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Francia: Con la pandemia, los recursos de los monasterios se están agotando

© Abbaye du Pesquié

Les religieuses de l’abbaye du Pesquié (Ariège) fabriquent du fromage.

Bénédicte de Saint-Germain - publicado el 22/05/20

Como en otros países, las tiendas y la hostelería han estado semanas cerradas. En silencio, los monasterios y las abadías sufren de lleno los efectos de la crisis del coronavirus. ¿Cuál es el impacto económico para sus actividades, cuáles son sus perspectivas para los meses futuros? ¿Cómo podemos ayudarles?

“La economía del monasterio se detuvo completamente el 17 de marzo”, constata Gabriel Teissier, director de desarrollo de Via Caritatis, el proyecto vitícola de la abadía benedictina de Le Barroux (Vaucluse, Francia).

“La tienda es la principal fuente de ingresos de los monjes. Ha estado cerrada, igual que todas las tiendas que revenden los productos del monasterio. En lo referente al vino, la mayoría de los bodegueros ha detenido su actividad. Lo mismo en el caso de los restaurantes, que constituyen nuestra clientela básica, así como los hoteles. Todos nuestros circuitos de exportación también están cortados”.

Una situación tanto más preocupante cuanto que el futuro continúa obstruido para la hostelería y la restauración. Para vivir, los monasterios y las abadías fabrican productos variados. De alimentación (quesos, galletas, confituras, dulces, condimentos, aceites, vinos, charcutería…), de costura (ornamentos litúrgicos, de cortejos nupciales, edredones…), pasando por la imprenta y la artesanía religiosa.

Estos productos se venden habitualmente en sus tiendas, pero también en sus sitios web, en los de sus distribuidores (librerías religiosas, por ejemplo) o en otros sitios web como L’Artisanat monastique, Boutiques de Théophile, Eole-Agape, Comptoir des abbayes, Divine Box (abono a una cesta mensual de productos monásticos), etc.

No más obleas, demasiados quesos

@www.professionfromager.com
Los monjes benedictinos de Donezan, en los Pirineos, también fabrican varios tipos de queso.

La suspensión de las misas ha ido acompañada de la disminución de la producción de obleas. La cancelación de los matrimonios ha supuesto la suspensión de la impresión de invitaciones, de la pintura sobre cerámica (para regalos) y de todo lo relacionado con la preparación de los cortejos.

El aplazamiento de las fiestas de fe (primeras comuniones, procesiones de fe, confirmaciones) conlleva la paralización de la venta de productos religiosos: crucifijos, libros, imágenes, etc. Estos acontecimientos volverán, pero, mientras tanto, hay que mantenerlos sin volumen de negocio, como la gran mayoría de las pequeñas empresas o talleres de artesanía.

La situación de los monasterios que venden productos perecederos como galletas o quesos es también preocupante. Con el cierre de los hoteles y restaurantes a los que abastecen los afinadores, “hemos visto aumentar con angustia nuestro stock de quesos fermentados de leche cruda orgánica”, explica la madre Annuntiata, una de las administradoras de la abadía de Pesquié (Ariège, Francia).

Hay iniciativas territoriales con muy buena acogida, como la creación de un sistema de reparto a domicilio de productos de proximidad (el llamado drive fermier) por la cámara de agricultura local, que permite ciertas ventas.

Otra operación organizada por los astutos creadores de Divine Box ha permitido también agotar en unas pocas horas las reservas de quesos de las abadías de Échourgnac (Dordogne), de Pesquié y de Donezan (Ariège): un total de 1700 kilos. Pero como las vacas siguen produciendo leche, urge que los circuitos de venta habituales se restablezcan y que las ventas por correo se multipliquen.

Las hospederías monásticas, desesperadamente vacías

Los alojamientos monásticos tampoco han escapado a la crisis. Tienen una gran fuente de ingresos en los periodos de la Cuaresma y la Pascua, que aumentan el número de visitantes en busca de retiros.

Pero esta actividad de hospedaje se ha detenido de la noche a la mañana. Y no está lista para reanudar la marcha, ya que todos los retiros de profesión de fe, de confirmación, de preparación para el matrimonio, han sido cancelados.

Los gerentes han tenido que movilizarse para encontrar soluciones para sus empleados externos. “La actividad está congelada, pero las deudas siguen aumentando: facturas de seguros, reembolso de préstamos eventuales…”, explica el hermano Matthieu, responsable de la hospedería y de la tienda de la abadía de Mondaye (Calvados, Francia).

“Tenemos que aplazarlo todo y diferir el pago de los cargos. Los hermanos de Prémontré, que no son asalariados, no pueden beneficiarse del paro parcial. Pero lo que nos inquieta sobre todo es la falta de claridad en el futuro”.

Algunas tiendas monásticas que venden productos de primera necesidad en Francia ya han reabierto por petición de los alcaldes, como en El Barroux y en Oelenberg (Alto Rin), pero los clientes no están acudiendo precisamente en tropel.

La misión de intercesión de los monasterios no conoce la crisis

“Pasamos el tiempo rezando”, declara fray Matthieu. “Nos confían intenciones, celebramos misas particulares para tiempos de pandemia, pedimos por unos y otros. ¡Incluso los servicios funerarios nos han pedido que recemos por ellos!”.

“A través de nuestras inquietudes, comulgamos con todos los que tienen preocupaciones por sus empresas y sus empleados”, confiesa la madre Annuntiata. “Cargamos con todo eso en la oración. Compartimos el afán de muchos de volver al trabajo lucrativo. ¡Pero cuánta responsabilidad tiene cada uno! Algunos quizás se encuentren en situaciones difíciles, incluso imposibles de desenmarañar, están amenazados por el paro, mientras que otros ya han tenido que cerrar su tienda o pedir un préstamo para pagar a sus empleados… ¡Que el Señor nos dé la fe que mueve montañas!”.

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