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Este es el momento: ¿Cómo crear el mundo que soñamos?

Alan Levine | cc licensed ( BY-SA )

Carlos Padilla Esteban - publicado el 13/05/20

Es posible el cambio, ¡seguro!

No quiero vivir hibernando, esperando a ver si pasa la tormenta y todo vuelve a ser como antes. No quiero vivir escondido en mi gruta, soñando con la primavera. No quiero vivir entre nubes añorando el sol del verano.

Llevo prendidos en el alma la luz de un nuevo día, todos los sueños imposibles que he soñado algún día y un agua pura que me limpia por dentro.

No quiero vivir centrado en mí en medio de tantos dolores ajenos, pensando sólo en lo que a mí me falta, sería muy triste vivir así muriendo.

Siento que este viento ha barrido todo lo que era seguro y se ha llevado tanta contaminación del mundo, de mi alma. Y ahora me arrodillo conmovido ante Dios con las manos vacías y el alma inquieta.

PERU
Claudia Alejandra Mora Abanto

He dejado a un lado tantas preocupaciones absurdas de antes, tantos miedos infantiles que carcomían el alma, tantos deseos de mundo que me agotaban por dentro.

Quizás mis seguridades estaban puestas en el lugar equivocado. Tengo ahora el corazón nuevo, no sé muy bien cómo. Vivo agradecido al mismo tiempo que lloro las ausencias y me duele todo por dentro. Comenta el padre José Kentenich:

«¡Cómo se fortalecerá entonces nuestra fineza de alma si aguzamos el sentido para los dones de Dios y para el agradecimiento! ¡Que te demos gracias con cada respiración!».

Quiero vivir agradecido, con el corazón en paz. Veo que la vida me ha dado mucho más de lo que merezco y me ha quitado tal vez lo que no era tan necesario, o lo que no me permitía volar más alto.

Sé que no merezco nada, todo es un don, lo asumo, soy sólo un niño. Agradezco conmovido todo lo que me ha ocurrido.

RIO DE JANEIRO
CARL DE SOUZA | AFP

¿Es posible darle gracias al cielo con lo que está pasando? He llegado a pensar quizás que todo en mi vida era perfecto. Vivía muy rápido, muy en la superficie de las cosas.

Y tal vez me he olvidado de lo que podía ser mejor, si yo luchaba por cambiarlo. Me he vestido con la piel más terrena, la más mundana. Y me he confundido en ese paisaje confuso de tantos rostros.

Sé que conservar la gratitud en el alma sólo puede ser un don de Dios en mi vida. Necesito reconocer cada día que soy un necesitado de un amor infinito que me desborde.

Quiero esa mirada pura que me permita ver todo lo que Dios me ha dado. Soy un privilegiado de la vida, me olvido a veces. Lo tengo todo en mis manos, justo ahora que lo he perdido todo.

¿Lograré ser distinto al salir de mi cueva después de tanto invierno? ¿Seré mejor persona, más maduro, más de Dios, más niño? Comenta Sor Verónica, fundadora de Iesu Comunio:

«El enemigo letal es la falta de sentido. Nuestra expectativa no es tener vida y salud. Vivir para sobrevivir es una elección de muerte. Dejo de vivir el presente como un instante consagrado a Dios. Sólo el amor lo explica todo. A veces creo que puedo hacerlo todo sin Dios. Pero cuando el hombre elimina a Dios de su horizonte entra en el vacío y la desesperanza. Sólo el hombre que deja que Dios sea Dios en su vida será libre y feliz. Este tiempo podía ser una alerta para crear el mundo que Dios y nosotros soñamos».

Quiero vivir con un sentido, agradecido, no quiero vivir sobreviviendo. Ahora puedo construir el mundo que he soñado. Ahora puedo ponerme manos a la obra con otros, no solo, porque he soñado con muchos.

Puedo hacerlo porque está en mi alma el deseo de vivir de una forma diferente el resto de mis días. Dejo de lado lo que me quita la vida poco a poco. Y abandono mi piel pasada para revestirme de Jesús cada mañana. Elijo vivir el presente:

«Si vivimos el presente recibimos la gracia para cada día dejar el pasado en la misericordia y futuro en la providencia».

No me quedo anclado en el pasado. No me angustio pensando en lo que ha de venir. La vida no está en mis manos, lo sé, he comprobado su fragilidad.

Pero mi actitud marca el camino que recorro por nuevas sendas nunca antes holladas. Estoy seguro, es posible el cambio. Hacer las cosas de forma diferente.

Si sonrío agradecido todo cambia a mi alrededor. Si me hundo en la queja constante creo atmósfera de pantano con mis juicios.

ASERTYWNOŚĆ
Paige Cody/Unsplash | CC0

Si soy solidario tengo otra mirada. Dejo de buscar mi felicidad, buscando la de los otros. Acompaño las lágrimas del que sufre. Y comparto con el que ríe sus sonrisas.

PROJEKT A PAULO
fot. Michał Kasprzykowski

Me pongo manos a la obra dispuesto a hacer cosas que antes no sabía. Ahora he aprendido como un niño. Siempre atento a los cambios. A la vida.

Estoy dispuesto a ser alumno, discípulo. Basta con querer aprender lo que no conozco. Romper los rígidos esquemas que me atan. Dejar a un lado mis prejuicios.

Servir lavando los pies de mi hermano. Sin pensar que es humillante lo que hago. Salvar vidas en lo cotidiano, sin colgarme premios ni medallas.

Ser uno más en una masa que camina unida hacia su Maestro, sin querer tenerlo todo controlado. Sin temer que me lo quiten todo.

Porque no pienso dedicarme a acumular seguridades. No quiero pensar que si las pierdo nunca más seré feliz entre los hombres. La vida pasa, el tiempo se escurre y yo me dejo hacer por Dios entre sus manos.

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