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Quiero ser una madre que reza

FAMILY PRAY

Halfpoint | Shutterstock

Cecilia Zinicola - publicado el 13/05/20

La oración es un componente clave que revitaliza, da paz y nos hace más felices en la tarea de la maternidad

Dicen que las oraciones de las madres son las más poderosas porque hay un amor puro e incondicional en ellas. En su libro «31 días para ser una mamá feliz» Arlène Pellicane anima a las madres a recurrir a la oración al ser una clave para encontrar felicidad en el día a día con los hijos. Después de todo si no lo hacemos nosotras, ¿quién lo hará?

En medio de la pandemia muchas madres han decidido dar ese paso de fe con firmeza, pero al mismo tiempo con los niños en casa todo el tiempo se torna algo difícil poder gestionar el tiempo y encontrar el momento indicado. ¿Cómo podemos ser madres que rezan?

Aprovechar oraciones improvisadas durante todo el día

No importa si no son las palabras más elocuentes, si son con el corazón. No te intimides por las palabras o fórmulas. Dios acepta todas las oraciones sinceras y podemos ir llenando nuestro día con momentos para alabar, confesar, pedir perdón, dar gracias e interceder por las necesidades de nuestros hijos incluso en el silencio.

Cuando eres mamá muchas veces no puedes sentarte ni 15 segundos para hacer una oración, pero las pequeñas frases como “Dios, ayúdame”, “dame sabiduría en este momento” o “¿qué debo decir ahora?” se convierten en recursos muy útiles.

Cuando menos te des cuenta estarás viviendo una oración constante y respirando palabras dirigidas al cielo. Incluso puedes ser algo estratega y pensar en esos lugares donde sepas que puedes decirlas con seguridad: al levantarte, en el coche, en la ducha, etc.


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Rezar cuando los hijos comienzan a descontrolarse

Hay miles de cosas que podemos hacer, pero muchas escapan a nuestro control y que mejor que buscar ayuda. Sabemos que los niños muchas veces necesitan que estemos con ellos, pero las mamás también necesitamos saber que no estamos solas tampoco.

Cuando los hijos pasan momentos de locura, no somos las únicas madres con este problema. Habrá momentos en que las cosas se pondrán difíciles, pero tenemos una garantía: cuando el corazón se quiebra, Dios nos ayuda a ser mejores y tenemos la oportunidad de poder entregarle eso que nos supera.

Para esos momentos de toma las malas decisiones o errores de nuestros hijos, recurre a Dios. No podemos vivir la vida por ellos o asumir sus responsabilidades por sus actos, pero podemos rezar para que puedan salir fortalecidos de esas situaciones, encontrar paz y aprender lo que necesitan.

Consultar a Dios antes que a Google

Google nos ayuda tantas veces cuando queremos saber algo: buscar información sobre el coronavirus, saber cómo tratar el estrés y tantas cosas más. No hay nada de malo sobre buscar información online, pero el problema aparece cuando buscamos sólo a Google o incluso antes que a Dios intentando reemplazarlo.

No todas las respuestas a nuestros dilemas familiares están en Google. Ante de recurrir a las redes, es sabio buscar a Dios primero. Si pasamos el día solo en comunicación con dispositivos, difícilmente podamos nutrirnos de lo divino.

Pregunta a Dios qué hacer, dónde buscar primero y luego recurre a la tecnología porque la verdadera ayuda vendrá de Él. Tenemos que darle un espacio desde el comienzo. Cuando te levantes por la mañana y atines a mirar el móvil, primero dirígele una oración ofreciendo tu día. Dios es la fuente de sabiduría para la familia y pondrá todos los medios necesarios.

Aprender a mirar más allá de lo terreno 

Con una mirada profunda de la vida podemos ser capaces de encontrar mucha gracia en nuestros días más allá de pañales, tareas escolares y comidas. Con los pies en la tierra, pero con los ojos en el cielo. En un punto será importante preguntarnos qué es lo que estamos haciendo como madres para el desarrollo interior de nuestros hijos y enseñarles a mirar también más alto.

Las mamás somos las que podemos guiarlos a mirar hacia la eternidad y que sepan que lo que hacemos por ellos es para ayudarles a acercarse a Dios y ser más felices. Porque cuando ellos son felices, nosotras también lo somos. Con esta mirada sabemos que nuestros hijos, pase lo que pase, siempre estarán acompañados.

Ayudarles a mirar a lo infinito puede no ser fácil en un mundo superficial, inmediato y lleno de cosas, pero es una mirada importante que nos permite entender que tal vez las cosas necesitan un tiempo, que Dios quiere mostrarnos o enseñarnos algo con una situación o que tenemos que movernos para buscar respuestas. Esto es lo que permite que en medio de una pandemia, podamos ver más allá de un virus y percibir un aprendizaje de vida.

Consultar a otras mamás que están en grupos de oración

Reunirse con otros grupos de madres que rezan por sus hijos puede ser una buena idea. Y si no conoces ninguno, podrías buscar aliarte con madres que tengan esta misma inquietud en el colegio, en la parroquia o en otras actividades que sus hijos comparten con los tuyos para apoyarnos mutuamente.

Hay personas en nuestro círculo que tal vez quieran rezar por sus hijos y no saben cómo. Pueden unirse con este propósito de rezar los unos por los otros en cadena de oración desde las intenciones más simples como pasar un examen satisfactoriamente así como protegerlos contra la pornografía o las amistades peligrosas.

Lo que es seguro es que siempre habrá otra mamá que necesita la oración. Esto será de gran apoyo cuando la situaciones se tornen difíciles, y sabrás que puedes recurrir a ese banco de oración y también apoyar a otros como compañeros del colegio o amigos de tus hijos también que son quienes los rodean o pasan mucho tiempo con ellos.

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