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El coronavirus separó a su familia pero la oración por Skype pudo más

Gentileza Susana

Dolors Massot - publicado el 21/04/20

El padre de Susanna murió de coronavirus. Ella, enfermera, fue a atender a su madre, contagiada. Su marido y sus 3 hijas quedaron a cientos de kilómetros

Susanna es enfermera. Está casada con un médico y tienen tres hijas, de 14, 13 y 10 años. Tanto ella como él nacieron en Barcelona y sus padres siguen viviendo allí.

La pareja vivió durante un tiempo en Vitoria-Gasteiz (País Vasco), a 8 horas de Barcelona en coche. Conforme los abuelos fueron envejeciendo, decidieron que sería mejor cambiar de residencia y aproximarse a ellos.

«Buscamos un trabajo, si no en Barcelona, que nos permitiera llegar más rápido en caso de urgencia».

En 2008, su marido consiguió un trabajo en una localidad francesa de frontera con España. Eso suponía estar a dos horas de viaje en coche y la diferencia era notable. Desde entonces han vivido en varios pueblos de la Cerdaña francesa.

«Pasamos un año con 8 operaciones quirúrgicas de mis padres y mis suegros«, explica Susanna. «Unas cataratas, unos clavos en la espalda… Cada vez suponía un viaje y con mi marido vimos la necesidad de cuidar de ellos».

Una preparación de Dios

Susana trabaja en los hospitales de la Cerdaña. Es una persona muy dinámica. «Nuestro proyecto familiar siempre ha sido consensuado, pero nada me paraba, hasta que ‘el de arriba’ me frenó», comenta.

«No había parado pero los tres embarazos fueron de alto riesgo y me obligaron a hacer reposo absoluto, más los meses de lactancia. Aquello fue el primer parón fuerte».

Unos nódulos en la garganta

Luego volvió a la carga y «no paraba, ni con las operaciones de los abuelos, pero un buen día, el pasado verano, me aparecieron unos nódulos en la garganta y no podía hablar. No me quedó más remedio que pedir la baja. Llevo más de 6 meses fuera de juego y eso lo veo ahora como una preparación de Dios para lo que luego nos iba a ocurrir. Fue un toque para aprender a ponerse en manos de Dios».

Su padre murió solo

El coronavirus ha supuesto, como en muchas familias, una ruptura irrecuperable: su padre falleció en Barcelona, en un hospital, solo, sin nadie que le acompañara a pesar de que Susanna y su marido habían hecho siempre lo posible por cuidar a los cuatro abuelos.

4 semanas de enfermera con su madre

No solo eso. «Yo enseguida me marché a Barcelona, porque mi madre -de 81 años- estaba muy delicada de salud y también tenía coronavirus. Había intentado estar pendiente por teléfono pero al fallecer mi padre, debía hacerme cargo de ella».

Lo que en principio iban a ser pocos días se convirtió en un aislamiento de Susasna con su madre enferma de coronavirus durante 4 semanas.

Mientras, en la Cerdaña francesa, «mi marido debía seguir con su trabajo de médico, en plena alerta de coronavirus y en estado de emergencia desde el 16 de marzo. Cada día sale de casa a las 7.30h y vuelve ya por la noche». Las niñas han tenido que quedarse solas todo este tiempo, «para nosotros ha supuesto un sufrimiento».

«Las niñas han tenido que estar solas y han madurado»

Para atender a las hijas, estableció que cada día se llamarían por Skype a las 11 de la mañana. Y eso han hecho en todo este tiempo.

«Han madurado de golpe: son conscientes de lo que ocurre en nuestra familia y se han adaptado«, afirma muy orgullosa. Dos horas después, tocaba llamada a los suegros y a la cuñada «para saber cómo estaban».

A las 5 de la tarde, tercer encuentro por Skype. Esta vez «con P. y C., un matrimonio amigo que nos ha sostenido hablando, compartiendo inquietudes y rezando juntos a través de internet».

Rezando juntos cada día por Skype

Su marido se unía cuando podía, lo mismo que a las 8 de la tarde, cuando volvían a conectarse los matrimonios, esta vez para rezar con los hijos, desde tres puntos geográficos: Barcelona, la Cerdaña y La Seu d’Urgell (Lleida), donde viven los amigos. «En ese momento rezamos niños y adultos juntos. Primero cantamos, después hacemos una plegaria y volvemos a cantar«.

«Los amigos nos han sostenido»

En medio de esta situación, Susana explica que ha notado el cuidado de Dios.

«Los amigos nos han sostenido en esta difícil situación. Es duro batallar con la muerte de tu padre, la incertidumbre acerca de la salud de tu madre, el peligro del coronavirus y la distancia de mi marido y nuestras hijas«. Sin embargo, ella asegura que «Dios ha estado muy presente. Había muchas personas rezando y ofreciendo la misa por nosotros«.

Volcada en ayudar a otros como enfermera

A su vez, al ser enfermera vio que en estas circunstancias en que muchas personas se encuentran como ella, atendiendo a un familiar con coronavirus en sus casas, decidió ser proactiva: «He ido haciendo seguimiento de algunas personas«, cuenta.

Consejos en audio de whatsapp

Y de ahí surgió una iniciativa muy positiva: «A una amiga le fui pasando audios de whatsapp con consejos prácticos, y ella decidió ponerlos por escrito. Al final son 7 hojas de recomendaciones, como un manual de uso que puede valer para muchas otras personas. Conciso y fruto de mis conocimientos como enfermera y mi propia experiencia como cuidadora de mi madre».

Su madre acaba de ser dada de alta y con ello a Susanna le ha desaparecido la preocupación.

Ahora quedan otros capítulos por cerrar: «No he podido hacer todavía el duelo por mi padre ni estar un tiempo con mi marido y mis hijas, pero tengo mucha esperanza y sé que Dios nunca falla». Acaba de volver a su casa.

«Los tres momentos en que mi padre se despidió de mí»

En cuanto a su padre, que ayer habría cumplido 87 años, a pesar del desgarro de una muerte tan fulminante y sin poderse despedir de él, ahora cree que «Dios permitió tres momentos anteriores que yo ahora entiendo como preparativos de lo que nos ocurriría, para que ahora pueda asumir todo esto».

«El pasado mes de agosto -recuerda Susanna- mi padre sufrió una infección de orina y estuvo a punto de morir. Lo superó, pero aquello ya fue un aviso».

«Te quiero mucho»

Luego en diciembre tuvo una neumonía y en el hospital, un día se me echó al cuello y me dijo ‘te quiero mucho, muchas gracias’. A pesar de tener una demencia que le afectaba al habla, me lo dijo con toda claridad y fue algo sorprendente. Ahora esa frase la recuerdo como un tesoro».

Luces de Navidad

A los pocos días era la Navidad. «Toda la familia nos reunimos en Zaragoza. Ese mismo día acompañamos a mis padres de vuelta a Barcelona y, viendo que la ciudad tenía las luces de Navidad, a mis padres les hice un recorrido en coche por las calles, con mi hija mayor. Era tardísimo, una locura, y los dos debían de estar agotados, pero se lo pasaron de maravilla. Fue una experiencia inolvidable para los cuatro».

Un cumpleaños especial

El tercer momento ocurrió el 26 de enero, hace poco más de dos meses. «Era mi 50 cumpleaños y mi marido me organizó una fiesta sorpresa, con familia y amigos que no veía en años. Mi padre estuvo espléndido, lleno de ilusión. Fue un día que vivimos intensamente«.

Susanna hace ahora balance y se cree «muy bien despedida de mi padre, y eso aporta mucho consuelo». «Dios -concluye- lo ha sabido hacer muy bien».

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