual contra, en ambos casos, la supuesta oposición del stablishment religioso.

Este mito es contado una y otra vez tanto en la alta cultura como en la cultura popular: en libros, ensayos, artículos, películas y programas de televisión. Es como si tuviéramos que recordar continuamente al enemigo que la modernidad enfrentó y contra la cual todavía lucha.

Lo que encuentro como persona religiosa es que este mito, aunque se repite constantemente, es agotador y simplista, y de hecho no hace justicia ni a la religión ni a la cultura moderna. Y me gustaría mostrar esto con la ayuda de un comentarista que era profundamente sensible a las cualidades de ambos, a saber, el pensador protestante del siglo XX Paul Tillich.

Una de las principales marcas de cualquier sociedad, argumentó Tillich, es una tensión entre las polaridades de lo que llamó «destino» y «libertad». El destino es lo que se nos da, antes de cualquier elección particular que podamos hacer. Por lo tanto, el idioma, la cultura, la familia, la religión, un tipo definido de encarnación y una forma convencional de pensar y comportarse son aspectos del destino de uno.

La libertad, por otro lado, es nuestra capacidad de decidir por nosotros mismos, determinar quiénes somos y cómo debemos comportarnos. Los dos subsisten en una relación mutuamente condicionante: sin libertad, el destino se vuelve realmente aplastante; pero sin destino, la libertad no tiene nada en qué apoyarse y, finalmente, ninguna dirección real.

Toda la vida está marcada por una cierta oscilación entre estas polaridades, afirmando una y otra en cada momento, y en este lado del cielo, nunca se alcanza un equilibrio perfecto.

Para volver a contar el mito del triunfo de la libertad sobre la tradición (destino), dado que muchas expresiones religiosas contemporáneas han perdido su carácter distintivo y se han convertido en pálidos ecos del consenso moderno, los narradores actuales tenían que encontrar formas particularmente opresivas de religiosidad para justificarse.

Por lo tanto, los productores de Unorthodox identificaron el judaísmo jasídico como una expresión dolorosamente dominante de la religión y lo usaron como un obstáculo para el viaje de su héroe hacia la liberación personal. Pero es precisamente esta forma de contar la historia lo que oscurece tanto y no respeta la sutil interrelación entre la libertad y el destino que, de hecho, marca cada cultura.

En todos sus pronunciamientos, en todas sus conversaciones, en todos sus movimientos, la compañía liberada de los amigos de Esty en Berlín revela que su valor supremo es la libertad, la capacidad de cada persona de encontrar su propio camino. Prácticamente todo está bien, siempre y cuando la persona en cuestión no se vea obligada a hacerlo en contra de su voluntad.

La implicación bastante clara es que la introducción de cualquier valor o conjunto de valores que puedan dirigir la libertad o darle forma se consideraría una imposición intolerable. Pero esto simplemente convierte a su sociedad en algo parecido a la sociedad de Esty en Williamsburg, que no era más que imposiciones y deberes, e igual de unilateral. Porque una libertad que no tiene relación con la búsqueda de sentido acaba, en poco tiempo, a la deriva.

Además, cuando todos en una sociedad están radicalmente dedicados al camino que elijan, terminamos sin una comunidad, sino una confederación de individuos con visiones a menudo competitivas de la buena vida. Aunque la sociedad jasídica de Esty es ciertamente excesiva y opresiva, me pregunto si sus amigos de Berlín no podrían haberse beneficiado enormemente de parte de la densidad, textura y propósito moral que encarna.

En resumen, recomendaría calurosamente ver Unorthodox. Es una historia fascinante y el personaje principal se presenta con gran sutileza psicológica. Pero no dejes que te adoctrine con respecto a la naturaleza de la modernidad y de la religión.

Artículo traducido y adaptado al español por Aleteia

Ficha Técnica

Título original: Unorthodox (2020)


País: Alemania


Dirección: Alexa Karolinski , Anna Winger, Maria Schrader


Guion: Deborah Feldman, Daniel Hendler, Alexa Karolinski, Anna Thomson, Eli Rosen


Música: Antonio Gambale


Reparto: Shira Haas, Jeff Wilbusch, Amit Rahav, Aaron Altaras, Tamar Amit-Joseph, Ronit Asheri, Dina Doron, Aziz Dyab, David Mandelbaum, Delia Mayer, Felix Mayr, Alex Reid, Eli Rosen

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