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Consejos para parejas felices #4: Practica la otro-estima

© mast3r/SHUTTERSTOCK

Semprenews - publicado el 22/04/20

Lo que nos irrita de nuestra pareja muchas veces es lo que nos hizo enamorar: algo que nos falta y que, paradójicamente, a veces nos molesta

¿Le haces notar puntualmente lo que no está bien?
¿Te cuesta aceptar eso?
¿Crees que lo haces “por su bien”?
¿Ves sobre todo sus defectos?

¡Bienvenido!

La estima

Igual que no siempre es fácil tener alta la estima sobre uno mismo, no veo por qué debería ser más fácil estimar continuamente a la pareja. Y sin embargo, hay muchos cursos para aprender autoestima, pero no hay cursos sobre «otro-estima».

La baja autoestima tiene conocidos efectos colaterales, como el humor deprimido, la ansiedad, la envidia y la sensación de no poder más, la baja otro-estima (ya la hemos bautizado así) presenta un par de problemas también a tener en cuenta:

  • Cada vez que desprecias a tu pareja, estás implícitamente diciéndote a ti mismo que te equivocaste al elegirle, y esto volverá contra ti como un bumerang con una baja autoestima, aumentada, que te hará sentir aún más rencor contra tu pareja
  • La verdad es que “objetivamente” el partner tiene defectos (de lo contrario estarías con un semidiós) y se plantea el clásico dilema desgarrador: si se los digo soy mala persona, si no se los digo, soy hipócrita.

¿Qué hacer? Procedamos con orden

Si son desde siempre una pareja en la que las críticas son continuas, entonces el problema es estructural, tiene que ver más con sus personas que con la pareja en sí, y les aconsejo que pidan ayuda.

Si en cambio – como sucede a la mayoría – hubo un periodo en el que veían solo color de rosa y ahora les parece que todo es negro, hay una explicación, y también una solución.

La explicación se llama enamoramiento, y la solución se llama amor.

No, no, no me estoy entrenando para escritor romántico. Se lo demuestro.

El enamoramiento (que los ingleses llaman con más precisión fall-in-love, poniendo de manifiesto los aspectos accidentales) es un momento de fuerte atracción (física y/o mental y/o espiritual) hacia otra persona, correspondida (de lo contrario, se llama amor platónico).

¿Por qué esta atracción es irresistible? Porque el otro, la otra, tiene alguna característica que siento que me falta. En resumen, nos atrae una necesidad de compensación. Ese mecanismo lo tenemos presente a través de los mitos, de metáforas como el de la media naranja. No es un proceso consciente, de lo contrario sería una elección, y nadie – creo – elige enamorarse. Es de tal modo inconsciente que casi seguramente lo que nos falta – y nos atrae y nos ata al otro – está oscuro, o muy oculto.

¿Cuándo empezamos a ser conscientes de ello? Cuando algo de nuestra pareja se nos vuelve fastidioso. Un fastidio profundo, interior, insoportable. Cuando me surge (o me embiste) la idea de que… entre todas las personas he elegido a la peor.

Y la pregunta inconsolable es: ¿por qué me pasó esto?

¿Te parece un razonamiento extraño? Prueba a tomar un defecto y a llevarlo a cuando estabas enamorado/a. Haz un shift velocísimo, y sé sincero/a:

  • Me irrita porque no para de hablar con los amigos (y me hizo enamorar esa vez que en el restaurante estaba hablando con todos)
  • No soporto que sea desordenada (y recuerdo que yo era torpe y rígido, y que empezaba a respirar en su casa desordenada y en sus cabellos despeinados)
  • Detesto que sea tan cabezota (y recuerdo que sentí como muy varonil que fuera tan resuelto)
  • Es pasiva y nunca toma la iniciativa (pero cómo me sentí fuerte y seguro cuando la cortejaba sin que ella se resistiera)
  • Marea a los niños con sus tonterías (pero me conquistó con su ligereza y simpatía)

Es esa misma característica suya que ejerce sobre mí sentimientos contradictorios. En este sentido

Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Te odio y te amo – cantaba Catulo a Lesbia – es decir, siento por ti repulsión y atracción. Me pregunto cómo es posible: no lo sé… pero sucede, y esto me rompe.

Por tanto, el dolor es real, y es el motivo por el que el otro me provoca estos sentimientos: que esa característica atractiva se agarró a una parte de mí que sentía esa falta, que era débil, y se ha vuelto «demasiado» para mí.

La misma característica, a otro no le molestaría tanto, pero, siguiendo los ejemplos arriba mencionados…

  • ¡Justo yo que soy tan reservada me junto con un parlanchín egocéntrico!
  • ¡Justo yo que soy tan preciso me junto con una desordenada!
  • ¡Justo yo que soy tan flexible me encuentro con un intransigente!
  • ¡Justo yo, que soy tan fogoso, me encuentro con un trozo de hielo!
  • ¡Justo yo que soy tan seria me junto con un payaso!

Hasta aquí el problema.

¿Y la solución?

Siguiendo con el juego de los opuestos (ya hemos dicho que hace falta mucha energía para estar juntos) puedo empezar a pensar que justo esa persona que tengo a mi lado tiene cualidades – esas que ahora veo como un problema – extremas, pero que a mí me faltan.

Que yo puedo crecer, a través de él, a través de ella, porque puedo tomar un poco de ese carisma tan extraño e integrarlo en mi personalidad. “Nunca seré como tu” pero…

  • Me ayuda aprender un poco de extroversión
  • Me relaja olvidarme de mis esquemas rígidos
  • Me ordena fijarme objetivos
  • Me hace bien aprender una manera de ser más moderada
  • Es muy sano desdramatizar, de vez en cuando

Esto es posible con un acto inteligente de la voluntad, técnicamente no posible en el enamoramiento, pero que es necesario en el amor porque necesita el reconocimiento de estar ante un TU irreductible.

Y entonces puedo, con una nueva conciencia, alabar tus características, e invitarte a moderar tus excesos, y tu harás lo mismo conmigo.

Somos adultos y hemos llegado hasta aquí adaptándonos a la vida como mejor hemos podido. Hay que acercarse con mucho respeto a quien ha hecho un camino, un itinerario de crecimiento.

No soy tu madre, no soy tu padre.

Somos compañeros (cum-panis) en las batallas de la vida, llamados a hacer equipo.

Somos cónyuges (cum-iugus) bajo el mismo yugo, tirando adelante juntos de nuestra familia.

Somos esposos (spondeo), la respuesta mutua a nuestra necesidad mutua de crecimiento.

Desde ese punto de vista, alabar al que tengo al lado no es un esfuerzo hipócrita que me pasa entre los dientes, sino el reconocimiento de un honor que debo a la persona que tengo al lado.

No estoy llamado a decir cosas falsas, sino a cambiar mi mirada, para ver tu esencia, esa parte de ti que resiste y persiste a los acontecimientos de la vida, y desde allí decirte palabras de consuelo y aliento.

Estas palabras de bien, dichas con amor, se convierten en la fuerza que me hará modificar los rasgos más exagerados de mi ser, para que “compitiendo en la estima mutua” nos convirtamos cada uno en una persona mejor.

PD. ¡Hablen bien de ustedes!

Imperativo categórico: no hablen mal de sus parejas con los demás, en su presencia o a sus espaldas. Qué hermoso cuando podemos decir de una pareja, “son diferentes, pero nunca les oí hablar mal el uno del otro”.

“Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores. En todo caso, guardan silencio para no dañar su imagen. Pero no es solo un gesto externo, sino que brota de una actitud interna. Tampoco es la ingenuidad de quien pretende no ver las dificultades y los puntos débiles del otro, sino la amplitud de miras de quien coloca esas debilidades y errores en su contexto”. (Amoris Laetitia, 113)

Aquí el artículo original de Marco Scarmagnani

Tags:
amoramor de parejaautoestimainteligencia emocionalpareja
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