Aleteia

En los lugares de Jesús, el Coronavirus existe, pero la fe es más fuerte

©GALI TIBBON / AFP
The newly elected Custodian of the Holy Land Friar Francesco Patton speaks during his official entry ceremony on June 6, 2016 at the Franciscan Church of Saint Savior Monastery in Jerusalem's Old City
The Roman Catholic church swore in the new guardian of its sites in the Holy Land for the first time in over a decade. Italian Franciscan Father Francesco Patton, 52, replaces Father Pierbattista Pizzaballa in the post known as Custos of the Holy Land. The Custos is responsible for caring and maintaining Christian presence in much of the Middle East, as well as coordinating and organising the thousands of Catholic pilgrims to Jerusalem every year.

/ AFP PHOTO / GALI TIBBON
Comparte

El custodio de Tierra Santa cuenta una insólita Semana Santa sin peregrinos

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

¿Qué cristiano no ha deseado alguna vez visitar por lo menos una vez en la vida Tierra Santa: los lugares en donde vivió Jesús… donde las raíces de nuestra fe se encarnaron?

El creciente número de peregrinos confirma este deseo común. Basta decir que según los datos proporcionados por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, alrededor de 4 millones 500 mil turistas ingresaron a Israel en 2019 y los peregrinos cristianos que de alguna manera se beneficiaron del apoyo del Franciscan Pilgrim Center fueron alrededor de 630 mil, el 98% católicos, de 115 países de diferentes países.

Y estos números son habitualmente importantes durante Semana Santa. Pero no este año, a causa del coronavirus, que ha puesto en aislamiento también a Tierra Santa.

Los frailes de la Custodia de Tierra Santa y sus colaboradores, en cumplimiento de las precauciones requeridas, lograron celebrar los ritos de la Semana Santa, difundiéndolos por todo el mundo en Internet, haciendo que los cristianos se sientieran más cerca de esos lugares santos.

La Custodia de Tierra Santa, creada por voluntad de san Francisco de Asís en 1217, abarca Israel, Palestina, Siria, Jordania, Líbano, Chipre y Rodas.

Es responsabilidad de la Custodia de Tierra Santa ofrecer acogida a los peregrinos, ocuparse del servicio a los pobres, de la pastoral local, además de la custodia y de la vida litúrgica de los Lugares Santos.

En esta entrevista, su superior, el sacerdote Francesco Patton, custodio de Tierra Santa, cuenta cuáles son los desafíos que el Covid 19 está presentando en los lugares en que vivió Jesús.

– ¿Cómo fue la primera Semana Santa sin peregrinos? 

– P. Francesco Patton: No es la primera vez que nos encontramos viviendo situaciones de emergencia.

No es la primera Pascua sin peregrinos, porque después de 2000 años hubo la segunda Intifada que duró casi tres años. En aquel periodo, los frailes se encontraron, por un lado, en medio de una situación de conflicto, y por el otro faltaban peregrinos. Sin embargo, se contaba con el apoyo del resto del mundo, que en ese momento nos apoyaba y era posible promover también la colecta del Viernes Santo, a diferencia de este año que ha sido cambiada para septiembre.

Y no olvidemos que una parte de nuestro territorio desde hace años se encuentra en guerra: Siria, donde los cristianos se han reducido a un tercio de lo que eran hace 10 años. Y no olvidemos que otro pedazo de nuestro territorio, el Líbano de 1975 a 1990 vivió una guerra civil que redujo a un tercio el numero de cristianos, que antes de la guerra eran la mayoría en el país y luego se redujeron a un 35-36%.

Por lo tanto, la experiencia de dificultad de la Custodia no pertenece solo al pasado sino también a la historia reciente.

– ¿Tiene miedo del coronavirus? 

– P. Francesco Patton: Yo respeto el virus. Al ser un hombre de montaña, la montaña enseña que es necesario tener respeto de la naturaleza. Quien subestima los peligros sucumbe a los peligros. El miedo es una forma de respeto si se convierte en prudencia y, por lo tanto, se puede continuar una vida esencialmente normal pero con algún cuidado. Creo que en todas las situaciones debemos tener un poco de sano miedo porque es un sentimiento natural que sirve para preservar a la persona, pero no un miedo paralizante. Mi vida está en las manos de Dios.

– A causa del confinamiento hay muchos más pobres. ¿Qué están haciendo por ellos en Tierra Santa? 

– P. Francesco Patton: Por el momento la asistencia que se da a los pobres es esencialmente a través de las parroquias. Por ejemplo, aquí en Jerusalén hay una distribución de comida. En la ciudad vieja, ya antes del coronavirus, nuestros cristianos no nos pagaban ningún tipo de renta, y esa era nuestra manera de ayudarlos. Se trata de 450 familias que no tienen que preocuparse por pagar el alquiler.

En otras zonas, en cambio, necesitábamos una pequeña contribución para la renta, pero siempre por debajo de los precios del mercado. Por ejemplo, si el precio de un alquiler es de mil dólares al mes, la Custodia pide una contribución de cien dólares. Y es importante esta contribución, tanto para hacer responsable a quien ocupa las casas, como también para ayudar a la Custodia a cubrir los costos.

En este momento de confinamiento, puesto que hay una especie de paro técnico, las personas tienen una reducción del 70% de su salario normal, también nosotros hemos reducido su contribución de alquiler en un 70% adicional.

En Belén, la parroquia, con la ayuda de los jóvenes y los scouts identifica a las personas que necesitan ayuda para poder luego apoyarlas.

Lo mismo sucede en otros territorios, por ejemplo en Siria, en Alepo, Damasco…, que son los lugares en donde este tipo de ayuda ha funcionado desde hace más de diez años, en una realidad en donde era, en cambio, la gente quien ayudaba a los frailes. Los cristianos sirios antes de la guerra, no necesitaban ayuda, y eran ellos quienes financiaban nuestra presencia.

Pienso que la emergencia por pobreza empezará en unos meses.

Por ejemplo, quien vive en Israel cuenta con una especia de subsidio de desempleo y tiene tamibén el mes de vacaciones para usar. Por lo tanto, podemos pensar que muchos estarán cubiertos económicamente durante dos meses, tres meses…

En Palestina hay otra normativa, en que los trabajadores tienen derecho a dos meses de sueldo completo, más las vacaciones.

Si durante dos o tres meses comenzaran a funcionar las cosas, para mucha gente no debería representar una emergencia de pobreza extrema.

El problema es que los peregrinos no llegarán antes del final de septiembre y ellos representan una fuente de sustento también para los cristianos locales.

Otro tema son las escuelas, que deberían empezar de manera ordinaria. Nosotros tenemos alrededor de quince y por el momento estamos usando el aprendizaje a distancia.

El verdadero problema no es ahora, pero empezaremos a sentirlo económicamente a partir de junio y julio.

Y luego esperamos que el 13 de septiembre podamos hacer la colecta «Pro Terra Sancta», y que a pesar de las dificultades del momento los cristianos del mundo sigan siendo solidarios.

De lo contrario, para nosotros el próximo año será un año difícil. Pero como hace un buen padre de familia, calcularemos los gastos en función de los recursos que tenemos disponibles.

— Israel, en particular Jerusalén, es ciudad santa para los cristianos, judíos y musulmanes. Frente a esta pandemia debida al Coronavirus, ¿existe alguna acción común, de ayuda recíproca? ¿Existen ejemplos de colaboración? 

– P. Francesco Patton: El 26 de marzo pasado, hubo un ejemplo de colaboración precisamente a nivel espiritual, con una oración que hicimos desde la terraza del ayuntamiento. Nos encontramos cristianos, judíos, musulmanes, drusos y bahaíes.

Fue una invocación común por el fin de la pandemia, por la sanación de los enfermos y de todos aquellos que se encuentran en riesgo. Fue un momento muy significativo, porque todos los hijos de Abraham se unieron para invocar en oración al omnipotente, a Dios.

Luego están las iniciativas normales. Por ejemplo en la ciudad vieja hay un trabajo de asistencia especialmente a las personas ancianas y no se limita a los parroquianos, sino que va a quien lo necesita. Luego es evidente que aquí la sociedad está estructurada por lo que hay realidades más abiertas y otras menos accesibles. Por lo tanto no es igual en todas partes. Lo que puede hacerse se hace.

Entre nuestros empleados tenemos judíos, musulmanes y cristianos de todas las confesiones. Buscamos proveer para ellos, pues ellos a su vez tienen que proveer para sus familias.

También hay una buena apertura a nivel institucional. Por ejemplo el presidente del Estado de Israel, Reuven «Ruvi» Rivlin, me llamó, como supongo que a otros representantes de las iglesias occidentales, para felicitarnos por Pascua e invitar y pedir oraciones.

Estos gestos de atención son significativos e importantes.

— ¿Están pensando ya en nuevas formas de acogida para los peregrinos? ¿Cómo podemos los cristianos del resto del mundo unirnos a su Pascua a pesar de la cuarentena?

– P. Francesco Patton: Es necesario esperar a que regresen los peregrinos. Mientras tanto, los santuarios están aprovechando para hacer trabajos de mantenimiento. Tenemos que evaluar cómo volver a abrir y qué normas tener, teniendo en cuenta que no todos los lugares son iguales.

Quien viene a Cafarnaúm hay un espacio abierto, muy amplio, así como en el campo de los Pastores en Belén. Quien viene a Nazaret, la Basílica es suficientemente grande a diferencia de otros lugares como Naín, donde fue el milagro de la resurrección del hijo de la viuda. La iglesia es pequeña y no hay espacio. En general tenemos espacios fuera del santuario en donde podremos gestionar a los grupos. Pero debemos organizar la reapertura.

En parte, nos ayudarán las normas a nivel público en el control de personas, porque, por ejemplo, la medición de la fiebre ya se realizará en el aeropuerto. Sería difícil para nosotros hacerlo para aquellos que ingresan a la iglesia.

Actualmente medimos la fiebre a quien entra en los edificios de la Custodia, porque es obligatorio por ley, incluso aquí en la curia. Tendremos que tener mucho cuidado para desinfectar todo, desinfectar los vasos sagrados … Repito, debemos detenernos y reflexionar sobre esto. Pero espero y creo que esta fase de emergencia se puede gestionar.

– Dentro de poco, se cumplirán cuatro años de su nombramiento como custodio de Tierra Santa. Fue un hecho singular, porque fue nominado custodio un fraile que no vivía en Tierra Santa. 

– P. Francesco Patton: Hace treinta años era algo normal. Pero luego, cambiaron los estatutos de la Custodia de Tierra Santa para volverla una «provincia» normal. En realidad, nunca ha sido una provincia normal, porque es la misión de la Orden desde 1217 y es también una misión especial encomendada por el Papa, en particular, desde 1342, cuando el papa Clemente VI, con la bulla “Gratias Agimus”,  quiso encomendar a los frailes que vivían en Tierra Santa, la custodia de los lugares santos. Y, de hecho, desde entonces el custodio muy a menudo venía de fuera.

– ¿Cuál fue la sorpresa que le reservaba la Tierra de Jesús? 

– P. Francesco Patton: Lo más significativo de esta experiencia está relacionada con la internacionalidad de la Custodia de Tierra Santa y la siento aún más en este periodo de Coronavirus, porque me parece que nuestra fraternidad que es internacional, en este momento, aquí en los Lugares Santos representa bien el grito de toda la humanidad que necesita esperanza, recuperar un horizonte de sentido, que sea diferente de un horizonte de sentido puramente material.

Contemporáneamente veo en esta internacionalidad también la bendición, la gracia, la misericordia que desciende de Dios a la humanidad, es decir, una fraternidad internacional, que es el signo de Pentecostés, que es a lo que está llamada a ser la Iglesia. Esto me impactó enseguida, es exigente pero es también una de las cosas más hermosas.

La otra cosa es el contacto con los lugares sagrados. El hecho de poder celebrar en los tiempos litúrgicos, pero también en los lugares en donde se recuerda el misterio. En estos días, a pesar de todas las restricciones, por ejemplo haber estado el Jueves Santo en Getsemaní, ponerse en sintonía con Jesús que reza, siente angustia, y reza hasta sudar sangre, para sintonizar con su voluntad humana con la del Padre, es algo conmovedor. O hacer el via crucis, este año éramos cuatro…

Celebrar en los lugares es algo que facilita también nuestra humanidad que también tiene necesidad, de ver, tocar. Y lo más bello del cristianismo es que es una propuesta encarnada. Es Dios que se hace carne, que entra en un contexto que llamamos Tierra Santa, porque estamos convencidos que está santificada por la revelación y luego por la encarnación.

Lugares de Tierra Santa (Galería)

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.