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Santo Sepulcro cerrado después de 700 años por la pandemia de coronavirus

IX ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez. Esta estación termina la Vía Dolorosa y marca la entrada a la Iglesia del Santo Sepulcro, que está bajo el cuidado de varias Iglesias cristianas. Esta foto muestra el monasterio copto allí.

Aleteia Team - publicado el 06/04/20

Las puertas se cerraron en la entrada de la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. El administrador apostólico en Tierra Santa: “Cuando lloramos sobre Jerusalén junto a Jesús desde este lugar, lloramos sobre toda la fraternidad humana por este difícil momento”. 

Las puertas se cerraron en la entrada de la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. Hecho inéditoque no se veía desde hace 700 años, cuando la ciudad fue acechada por la plaga del siglo XIV.

Y que se suma a la línea del tiempo de la época de la epidemia de coronavirus. Crisis económica, media humanidad en casa confinada y los ritos milenarios suspendidos a la espera de la Pascua en los lugares sagrados de la cristiandad.

La Semana Santa se abrió sin procesiones, con el papa Francisco presidiendo la misa dentro de Domingo de Ramos en la Basílica de San Pedro.

Asimismo, este año, la misa pontifical de inicio de Semana Santa que se celebró en el Santo Sepulcro a primera hora de la mañana se celebró igualmente, pero a puerta cerrada. Presidió monseñor Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, que bendijo las palmas en el Santo Edículo.

Monseñor Pierbattista Pizzaballa, estaba acompañado de unos pocos frailes de la Custodia y de algunos seminaristas del Patriarcado Latino de Jerusalén. La oración especial del obispo fue trasmitida en streaming directo para permitir la participación también a distancia.

Jerusalén es el símbolo de la Iglesia y de toda la humanidad, es la casa de oración para todos los hombres, según las Escrituras.  Cuando lloramos sobre Jerusalén junto a Jesús desde este lugar, lloramos sobre toda la fraternidad humana por este difícil momento que estamos viviendo y por este triste Domingo de Ramos.  Triste pero esencial”.

El Dominus Flevit, de hecho, es el santuario construido en el lugar donde Jesús lloró, después de mirar a Jerusalén y predecir su ruina, por no haber reconocido al Mesías (Lc 19, 41-44).

Desde el Monte de los Olivos, Jesús hizo su entrada en Jerusalén entre la multitud que le aclamaba con Hossannas. 

“El significado que Jesús atribuye a su “entrada triunfal” es distinto del significado que la población de Jerusalén vio en ella», explica monseñor Pizzaballa.

«Quizá es esta lección que quiere darnos hoy Jesús.  Nos volvemos a Dios cuando hay algo que nos duele”. Ante la petición del hombre para que le resuelva cada problema, incluso en este momento del coronavirus, “Jesús responde a su manera”. 

“Precisamente porque Jesús dice “sí” a nuestros deseos más profundos, debe decir “no” a nuestros deseos inmediatos. La historia de la gran entrada en Jerusalén, por tanto, es una lección sobre la discrepancia entre nuestras expectativas y la respuesta de Dios. […] El evangelio, sin embargo, nos dice que la fe cristiana está basada en la esperanza y en el amor, no en la certeza.

Él no solucionará todos nuestros problemas, no nos dará todas las certezas que necesita nuestra naturaleza humana, pero no nos dejará solos. Sabemos que nos ama”, añadió Pizzaballa.

Sucesivamente, el administrador apostólico del Patriarcado Latino bendijo a Jerusalén con la reliquia de la Santa Cruz. “La ciudad está cerrada, el mundo está cerrado. Nosotros debemos permanecer abiertos con el corazón, con las intenciones, con la oración. La oración puede superar las barreras que hay dentro de cada uno de nosotros y también fuera”.

Monseñor Pizzaballa afirmó que a pesar “de nuestra dificultad para entender” lo que sucede actualmente, invita a que “pongamos también ante nuestro Mesías lo poco que tenemos, nuestras oraciones, nuestras necesidades, nuestra necesidad de ayuda, nuestro llanto, nuestra sed de Él y su palabra de consuelo”.

Sabemos que necesitamos purificar nuestras intenciones, y también le pedimos esta gracia: entender lo que realmente necesitamos. Y aquí, hoy, a pesar de todo, a las puertas de su y nuestra ciudad, declaramos que realmente queremos darle la bienvenida como nuestro Rey y Mesías, y seguirlo en su camino hacia su trono, la cruz. Pero también le pedimos que nos dé la fuerza para llevar la nuestra con su propio y fructífero amor”.

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