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La otra epidemia: el plástico vuelve a invadirnos

MASKA
De an Sun/Unsplash | CC0
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El plástico se convierte en material ‘estrella’ de protección pero frenar la contaminación por no gestionarlo bien es tarea de todos

En 2017, Justin Hofman hizo la foto: un caballito de mar abrazado a un bastoncillo. La imagen es todo un símbolo de la contaminación de nuestros mares por el plástico. Una lucha doble, la de reducir el uso de plásticos por un lado y la de controlar bien donde van a parar tras el mismo, que ahora vamos a tener que multiplicar. Porque la foto del caballito de mar envuelto en una mascarilla desechable, o asfixiado con un guante, está a punto de llegarnos. Material de protección contra el COVID tirado en las playas, en la calle, en el parque… Pero, ¿qué está pasando?

Objetivo 1 de la humanidad: ganarle la batalla a la covid-19. No hay duda. Pero no perdamos de vista el resto de los problemas que teníamos, que seguimos teniendo y que tendremos. Porque la propia batalla sanitaria nos ha traído una nueva forma de vida: la de la distancia física y la protección personal. Y es en ese escudo donde hemos tenido que tirar de algo a lo que le teníamos también declarada la guerra: el plástico.

Así que, sí, es verdad ha bajado la contaminación ambiental por el descenso de la industria y del tráfico rodado y aéreo pero ha vuelto a subir la contaminación por el uso de plásticos. Y ojo, que se puede evitar, si cumplimos con el paso correcto de desecho o reciclaje.

Por necesidad hemos tenido que recurrir a la producción de material plástico de usar y tirar.. Nos ayuda en lo que ahora necesitamos, porque hace de barrera. Bien, poner el plástico al servicio de la humanidad. Pero mal, desechar el plástico en contra de la naturaleza. Que hay formas de no hacerlo. Lo está recordando la ONU, que insiste en que la contaminación por la mala gestión de los residuos plásticos es, según un informe publicado en 2019, uno de los principales problemas ambientales del planeta. De hecho, se calcula que sólo en el Mediterráneo se desechan 570.000 toneladas de plástico.

El plástico es esencial para fabricar los EPI, los ya conocidos equipos de protección individual. También las mascarillas FPP, que cuentan con un filtro precisamente de fibras plásticas que ayuda a tamizar determinadas partículas para protegernos mejor. Los guantes, las gafas, las viseras, las pantallas protectoras. Hay plástico en los respiradores, en las mamparas…

En España, hace menos de un año se había empezado a cobrar por las bolsas de plástico en el comercio. Ahora es obligatorio, como en Italia, como lo ha sido en China, llevar mascarilla por la calle. Pero una cosa no debería ser enemiga de la otra. Se requiere más esfuerzo institucional –lo que incluye más gasto económico- para gestionar bien los residuos hospitalarios, cierto. Pero para hacerlo en casa sólo necesitamos más conciencia. Igual que estamos en la lucha de acabar con los plásticos en el supermercado, seamos consecuentes a la hora de tirar los plásticos de esta nueva forma de vida contra el COVID.

No dejemos las mascarillas tiradas en cualquier sitio. Van a la basura normal, al desecho. También los guantes. De hecho, hay ayuntamientos, como el de Roma que multan con hasta 500 euros por tirar estos materiales en la calle. Un informe de WWF señala que solo el 1% de las mascarillas se desechan de forma incorrecta, 10 millones de ellas estarían contaminando el medio ambiente al mes”.

Esta ONG ha lanzado una campaña llamada ‘Recoge el guante’ para fomentar la responsabilidad en los plásticos. Recuerda que se puede reducir el número de guantes lavándose las manos. Hablan de “un tsunami de mascarillas y guantes”. E insisten en que “el plástico que te protege también te puede matar”: “Arrojar las mascarillas y guantes a la calle o a la naturaleza y no tirarlos al contenedor adecuado es un acto incívico porque puedes contagiar y poner en riesgo a quienes trabajan en servicios de limpieza”.

Recuerda que al llegar al mar, mascarillas y guantes pueden ser confundidas con medusas con lo que tortugas y otros animales pueden comerlas y morir.

Pero además, crece el plástico que tenemos en casa estos meses. En España, un informe de la organización Española Ecoembes, centrada en el reciclaje, señala que se ha aumentado la cantidad de material en los contenedores amarillos, al que van los envases. Estamos comprando más productos de limpieza, desde gel hidroalcohólico a lejía. Greenpeace recuerda estos días –el viernes 5 es el día Mundial del Medio Ambiente-. que el uso de toallitas higiénicas ha crecido casi un 50% durante la pandemia.

El plástico es barato –más aún con el precio del petróleo en mínimos- pero esto no debe cambiar una concienciación que estaba plenamente arraigada en la sociedad pre-covid. La Unión Europea, estaba trabajando en una normativa para prohibir los plásticos de usar y tirar, que debía aplicarse en cada estado y que algunos han paralizado. Pero los países están preocupados por el aumento del plástico y la forma de desecharlo, incluso en esta situación de pandemia. No involucionemos en esto.

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