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¿Por qué es tan importante, ante el COVID-19, la consagración a la Virgen de Guadalupe?

GUADALUPE
Marko Vombergar | ALETEIA
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Virgen de Guadalupe: volver al origen para construir el futuro de los pueblos de América Latina y el Caribe

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En un acto histórico, el pasado domingo 12 de abril, desde la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México, todas las naciones de América Latina y el Caribe han sido consagradas a la protección de la Virgen de Guadalupe.

Con motivo de este singular acontecimiento, Aleteia entrevistó entrevista a Rodrigo Guerra, miembro del Equipo Teológico del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y fundador del Centro de Investigación Social Avanzada (www.cisav.mx) para explorar a fondo el significado de este consagración, sus raíces en el pasado y algo muy importante en este tiempo de pandemia y de oscuridad: las proyecciones al futuro.

El Domingo de Resurrección todos los obispos de América Latina consagraron sus diócesis y sus naciones a la Virgen de Guadalupe. ¿Por qué es importante este acto en momentos de pandemia de COVID-19?

Creo que por dos motivos fundamentales. Primero, las insuficientes medidas de prevención y contención de la pandemia por parte de los responsables gubernamentales en distintos países latinoamericanos han hecho que nuestros pueblos ingresen a un escenario de riesgo objetivo.

En momentos así, en que los esfuerzos humanos son tan limitados y en algunos casos torpes, es preciso voltear la mirada hacia un lugar empírico que ha provisto de ayuda y consuelo a través de la historia. María de Guadalupe, ha protegido a su pueblo, ante epidemias y violencias increíbles, no sólo dando sentido al sufrimiento sino revitalizando la fraternidad y la reconciliación social necesarias para poder afrontar este tipo de calamidades.

La segunda razón también es relevante: María de Guadalupe no es una mera devoción para la vida privada, no es una advocación extrínseca a nuestra historia. Ella se encuentra en nuestra raíz más profunda. Mirar a Guadalupe es volver al origen, es afinar la mirada para interpretar el presente y encontrar las pistas para actuar en el futuro.

Interpretar el presente no es fácil. Las ideologías fácilmente atrapan a los observadores en sus redes y dificultan alcanzar la “raíz” que mencionas…

…así es; la complejidad de los escenarios se incrementa día con día. El internet multiplica la información, pero no la formación y mucho menos los criterios necesarios para el discernimiento cristiano de la realidad. Por eso, es preciso regresar con la inteligencia y con el corazón a nuestro origen.

No somos España. Tampoco somos indígenas prehispánicos. América Latina es un pueblo principalmente mestizo que necesita reencontrarse con su fuente original y originante. Esta fuente es útil no sólo cómo dato erudito, sino como criterio para repensar quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos.

Guzmán Carriquiry hace algunos años me decía: “origen es destino”. En los diálogos de Juan Diego con María de Guadalupe todos nos podemos encontrar, sobre todo, quienes más sufren, quienes son marginados y humillados. Y ahí, en esas escenas, podemos mirar como en un espejo, nuestra historia y nuestro destino, creo yo.

En un texto reciente has dicho que Juan Diego es el primer latinoamericano ¿cómo es posible hacer esta afirmación?

Lo que he querido decir es que María de Guadalupe, Virgen mestiza, como la han reconocido diversos Papas a lo largo de la historia, entra en relación con Juan Diego, indio de origen chichimeca pero que poco antes de las apariciones se había convertido al cristianismo. El encuentro con la “morenita” lo introduce en un camino existencial de purificación y mestizaje al interior de su corazón. ¡Su interior se vuelve mestizo! Y suceden muchas cosas: su fe cristiana madura en el encuentro con María. Y Ella, al escogerlo a él, nos educa y purifica también a nosotros.

Rodrigo, ¿Guadalupe no entra “en competencia” con otras advocaciones marianas?

Hace muchos años, poco después de la caída del muro de Berlín, leí un bello texto de la brasileña María Clara Lucchetti que me impactó muy profundamente. En él explica muy bien cómo Guadalupe es el esfuerzo que Dios hace a través de su Madre para abrazar al vencido y colocarse de su lado. Pero además recuerdo que el texto me ayudó a entender algo más sutil: las diversas advocaciones marianas en todo el Continente, de alguna manera, también colaboran a conducir la mirada hacia este mismo punto.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, la Virgen de Aparecida, patrona de Brasil, se vuelve negra en las aguas de un río, fue recogida por los pobres y protegió a los esclavos y esclavas. Así mismo, los movimientos campesinos en Bolivia y Perú encontraron en María una presencia que lucha con ellos. Y así tantos otros casos, como la Independencia de México.

¿Esto quiere decir que María de Guadalupe ayuda a descifrar también nuestras otras devociones y formas de ser católicos en América Latina?

María es una y sus múltiples advocaciones enseñan distintas facetas de su única Maternidad. En este grandísimo universo mariano, sin embargo, Guadalupe es una aparición y una aparición que no cesa. Su imagen no sólo es símbolo que nos remite al pasado sino presencia viva e histórica que nos invita a sumergirnos con pasión también en el aquí y en el ahora para interpretarlo.

San Oscar Romero decía: “el verdadero homenaje que un cristiano puede tributar a la Virgen es hacer con ella el esfuerzo de encarnar la vida de Dios en las vicisitudes de nuestra historia transitoria”. La Virgen de Guadalupe hoy actúa en medio de los pueblos latinoamericanos. Seguro nos ofrece su consuelo y recoge nuestras lágrimas. Pero también seguro Ella nos mostrará los caminos para que el Magnificat se haga historia en estas tierras que sufren.

El Papa Francisco es un hijo de María. En su visita a la Basílica de Guadalupe nos pidió mirar cómo Ella nos mira. ¿Tú que has estado cerca de él, qué importancia tiene para el Papa la Virgen de Guadalupe?

Tengo la impresión que de una manera misteriosa pero real, Francisco es un hijo de aquello que inició con Juan Diego. Juan Pablo II decía de sí mismo que era un “hombre venido de lejos”. Pero quien verdaderamente llegó a Roma desde un lugar aún más lejano fue Francisco. No sólo porque Argentina está muy al sur del planeta sino porque Francisco recoge en su historia personal y pastoral el camino de la Iglesia latinoamericana y eso hoy es don para la renovación y reforma de la Iglesia universal.

…un don providencial venido de un lugar imprevisto, lejanísimo… 

…que, incluso, pareciera marginal a los ojos del “poder”, objeto de burlas por parte de algunos, pero que Dios ha querido colocar desde la periferia en la Sede de Pedro. En otras palabras, me parece que Francisco es el nuevo Juan Diego latinoamericano. El que tiene que convencer a los obispos de que se construya y reconstruya la “casita sagrada” que es la Iglesia toda. Y al que María no abandonará jamás.

¿Qué nos esperará en el futuro tras la consagración de América Latina a la Virgen de Guadalupe?

Creo que el horizonte es claro. En el año 2031 se celebrará el V Centenario del Acontecimiento Guadalupano. Y en 2033 el Segundo Milenio de la Redención. Estas fechas son algo más que un ciclo cósmico. Son oportunidad para preparar un camino de discipulado y misión. Son camino para una nueva presencia social, cultural e histórica de la fe cristiana en medio de un mundo plural que requiere, nuevamente, de evangelización inculturada e inculturación del evangelio.

Ojalá antes de 2031 los obispos norteamericanos y canadienses se unan en una sola plegaria a los obispos latinoamericanos y consagremos nuestro Continente entero a la Virgen de Guadalupe. Ojalá antes de 2031 logremos reactivar –sinodalmente– nuevas formas de presencia laical en medio del mundo que permitan luchar por el bien común desde los más pobres y no desde la ideología o el compromiso de poder.

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