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La fe arrasa con todo, incluso alcanza a los exitosos rockeros postmodernos

LOUD KRAZY LOVE

Bosco Films

José Luis Panero - publicado el 29/04/20

Loud Krazy Love es un testimonio de amor de un padre, pasado de vueltas por las drogas y el alcohol, que no sabe ejercer el oficio, y que arrastra a su hija a un pozo de perdición. Sólo la fe y la confianza en Dios los transformarán. Ideal para trabajar con familias disfuncionales

Tras la situación irregular de distribución de cine en España, la distribuidora Bosco Films ha decido estrenar su segunda película también en formato online, tras su exitoso filme de animación El progreso del peregrino. Así las cosas, desde el pasado 24 de abril se puede visualizar en las pantallas domésticas este documental de creación musical, Loud Krazy Love, en https://loudkrazylove.es/, trabajo dirigido por Trey Hill y Scott Mayo. Este último, también es responsable del guión y del diseño de fotografía.

Por su parte, el drama Loud Krazy Love detalla el desgarrador viaje que experimentan Brian Head Welch y su hija Jennea. Brian era el guitarrista de la banda estadounidense de nu-metal, KoRn, una de las de rock más importantes de las últimas décadas, que decidió dejar atrás una vida repleta de adicciones para entregarse plenamente a su familia y a la Iglesia.

La gran pregunta sobre el sentido y el por qué de nuestra existencia arrasa con todos, antes o después. En el caso que nos ocupa despierta nuestro interés por el tema de la fe, independientemente de que el documental también examine de puntillas la música que sonaba en los años 80. Y es que esa gran cuestión sobre la fe está tratada con respeto, con ponderación; es la llamada de atención de una película que busca, a partes iguales, preguntas y respuestas.

La parte más atractiva de Loud Krazy Love tiene que ver con la búsqueda interna sobre la felicidad, o mejor dicho, sobre su ausencia. Nuestro protagonista deambula sin saber qué pasa por su cabeza. Asegura tenerlo todo y sentirse vacío. Hasta que un día, por casualidad, un encuentro con una Biblia hizo que se tambaleasen todos sus cimientos.

Hasta ese momento, la película explora la asfixia, el agobio de un músico, que tras la fama y el prestigio cree que no hay nada. En este sentido, el filme no peca de nihilismo alguno -de hecho la película es muy esperanzadora-, no escatima esfuerzos en recrear con todo su realismo la desintegración del ser humano, sin quererlo, convertido en mártir. Es cuando en 2005 abandona el grupo musical.

La segunda parte de la historia hinca el diente en las ligeras vacilaciones sobre la fe, a consecuencia de la debilidad humana, que tropieza sobre la misma piedra dos veces. Pero una vez recuperada del todo, la historia pone el acento en dar a conocer el contagio de la fe a los que Brian tiene cerca. Por ello, algunos le rechazan, otros lo aceptan, nada que no hayamos visto ya en el cine. Sólo que en este caso, a través de una historia muy bien estructurada, nada ñoña, dialogada y montada, que bien podría parecerse a esa noche oscura del alma, que experimentó San Juan de la Cruz. Para entonces corre al año 2013 y Brian ya ha vuelto a tocar con sus compañeros, pero renovado y lleno de luz.

Especialmente son llamativas las escenas entre Brian, su exposa con problemas mentales y su hija cuando es una niña, recogidas cámara en mano de videoaficionado. No son muchas, pero evidencian el dolor de una joven que se ha perdido a sus familiares directos más queridos al tener a una madre y a un padre ausentes. Bien porque él gana mucho y está viajando permanentemente y no tiene tiempo para ella, bien porque la vida le está consumiendo. Hasta que Brian dijo basta.

Ahí la historia se toma un tiempo para centrarse en Jennea, una joven que ha sufrido la ausencia, el dolor, la pérdida, y que no sabe cómo canalizarlo todo. La película muestra ejemplos suficientes sobre el asunto y entonces Loud Krazy Love empieza a pivotar sobre la muchacha. Jennea tiene fe, pero no esperanza, se quedó sin amigas cuando se mudaron de casa y tampoco consiguió empatizar con ninguna. Hasta que dieron con una comunidad de laicos, Awakening Youth,que acoge a familias rotas para unir todas sus piezas. Entonces nuestra protagonista empezó a sentirse querida y valorada. Parecía que sus heridas y su rechazo hacia el padre ausente se estaban disolviendo.

Finalmente, Loud Krazy Love, rodada cronológicamente, funciona muy bien, es ágil, y resulta propicia para mostrarla a familias con problemas y, especialmente, a jóvenes que puedan estar en fases de desintoxicación por droga. Además, Loud Krazy Love mezcla imágenes reales de archivo y las entrelaza hábilmente con testimonios de los padres de nuestro protagonista y con los de algunos de los miembros de su banda musical y su hija, principalmente.

Estos encuentros se realizan en escenarios en sintonía con la personalidad de cada uno de los entrevistados. Por ejemplo, desde el punto de vista estético, cada vez que Brian es interpelado en la primera parte del filme, siempre aparece distante, sentado en un sofá, y rodeado de una atmósfera gris, igual que sus compañeros rockeros. Sin embargo, Jennea, la hija de Brian de 22 años, siempre se la ve en una habitación donde entra luz natural, ataviada con un vestuario de colores vivos, que acentúan su personalidad.

Por su parte, a los padres de Brian se les localiza en el mismo lugar durante todo el metraje. Encarnan la mesura tanto en la forma como en el fondo. A todos ellos la cámara los recoge a través de planos fijos.

De nuevo, Dios escribe derecho con renglones torcidos.

Tags:
cineespiritualidadmusicatestimonio
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