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Cómo celebrar en casa el 17 de mayo, sexto domingo de Pascua

FAMILY PRAYERS

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Aleteia Team - publicado el 15/05/20

La celebración de la Resurrección de Jesús continúa en las siete próximas semanas de Pascua hasta culminar en Pentecostés. Durante este tiempo de confinamiento Aleteia, en colaboración con la revista Magnificat, sigue ayudándole a celebrar la Palabra de Dios en casa.

Guía general a la celebración

  • Si usted se encuentra solo, es preferible leer las lecturas y oraciones de la misa de este domingo (que también podrá encontrar en esta guía) o seguir la misa por televisión o en Aleteia a través de esta página especial creada porAleteia para Semana Santa. Esta celebración requiere al menos la participación de dos personas.
  • Puede escogerse el horario más conveniente, entre la tarde del sábado hasta la tarde del domingo.
  • Esta celebración se adapta particularmente a un marco familiar, de amistad o de vecinos. Ahora bien, en el respeto de las medidas del confinamiento, es necesario verificar si está permitido invitar a los vecinos o amigos. En todo caso, durante su celebración, deberán respetarse estrictamente las consignas de seguridad.
  • Se ha de colocar el número de sillas necesario ante un espacio de oración, respetando las distancias establecidas por las autoridades.
  • En la medida de lo posible se renovará la decoración del espacio de oración: estatuas, imágenes, iconos, velas, flores… Para subrayar el carácter festivo, se podrán añadir dibujos de los niños, flores de papel, huevos de colores, e incluso bellas guirlandas de Navidad.
  • Una cruz o un crucifijo deberá siempre ponerse en el fondo.
  • Se encenderán una o varias velas, que deberán colocarse en un soporte incombustible (por ejemplo, un plato de porcelana o cristal). Al final de la celebración, se apagarán las velas.
  • Se designa a una persona para dirigir la oración, quien establecerá la duración de los momentos de silencio y preparará la celebración.
  • Se designan los lectores para las diferentes lecturas.
  • Los presentes pueden preparar las oraciones de los fieles (aquí se propone una fórmula). Se pueden preparar cantos apropiados.

*

*    *

SEXTO DOMINGO DE PASCUA
Celebración de la Palabra
«Si me aman, cumplirán mis mandamientos», dice el Señor

Nos sentamos.  La persona que guía la celebración toma la palabra:

Hermanos y hermanas,
en el Evangelio de Juan, Jesús nos dice este domingo:
“Si me aman, cumplirán mis mandamientos».

Amar a Jesús quiere decir
amarle como él quiere que le amemos,
no como a nosotros se nos antoja.  

¿A qué mandamientos se refiere?
Hay uno que conocemos bien,
 el «mandamiento nuevo»,
que Él nos dejó como testamento:
«Ámense unos a otros; como yo los he amado».

Ahora bien, para que podamos amarle de verdad
Jesús nos pide que vivamos sus «mandamientos», en plural…
¿Acaso Jesús nos ha dejado otro mandamiento nuevo?

En su primera carta, el apóstol Juan
nos ilumina sobre el segundo mandamiento de Jesús.
En realidad, se trata de su primer mandamiento.
Este primer mandamiento nuevo consiste en creer en Él,
como Hijo de Dios y como Salvador nuestro.

Hermanos y hermanas,
en estos días en los que nuestro amor a Jesús
no puede recibir la Comunión, su presencia real,
escuchemos lo que nos dice en su Evangelio
para que podamos tener la certeza de demostrarle nuestro amor.

El guía hace una pausa de un minuto de silencio y continúa diciendo:

Jesús,  hjo de Dios, Salvador nuestro,
en este domingo no podemos
celebrar la Eucaristía,
pero tú nos pides actualizarla
amándonos los unos a los otros
como tú nos has amado.

R/.Amén

Después de un momento de silencio,
todos hacen la señal de la cruz, diciendo: 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

El guía de la celebración sigue diciendo: 

Para prepararnos a acoger la Palabra de Dios
y de este modo se convierta en motivo de purificación para todos nosotros,
reconozcamos con humildad nuestros pecados.

Sigue el rito penitencial:

Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra ti.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación.

Que Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados,
y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

Se pronuncia o canta:

Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.

Recitamos el Gloria.

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros,
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre. 

Amén.

Gloria in excelsis Deo,
et in terra pax hominibus bonae voluntatis.
Laudamus te,
Benedicimus te,
Adoramus te,
Glorificamus te,
Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam,
Domine Deus, Rex caelestis, Deus Pater omnipotens.
Domine fili unigenite, Jesu Christe,
Domine Deus, Agnus Dei, Filius patris,
Qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram.
Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis.
Quoniam tu solus sanctus,
Tu solus Dominus,
Tu solus Altissimus, Jesu Christe,
Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris. Amen.

ORACIÓN
El guía de la celebración recita la siguiente oración:
Dios todopoderoso,
concédenos continuar celebrando
con incansable amor
estos días de tanta alegría
en honor del Señor resucitado,
y que los misterios que hemos venido conmemorando
se manifiesten siempre en nuestras obras.
Por Jesucristo nuestro Señor,
R/.Amén

Nos sentamos. El lector asignado lee la primera lectura.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (8, 5-8. 14-17)

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. La multitud escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Éstos, al llegar, oraron por los que se habían convertido, para que recibieran el Espíritu Santo, porque aún no lo habían recibido y solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan impusieron las manos sobre ellos, y ellos recibieron el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

R/. Te alabamos, Señor.

El mismo lector u otro asignado lee el Salmo 65.

SALMO RESPONSORIAL

Las obras del Señor son admirables.Aleluya.

R/. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.

Que aclame al Señor toda la tierra.
Celebremos su gloria y su poder,
cantemos un himno de alabanza,
digamos al Señor: “Tu obra es admirable”.

R/. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.

Que se postre ante ti la tierra entera
y celebre con cánticos tu nombre.
Admiremos las obras del Señor,
los prodigios que ha hecho por los hombres.

R/. Los obras del Señor son admirables. Aleluya.

El transformó el mar Rojo en tierra firme
y los hizo cruzar el Jordán a pie enjuto.
Llenémonos por eso de gozo y gratitud:
El Señor es eterno y poderoso.

R/. Los obras del Señor son admirables. Aleluya.

Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen,
y les diré lo que ha hecho por mí.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su gracia.

R/. Las obras del Señor son admirables. Aleluya.

El lector encargado de la segunda lectura se levanta para leer,
mientras el resto de la asamblea permanece sentado.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro(3, 15-18)

Hermanos: Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, dispuestos siempre a dar, al que las pidiere, las razones de la esperanza de ustedes. Pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia. Así quedarán avergonzados los que denigran la conducta cristiana de ustedes, pues mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado.

Palabra de Dios.

R/.
Te alabamos, Señor.

EVANGELIO
Para aclamar el Evangelio, cantamos el Aleluya triunfal.
Todos se ponen de pie.
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

«El que me ama, cumplirá mi palabra», dice el Señor;
«y mi Padre lo amará y vendremos a él».
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.
El lector establecido lee el Evangelio,
mientras los presentes permanecen de pie.
Lectura del santo evangelio según san Juan (14, 15-21)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Todos aclaman:

R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

Todos se sientan. El guía repite lentamente,
como si se tratara de un eco lejano:

«Si me aman, cumplirán mis mandamientos», dice el Señor.

Permanecemos tres minutos en silencio de meditación personal.

Nos levantamos para profesar el Credo.

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL

Si los presentes han preparado las intenciones de oración, pueden presentarlas en este momento.
Si no se han preparado, pueden elevarse estas oraciones que aquí presentamos. El guía de la celebración dice:

Hermanos, alegres por la resurrección del Señor Jesús, oremos junto a toda la Iglesia diciendo:

R/. Te rogamos, óyenos.

Para que la Iglesia contribuya a la promoción y liberación evangélica de nuestra sociedad. Oremos al Señor.

R/. Te rogamos, óyenos.

Para que, con actitud de misericordia, el Papa y nuestro obispo testifiquen que Cristo ha vencido el pecado y nos ha merecido la vida verdadera. Oremos al Señor.

R/.
Te rogamos, óyenos.

Para que el Espíritu Santo derrame abundantemente sus dones en los que han sido incorporados a la Iglesia y los haga testigos del evangelio. Oremos al Señor. R/ Para que exista entendimiento entre todos los hombres, naciones y razas. Oremos al Señor.

R/. Te rogamos, óyenos.

Para que los misioneros, médicos, maestros y todos los que sirven a los más necesitados experimenten su recompensa en Cristo. Oremos al Señor.

R/. Te rogamos, óyenos.

Para que nuestro amor sea generoso y no pongamos barreras a lo que la caridad nos exige. Oremos al Señor.

R/. Te rogamos, óyenos.

Pueden elevarse otras intenciones de oración. A continuación, el que guía la celebración dice:

Escucha nuestras oraciones, Señor, enséñanos a amar y a permanecer unidos a ti, para que un día podamos disfrutar de la gloria que Cristo nos mereció. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

PADRE NUESTRO

El que guía la celebración introduce el Padre Nuestro.

Fieles a la recomendación del Salvador,
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:

Se reza o canta el Padre Nuestro:

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

E inmediatamente todos proclaman:

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

El guía sigue diciendo:

Acabamos de unir nuestra voz
a la del Señor Jesús para orar al Padre.
Somos hijos en el Hijo.
En la caridad que nos une los unos a los otros,
renovados por la Palabra de Dios,
podemos intercambiar un gesto de paz,
signo de la comunión
que recibimos del Señor.

Todos intercambian un gesto de paz. Si fuera necesario, siguiendo las indicaciones de las autoridades, este gesto puede hacerse inclinando profundamente la cabeza hacia el otro o, en familia, enviando un beso a distancia con dos dedos en los labios.
Nos sentamos.

COMUNIÓN ESPIRITUAL

El guía dice:

Dado que no podemos recibir la comunión sacramental,
el Papa Francisco nos invita apremiantemente a realizar la comunión espiritual,
llamada también “comunión de deseo”.

El Concilio de Trento nos recuerda que
“se trata de un ardiente deseo de alimentarse con este Pan celestial,
unido a una fe viva que obra por la caridad,
y que nos hace participantes de los frutos y gracias del Sacramento”.

El valor de nuestra comunión espiritual
depende, por tanto, de nuestra fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía,
como fuente de vida, de amor y de unidad,
así como de nuestro deseo de comulgar, a pesar de las circunstancias.

Podemos ahora  inclinar la cabeza,
cerrar los ojos y recoger nuestro espíritu.

Pausa en silencio

En lo más profundo de nuestro corazón,
dejemos crecer el ardiente deseo de unirnos a Jesús,
en la comunión sacramental,
y de hacer que su amor se haga vivo en nuestras vidas,
amando a nuestros hermanos y hermanas como Él nos ha amado.

Permanecemos cinco minutos en silencio en un diálogo de corazón a corazón con Jesucristo.
Podemos aclamar o cantar el Aleluya.

Aleluya, aleluya, aleluya.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

Todos juntos mirando hacia la cruz,
piden la bendición del Señor:
La persona que guía la celebración, con las manos juntas, 
pronuncia en nombre de todos la fórmula de la bendición:

Que el Señor nos bendiga
y nos guarde.

R/. Amén.

Que el Señor nos mire con agrado
y nos cubra con su amor.

R/. Amén.

Que el Señor nos muestre su favor
y nos conceda la paz.

R/. Amén.

Todos hacen el signo de de la cruz. Los padres podrán trazarlo en la frente de sus hijos.

Es posible concluir la celebración elevando un cántico a la Virgen María.

Regina caeli, laetare, alleluia,
quia quem meruisti portare, alleluia,
resurrexit sicut dixit, alleluia;
ora pro nobis Deum, alleluia.

Reina del cielo, alégrate, aleluya.
Porque aquel a quien mereciste llevar, aleluya,
resucitó según su palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

*

*     *

Para seguir santificando la Resurrección del Señor, Aleteia presentará para cada domingo y fiesta del tiempo pascual propuestas para la celebración de la Palabra en casa. De este modo, usted podrá seguir celebrando el día del Señor en tiempo de confinamiento para la gloria de Dios y la salvación del mundo.

Para seguir santificando cada día, ayudará mucho la renovación de la venerable tradición de las vísperas en familia, hacia el final de la tarde, siguiendo la Liturgia de las Horas, o podrá recitarse la Oración de la tarde, que puede consultarse aquí.

Usted podrá encontrar de manera gratuita otros recursos tanto en la página deAleteiacomo en la de Magnificat.

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