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¿Qué países saldrán antes de la crisis económica tras la pandemia?

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Shutterstock | Andrey Odesskiy
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Hace meses que venimos avisando acerca del advenimiento de una crisis económica teniendo en cuenta los niveles de deuda pública y privada frente a la evolución de la productividad de las economías avanzadas del planeta de los últimos meses

Fueron muchos los organismos internacionales que avisaron de los indicios similares a los que acaecieron antes de la crisis del 2008.

La guerra comercial entre EEUU y China y la creciente ola de proteccionismo amenazaban con paralizar los excedentes de la globalización.

El paso a una globalización condicionada por la implantación de la tecnología de información 5G implica un cambio geoestratégico en el que China puede arrebatar la hegemonía económica y política a EEUU. Y eso ya no les parece tan interesante como los pasos globalizadores de mitad del siglo XX, cuando se planteaba la internacionalización de las grandes corporaciones americanas.

Y, en medio de ese caldo de cultivo de conflicto, mientras aguantábamos la respiración de forma expectante, un virus nos ha dejado sin aliento.

Cuando se pensaba que el virus estaba confinado en la región de Hubei, las primeras estimaciones sobre el impacto económico se realizaron sobre la paralización de la producción del gigante asiático, así como por la paralización de los flujos comerciales y de turistas.

Pero la OMS ya advertía de los riesgos de una pandemia y que su impacto podía ser de 570.000 millones de dólares. Y de repente, un virus supuestamente confinado acabó confinando a todo un planeta en cuestión de semanas. Los efectos ya no se sujetan a las rupturas de lazos económicos entre países, sino que se inoculan en las estructuras internas de la producción de cada uno de los países.

La OCDE advierte que las restricciones sobre los movimientos de personas, bienes y servicios y las medidas de contención aplicadas para hacer frente la pandemia de COVID-19 está haciendo retroceder al sector industrial no solamente en China. El impacto a nivel global se agrava por la caída de la confianza en los negocios.

La OCDE consideró en un principio un escenario con un impacto temporal en el que el descenso grave sucedería en China con un crecimiento económico que se reduciría a 5% cayendo 1.1% respecto del crecimiento del 2019 a un 5%.

En este escenario, el duro impacto se extendería a Japón, Corea y Australia, pero se daría una gradual recuperación posterior. Se esperaría una caída del crecimiento económico mundial de 0.5%.  Pero ante el devenir de la pandemia, el escenario ha pasado a ser otro muy diferente y nada halagüeño. 

Un escenario de contagio amplio en el que las economías avanzadas están siendo golpeadas por una crisis de confianza, de consumo y de movilidad. Se estima que la pandemia Covid-19 costaría 1.5 puntos de crecimiento del PIB mundial, lo que ascendería a unos 1.300 trillones de dólares, 2280 veces lo que la OMS había estimado para una pandemia en términos generales. La recuperación sólo sucedería de forma muy gradual durante el 2021.

Pero estas previsiones no dejan de ser conjeturas que se apoyan en supuestos simplificadores en ocasiones muy fuertes. Cuando se estimaba el efecto de la crisis del 2008, los supuestos en los que se apoyaban las previsiones no acometían uno de los problemas fundamentales y, por eso, no podían calibrar el alcance económico y social en el tiempo de aquella crisis.

La crisis del 2008 se desató ante el estallido de la burbuja inmobiliaria por una ingeniería financiera que había distribuido por todo el mundo un total de 3 trillones de dólares en activos tóxicos.

Evidentemente que estos activos financieros sobrevalorados y sin respaldo de suficientes garantías tenían un efecto económico importante por si mismos, pero si se hubieran localizado de forma rápida, el alcance de la crisis habría sido mucho menor del que fue.

El problema de información generaba un problema de mercado denominado de selección adversa en el que los activos tóxicos desplazan a los activos sanos. De esa manera, la desconfianza en los mercados financieros y la necesidad de las instituciones bancarias de aparentar tener saneadas sus cuentas operó extendiendo el temor y el debilitamiento financiero a todo el sistema.

De ahí vinieron los rescates bancarios; la crisis de deuda y sus quitas; y la crisis de divisas como el euro en la que tuvo que entrar el Banco Central Europeo con su famoso what ever it takes. Todo esto acompañado con repuntes en las tasas de paro y problemas sociales.

Pero, y de toda esta crisis anterior, ¿qué podemos aprender? En primer lugar, la crisis que se deriva de la pandemia va a tener por si misma un efecto económico previsto muy superior. El efecto es muy superior a aquellos 3 trillones de dólares.

Pero la lección más importante es que la información es crucial. El alcance temporal de la crisis de los activos tóxicos se alargó en tanto que no se localizaron los mismos. En la crisis sanitaria, debe ser primordial localizar los focos de infección para acotar su acción y reducir los contagios.

El confinamiento total de un país, tal como está aconteciendo, es una medida de prevención para reducir el contagio, pero no deja de ser una medida de segundo orden. Las medidas de primer orden tienen que ver con la localización y la erradicación del virus. La erradicación tiene que ver con el desarrollo de la vacuna, pero la localización de los focos tiene que ver con el test masivo de la población.

Países como Corea del sur han testeado a toda la población y eso les ha permitido localizar los focos, realizar cuarentenas selectivas y eludir el confinamiento total del país.

En cambio, países como España han desperdiciado el tiempo viendo venir el tsunami en lugar de aprovisionarse de test y material sanitario ante las advertencias de la Organización Mundial de la Salud. 

En este caso, la no localización de los focos de contagio ha conllevado a la única solución para hacer frente a la pandemia, el confinamiento, con el coste económico y social que ello va a suponer. 

El confinamiento en este sentido se correspondería con una especie de cierre de mercados financieros en la crisis del 2008, un problema terrible.

Por lo tanto, el confinamiento no es un mérito de gestión de un gobierno, sino la consecuencia de su falta de previsión y gestión. Por eso, el alcance de esta crisis que se sucederá por la pandemia del Covid-19 va a ser diferente en cada país y va a depender de la capacidad de localizar y erradicar los focos de contagio.

Hay países que están confinándose a un oscuro futuro; otros, aquellos que acometen la localización de los focos, verán la luz antes y serán no solo los que superarán mejor la crisis económica sino también los que contarán para el nuevo orden geoestratégico tras la pandemia.

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