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Coronavirus: “No mueren solos, estamos también nosotros”

SEBASTIA AUPI EZCARRA

Obispado de Girona

Miriam Díez Bosch - publicado el 23/04/20

El testimonio de un sacerdote: el padre Aupí acompaña a los pacientes de covid-19 con toda la proximidad y consuelo posibles

En España las cifras de fallecidos por el coronavirus superan las 21.000 personas. La mayoría de ellas mueren en hospitales o residencias de ancianos.

El sacerdote Sebastià Aupí Escarrà (43 años) es rector de varias parroquias en la diócesis de Girona, y su ocupación principal es atender espiritualmente al Hospital Trueta Girona y al de Santa Caterina de Salt. Ahora estos hospitales atienden a pacientes del covid-19 y las medidas de seguridad han aumentado. Y también las necesidades de acompañamiento espiritual.

En una conversación telefónica hemos podido escuchar su testimonio. Niega que la gente muera sola: “No es verdad: con los pacientes que se marchan estamos nosotros, y en esos momentos somos una presencia familiar”.

SEBASTIA AUPI EZCARRA
Obispado de Girona

Soledad y culpa entre los pacientes

En un período crítico como el actual “emergen dos cuestiones en los hospitales con enfermos de coronavirus: una, la soledad, sentirse extraño y abandonado”, confirma este sacerdote.

“Y la segunda, la culpa”. Este joven cura diocesano especializado en Pastoral Sanitaria, formado en el Camillianum de Roma, resalta como para él es sumamente importante “saber escuchar, no juzgar, acoger y dar esperanza”.

“Más que el miedo o pánico, existe esta soledad y culpa que les acecha por lo que han hecho, o no, en su vida”.

SEBASTIA AUPI EZCARRA
Obispado de Girona

“Nosotros (todo el personal sanitario) estamos educando nuestra mirada: no podemos tocar al paciente pero estamos educando otros sentidos, y ellos saben leer todo el cariño que les transmitimos mirando desde un equipo de protección individual que es aparatoso”, nos cuenta.

Cuando nos vestimos con estos equipos de prevención “tenemos que tener siempre en cuenta que esta prevención nos tiene que ayudar a no olvidar que tenemos delante una persona que necesita más que nunca nuestra mirada de confianza”.

Llamamos al cura Aupí al caer la tarde: sigue intensamente el ritmo todos los días y por la noche intenta reponer fuerzas.

En los hospitales, el padre Aupí se acerca a las habitaciones con pacientes que han solicitado su presencia. Son personas que ya los médicos o enfermeros han detectado que necesitan este servicio pastoral de acompañamiento. No es espontáneo, se entra con una intención terapéutica y se ha preparado anteriormente.

No todo es el coronavirus

“Desde el 11 de marzo nos hemos aislado de todo, de nuestras familias, del mundo: estamos en una situación de emergencia, en primera línea. Evitamos la toxicidad de algunos medios de comunicación, nos centramos en los pacientes”, confiesa.

En su día a día acompañan a enfermos por el COVID pero también a personas que fallecen por otras patologías, porque siguen existiendo las otras enfermedades.

Aupí, a sus 43 años es un cura que trabaja codo a codo con el equipo de sanitarios que no sólo se ocupan de atender a los enfermos sino que ofrecen apoyo en salud mental, junto a psicólogos y psiquiatras. Él y otro cura tienen a su cargo dos hospitales grandes. “Hay más demanda en estos días, y aquí estamos”, dice al teléfono con un tono esperanzador.

“Vivimos esta época extraña acompañando el miedo sin que este llegue al pánico en las personas, ni mucho menos al terror”, asevera.

“Hemos habilitado la comunicación con las familias por teléfono, no son sólo los pacientes los que sufren, están también ellos”.

Es duro decir a la familia que no pueden venir a despedirse de sus familiares. Les decimos que nuestra medicina es cuidar a su familia, la gente no muere sola, fallecen acompañados por todos nosotros.

Los que somos hijos, somos sus hijos, los padres, sus padres, la pareja, la pareja, todos vivimos roles vitales con la persona, no dejamos a nadie sin apoyo emocional ni compañía espiritual, es muy importante que cale esta idea porque es la realidad que vivimos.

“Valoramos mucho la oración, por supuesto. Mire, yo siempre digo por el hospital, mientras comemos o estamos en un momento de conversación entre nosotros, que se nota aquí que todo el mundo reza: algunos para bendecir al Señor, otros enfadados. ¡Pero se le dirigen, y se nota!”, asegura.

La gente es buena

El sacerdote Aupí confiesa que “a mí este momento me enseña y descubro que la humanidad es más buena de lo que pensamos. Todos juntos estamos haciendo renuncias a nivel individual y apuestas a nivel comunitario. Veo el sacrificio de los compañeros sanitarios y toda la sociedad implicada para mitigar la emergencia”.

También admite el mal: “Sí, lo sé, también hay gente tóxica, pero te das cuenta que no está todo tan perdido como quisieran hacernos creer. Quedémonos en la parte buena, que emerge, que ayuda, que acompaña y consuela”.


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