Aleteia

¿Pueden los Estados Unidos u otro Estado ser propietarios de la Luna?

MOON
Shutterstock | Gorodenkoff
Comparte

Existe el Tratado de la Luna, que crea las bases sobre las que un Estado puede explorar el espacio extraterrestre

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

Hablar de este tema en tiempos de pandemia por el Covid-19, no deja de ser extraño, pero acaba de reavivarse este tema por el lanzamiento del cohete tripulado por dos hombres el miércoles 27 co-financiado por la NASA y siendo la nave Space X del multimillonario y excéntrico norteamericano, Elon Musk, quien está sobre todo interesado en las expediciones al planeta Marte y dejar un día allí un centro científico permanente. El lanzamiento no pudo efectuarse el miércoles (televisiones en directo) a causa del mal tiempo.

¿Tiene la luna mucho o poco para explotar en favor de la humanidad?  Parece que poco. Según los expertos en la Luna encontramos el isótopo del gas noble Helio, el Helio-3, el cual posee una propiedad importantísima que es crear mucha energía a través de la fusión nuclear.

¿Esto sería suficiente? La Luna tiene pocos minerales, y entre estos pocos se citan el Itrio, que produce energía acústica, entre otras, y el Escandio, que produce energía lumínica. El Itrio y el Escandio son escasos en el planeta Tierra, y solo existen asociados con otros minerales y de difícil aislamiento.

Por otro lado, ¿cómo trasladar los minerales de la Luna a la Tierra? ¿A través de cohetes que van y vienen? No falta, como propone Fernando Luna, la idea de construir un cable de 35.000 kilómetros de longitud para abaratar los costes de transporte que uniera dos estaciones espaciales, en la Tierra y en la Luna.

En el caso de la Luna, la extracción de minerales –o sea de masa lunar– en cantidades importantes, podría producir un cambio en la masa del satélite que repercutiría también lógicamente en la Tierra por la disminución de peso lunar, peso al que se vería aumentado en nuestro planeta.

Volviendo a la idea inicial ¿alguien podría ser el propietario de la Luna o de Marte, o de otro planeta o satélite? Desde el punto de vista jurídico, existe el llamado Tratado de la Luna, que es como se conoce el Tratado sobre el espacio ultraterrestre o Tratado sobre el espacio exterior. Este tratado crea las bases sobre las que un Estado puede explorar y utilizar el espacio ultraterrestre.

El Tratado, que es de derecho internacional, aprobado por las Naciones Unidas –entró en vigor el 10 de octubre de 1967– establece que ningún Estado podrá tener el título de propiedad de un espacio extraterrestre, pues deberá compartirlo con los demás estados, con toda la humanidad. El Artículo II establece que «el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera». Queda claro.

Lo mismo que sus investigaciones, las cuales deberán compartirse, al menos en parte, con el resto de los estados. Prohíbe en estos espacios ultraterrestres el uso de bombas y armas atómicas o de destrucción masiva. Los fines de las investigaciones han de ser necesariamente pacíficos.

El problema está en que el Tratado llamado de la Luna solo lo ratificaron 17 estados de Naciones Unidas, aunque lo aprobaron. Porque una cosa es aprobarlo y otra es ratificarlo, que es cuando un acuerdo internacional se hace efectivo por quien lo ha firmado.

Algunos estados, como Francia, lo aprobaron, pero no lo ratificaron. Las grandes potencias, como Estados Unidos, China, India, Rusia y casi todos los estados de la Unión Europea no lo han ratificado. Donald Trump, siempre original, dijo que el Tratado no prohíbe la explotación y titularidad de empresas privadas e las explotación de recursos extraterrestres, pues está el principio de libertad de empresa.

La única persona que ha inscrito a su nombra la Luna fue el abogado, pintor y poeta chileno Jenaro Gajardo Vera. Inscribió en una notaría chilena, en 1954, su “posesión a la de sus antecesores del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475,99 kilómetros, denominado Luna, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, oriente y poniente: espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 oriente 1270 y su estado civil es casado. Talca”. Pero esta inscripción notarial no ha sido tomada en serio. El abogado, pintor y poeta murió en 1998, a los 78 años de edad en Santo Domingo (San Antonio) de Chile.

Hay una leyenda que dice que el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, le pidió permiso, en cuanto propietario de la Luna, y a través de la embajada en Chile, por el alunizaje del primer cohete tripulado que llegó a la luna, el Apolo XI.

En estos días que se celebran conmemoraciones y estudios sobre la encíclica del papa Francisco, “Laudato Sí”, suena raro que se debatan los temas de la Luna, cuando la Tierra precisa de muchos cuidados y está siendo tan maltratada por los habitantes del planeta, por los hombres, al no respetar esta “casa común”, los bienes de la Creación, que es lo primero a lo que los estados deberían destinar sus mayores esfuerzos económicos y científicos.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.