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El Papa: «¿Dónde estás? Tú, pequeño Judas dentro de mí, traidor y amante del dinero»

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Miércoles santo, día del recuerdo de la traición, el Pontífice reza a Dios para que toque el corazón de los usureros que explotan a los necesitados  por la pandemia de coronavirus. 

Francisco presidió la misa en Casa Santa Marta este miércoles de Semana Santa, 8 de abril, transmitida en vivo desde el Vaticano. Al introducir la celebración, rezó por la conversión de explotadores, mafiosos y usureros que se aprovechan de los necesitados en esta crisis provocada por la pandemia del coronavirus:

Recemos hoy por la gente que en esta época de pandemia comercia con los necesitados: se aprovechan de las necesidades de los demás y los venden: los mafiosos, los usureros y muchos otros. Que el Señor toque sus corazones y los convierta”.

En su homilía, el Papa comentó el Evangelio según Mateo (26:14-25), que nos habla de la traición de Judas. Aún hoy, dice el Papa, existen Judas, gente que traiciona, incluso a sus seres queridos, vendiéndolos por sus propios intereses. 

También hoy hay gente que quiere servir a Dios y al dinero, explotadores ocultos, aparentemente impecables, pero comercian con la gente: venden a sus vecinos. Judas dejó discípulos, discípulos del diablo. 

Judas estaba apegado al dinero: el que ama demasiado el dinero, traiciona. Pero es traicionado por el diablo, que es un mal pagador y se va desesperado. Y termina ahorcándose. 

El Obispo de Roma piensa en los muchos Judas institucionalizados que hoy en día explotan a las personas y también en el pequeño Judas que hay dentro de nosotros: cada uno de nosotros tiene la posibilidad de traicionar, por dinero o bienes.

Traidores hoy

En su predicación, afirmó: “el Miércoles Santo también se llama ‘Miércoles de la traición’, el día en que se destaca la traición de Judas en la Iglesia. Judas vende al Maestro.

Cuando pensamos en vender a la gente, nos viene a la mente el comercio hecho con los esclavos de África para traerlos a América – una cosa antigua – luego el comercio, por ejemplo, de las niñas Yazide vendidas a Daesh: pero es una cosa lejana, es una cosa … Incluso hoy en día la gente se vende. Todos los días. 

Hay Judas que explotan a los trabajadores

Hay Judas que venden a sus hermanos y hermanas, explotándolos en su trabajo, no pagando la cantidad justa de dinero, no reconociendo sus deberes… Al contrario, venden muchas veces las cosas más caras. Pienso que para estar más cómodo un hombre es capaz de llevarse a sus padres y no verlos más, ponerlos en un hogar de ancianos y no ir a verlos… él vende. Hay un dicho muy común que, hablando de gente así, dice que «éste es capaz de vender a su madre»: y la venden. Ahora están tranquilos, están lejos: “Cuídenla ustedes…».

La explotación humana consiste en vender a otros

Hoy en día el comercio humano es como en los primeros días: Se hace. ¿Por qué? Porque Jesús lo dijo, no? Él dio al dinero un «señorío». Jesús dijo: «No puedes servir a Dios y al dinero», dos señores. Es lo único que Jesús establece y cada uno de nosotros debe elegir: o sirves a Dios, y serás libre en la adoración y el servicio, o sirves al dinero, y serás un esclavo del dinero. 

Esta es la opción, y mucha gente quiere servir a Dios y al dinero. Y esto no puede hacerse. Al final fingen de servir a Dios para servir al dinero. Los explotadores ocultos son socialmente impecables, pero bajo la mesa comercian, incluso con personas: no importa. La explotación humana consiste en vender a otros.

Jesús amaba a Judas

Judas se ha ido, pero ha dejado discípulos, que no son sus discípulos sino el diablo. No sabemos cómo era la vida de Judas. Un chico normal, tal vez, e incluso con ansiedad, porque el Señor lo llamó a ser un discípulo. Nunca logró ser un discípulo: no tenía boca de discípulo ni corazón de discípulo, como leemos en la primera lectura. Era débil en el discipulado, pero Jesús lo amaba... Entonces el Evangelio nos hace comprender que le gustaba el dinero: en casa de Lázaro, cuando María ungió los pies de Jesús con aquel perfume tan caro, él hizo una reflexión y Juan subrayó: «Pero no lo dijo porque amaba a los pobres: porque era un ladrón». 

Quien ama el dinero demasiado traiciona para tener más

El amor por el dinero lo había sacado fuera de las reglas: a robar, y de robar para traicionar hay un paso, pequeño. Quien ama el dinero demasiado traiciona para tener más, siempre: es una regla, es un hecho. El joven Judas, quizás bueno, con buenas intenciones, termina siendo un traidor, hasta el punto de ir al mercado a vender: “fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego, directamente?”. En mi opinión, este hombre estaba fuera de sí.

Una cosa que me llama la atención es que Jesús nunca le dice «traidor»; dice que será traicionado, pero no le dice «traidor». Nunca dice: «Vete, traidor». ¡Nunca! De hecho, dice: «Amigo», y lo besa. 

El diablo es un mal pagador

El misterio de Judas... ¿Cómo es el misterio de Judas? No sé… Don Primo Mazzolari lo explicó mejor que yo… Sí, me reconforta contemplar ese capitel de Vezelay: ¿cómo terminó Judas? No lo sé. Jesús amenaza fuertemente, aquí; amenaza fuertemente: “¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”. ¿Pero eso significa que Judas está en el infierno? No lo sé. Yo miro el capitel. Y escucho la palabra de Jesús: “Amigo».

Pero esto nos hace pensar en otra cosa, que es más real, más real que hoy: el diablo entró en Judas, fue el diablo quien lo llevó a este punto. ¿Y cómo terminó la historia? El diablo es un mal pagador. No es un pagador confiable. Te promete todo, te hace ver todo y al final te deja solo en tu desesperación por ahorcarte.

El corazón de Judas, inquieto, atormentado por la codicia y atormentado por el amor a Jesús, un amor que ha fracasado porque no se convierte en amor, atormentado por esta niebla, vuelve a los sacerdotes pidiendo perdón, pidiendo salvación. «¿Qué tiene que ver eso con nosotros? Es lo tuyo…»: El diablo habla así y nos deja en la desesperación.

El pequeño Judas dentro de mí

Pensamos en tantos Judas institucionalizados en este mundo, que explotan a la gente. Y también pensamos en el pequeño Judas que cada uno de nosotros tiene dentro de sí a la hora de elegir: entre la lealtad o el interés. Cada uno de nosotros tiene la capacidad de traicionar, vender, elegir por su propio interés.

Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de dejarse atraer por el amor al dinero o a los bienes o al bienestar futuro. «Judas, ¿dónde estás?» Pero la pregunta que le hago a cada uno de nosotros: «Tú, Judas, el pequeño Judas dentro de mí: ¿dónde estás?”, concluyó la eucaristía.

Comunión espiritual 

Francisco terminó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitando a hacer la comunión espiritual. A continuación, la oración recitada por el Papa para ello:

 

“A tus pies, oh Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón que se abandona en su nada en tu santa presencia. Te adoro en el Sacramento de tu amor, la inefable Eucaristía. Deseo recibirte en la pobre morada que mi corazón te ofrece; mientras espero la felicidad de la comunión sacramental quiero poseerte en espíritu. Ven a mí, oh Jesús mío, que yo vengo a Ti. Que tu amor inflame todo mi ser para la vida y la muerte. Creo en ti, espero en ti, te amo.”.

Antes de salir de la capilla dedicada al Espíritu Santo, se cantó la antigua antífona mariana Ave Regina Caelorum («Ave Reina del Cielo”): 

“Salve, Reina de los cielos, y Señora de los ángeles; salve, raíz; salve, puerta que dio paso a nuestra luz. Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros”.

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