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La vida se regala en medio de las muertes

MINDY BROCK, BEN CAYER

Nicole Hubbard/Associated Press/East News

Carlos Padilla Esteban - publicado el 12/05/20

Es posible entender sufriendo que muchas cosas no son para siempre, que todo vale la pena...

Tiene el viento siempre algún mensaje de eternidad. En mitad de la tormenta que atravieso vislumbro luces de estrellas. En medio de las nubes y la falta de luz.

Como si todo de repente tuviera un valor distinto. Y las horas valieran más ahora o quizá menos, depende de mí, de lo que hago con ellas.

Ya no sé bien si avanzo o retrocedo. Llevo en mi corazón una luz pintada, un cielo abierto. Para descubrir mundos nuevos a partir de lo viejo.

Dentro de cada cruz hay un misterio encerrado, y una esperanza de vida para siempre.

GoneWithTheWind | Shutterstock

No sé muy bien lo que expresan estas estrellas que rompen la noche. No sé muy bien si tengo que cambiar todo o solo una parte de mí mismo para seguir viviendo. Al fin y al cabo, antes sólo sobrevivía en medio de mis prisas.

No sé muy bien si saldré de esta igual que antes, o algo, eso espero, habrá cambiado para siempre. No quiero tomar decisiones precipitadas, cambiarlo todo, dejar lo de antes.

Quizás es que ahora nada está tan claro. Puede que tampoco antes lo estuviera. No me queda más remedio que mirar al cielo con ojos de niño y ponerle un nombre a cada estrella.

O buscar la mía, la de mis sueños. Y esperar muy quedo alguna señal propicia. Y confiar con la inocencia de los niños.

Sé que si no confío viviré amargado el resto de mis días. Y es por eso por lo que me levanto dispuesto cada día a comerme el mundo. Aunque nada consiga, sino aumentar mi sonrisa.

Y abrazar las nubes que se escapan nerviosas de mis brazos. Y levantar el aire provocando vientos nuevos que limpien el horizonte. Y abrazar tranquilo los árboles que me indican que todo necesita tener raíces muy hondas para seguir viviendo.

Espero no perder nunca el equilibrio que ahora tengo. Y súbitamente comprendo que, así como en el árbol, el tamaño del tronco tiene que corresponder con las raíces profundas. Para que no se tambalee en medio de las tormentas.

TREE
Brandon Bourdages|Shutterstock

Es así como debe ser mi alma en comparación con toda esa vida mía que se desparrama ante mis ojos. He decidido por eso cavar muy hondo cerca de la puerta de mi casa. O mejor dicho dentro de ella, que es lo que me toca.

Y esperar confiado a que el tiempo pase y llegue el verano, o el otoño. No sé por qué tengo tantas ganas de volver al pasado cuando me duele el alma.

¿Acaso no son buenos los cambios en la vida que llevo? ¿Acaso todo esto no traerá algo bueno que me ayude a cambiar la mirada y el corazón? Eso espero.

Pero tengo miedo del dolor. Me asusta sufrir más de lo necesario. Tiemblo ante lo desconocido cuando se derrumban todas mis seguridades. Mi salud, mi tierra, mis sueños, mis planes.

A veces temo que pueda la oscuridad de la noche nublar mis ojos. Tengo claro que nacerá un nuevo día al irse las estrellas. He descubierto que de tanto excavar la tierra, mis manos se llenaron de heridas.

Y no me importa tanto el dolor de ahora si pienso en un mañana mejor, más sano, más libre, más de Dios. Porque tal vez no era tan bueno lo que tenía antes. No era tan necesario, ni tan valioso, como yo mismo pensaba.

UPSET
gallofilm | Shutterstock

Aunque es verdad, que muchos sueños se han roto dentro del alma. Y a veces navego perdido por un mar sin rumbo. Con las velas rajadas y el mástil roto.

Y confío en que un viento lleno de esperanza, al azar quizá, o puede que providencialmente, me conduzca nervioso hacia un seguro puerto.

No dudo de la vida que Dios me ha regalado en medio de mis muertes. Y sé que estando cerca de Él todo será más fácil. Y sonreiré a la vida seguro de que nada alterará sus planes.

KSIĄŻKI DLA DZIECI
Vasilyev Alexandr | Shutterstock

Llevo en el alma dentro el dolor de tantos. No sé cómo me caben tantos nombres y vidas. Solo sé que de repente empezaron entrando. Dejé la puerta abierta.

Quizás fue solo un despiste y entraron de repente nombres, vidas y vínculos. Y el corazón amando, aprendió a ser amado. Qué curiosa la vida que me enseña sufriendo a comprender que todo ha valido la pena.

Los días y las noches. Los meses ya pasados.

Y ahora se detiene de pronto todo ante mis ojos, y comprendo que muchas cosas no son para siempre. La vida cambia y el corazón se queda anclado como roca muy dentro de mi alma.

Sé que sueño tanto porque he amado mucho. Y sé que espero mucho sin exigirle nada a la vida que Dios me vaya dando.




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