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Separado y con niños en cuarentena por coronavirus

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Shutterstock | iko
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¿Cómo viven el confinamiento quienes además están pasando por un divorcio u otro conflicto familiar?

Estamos viviendo un momento complicado en nuestra sociedad, en el mundo entero, provocado por la emergencia sanitaria de la COVID-19, que nos afecta a todos, directa o indirectamente. Bien estamos sometidos a un confinamiento, a un encierro forzoso, o peor aún, ya hemos sufrido la enfermedad en nuestras propias carnes o en la de familiares o amigos el drama de esta enfermedad.

En este momento de pandemia, no puedo evitar pensar en las familias que pasan, además, dificultades como consecuencia de una separación contenciosa, en tantas personas que por sus circunstancias les está tocando vivir esta situación ya de por sí complicada, a las que se añade una situación personal y familiar conflictiva.

Si el encierro forzoso ya de por sí trae roces en la convivencia, qué estará ocurriendo con esas  familias que están separadas como consecuencia de una sentencia judicial y que ahora tienen que lidiar con esta situación, con sus hijos y con su ex pareja.

Cuando existe diálogo fluido, una comunicación en positivo, la situación se hace más llevadera, pero…¿qué ocurre cuando esa ruptura no ha sido del todo pacífica y los hijos son la moneda de cambio de cada día?

La ruptura pudo venir determinada por múltiples factores, pero los hijos están ahí y el resentimiento de una de las partes o de las dos, puede hacer que se utilice de manera irresponsable a nuestros niños, haciéndoles tomar partida por uno de los progenitores en perjuicio de ellos mismos, de su sano crecimiento como personas, viéndose inmersos de manera involuntaria en batallas de poder entre adultos llenos de resentimientos, provocados bien por la manera de acabar esa relación, bien por la manera de  educar a los niños, por cuestiones económicas o por hacer prevalecer gustos personales en perjuicio del interés de  los propios hijos.

Este caldo de cultivo ha hecho que surgiera el término SAP ( Síndrome de alienación parental), propuesto por Richard Gardner en 1985 y que ha ido consolidándose en el tiempo, hasta el punto en que los que trabajamos en la intervención con familias somos conocedores de esta realidad y de cómo este hecho puede influir y agravarse en estos días de confinamiento en las casas.

 De manera muy resumida el SAP consiste en un “lavado de cerebro” al menor por el que un progenitor de manera sistemática y consciente, programa a los hijos en la descalificación hacia el otro progenitor. Si además contamos con que el menor está en un proceso evolutivo y madurativo de su persona y no tiene las herramientas que puede tener un adulto, para valorar y discernir determinadas circunstancias, entonces se convierte en pieza vulnerable y débil para ser manipulada en beneficio del interés del progenitor alienante.

Por este motivo, es en este momento cuando los progenitores más que nunca deben dar un paso hacia delante en beneficio de los niños y actuar con sentido común. Dejar a un lado las posiciones personales y buscar el bien del menor, aplicando responsabilidad y madurez en sus decisiones con respecto a sus hijos.

Recomendaciones para manejarse en estos momentos extraordinarios:

  • Prudencia y diálogo respetuoso y constructivo.
  • Cumplir las resoluciones judiciales o los acuerdos adoptados siempre que no se ponga al menor en situación de riesgo, llegando a los pactos necesarios, si fuera conveniente, en beneficio de los hijos.
  • Para ello el poder acordar las modificaciones de convivencia con cada progenitor permitirá también descansar al otro y aliviar la rutina de los menores, siempre y cuando se garantice por cada progenitor el cumplimiento estricto de todas las normas sanitarias y de confinamiento en el domicilio, así como la inexistencia de posibilidad de contagio o cuarentena en el entorno.
  • Facilitar el contacto del menor con el otro progenitor mediante comunicación vía telefónica, Skype, Facetime, WhatsApp, etc….
  • Apelar a la sensatez, al sentido común y a la generosidad de los adultos y distinguir entre incumplimientos voluntarios –aprovechando la emergencia nacional – con incumplimientos necesarios, evitando ampararse en la situación de emergencia para retener a los menores y/o limitar la relación con el otro progenitor.
  • En esa sensatez y sentido común, si existiera imposibilidad de garantizar el confinamiento adecuado para la salud de los hijos, que el progenitor que las sufra se plantee una renuncia voluntaria y de forma temporal a la custodia de los menores mientras dure esta situación. Igualmente, aquellos progenitores que por motivos laborales se encuentren en contacto con personas con riesgo de contagio, como el personal sanitario, deberá anteponer el interés de los menores y la salud pública a la custodia de los menores mientras dure esta situación de alarma.

Es momento de pensar en el bien de nuestros menores y no tanto en el interés del adulto, todos somos vulnerables en este momento, pero mucho más nuestros niños que son el futuro de la sociedad y ellos, más que nadie, se merecen padres generosos y sensatos que apelen al bien mayor que son los niños, sin lavados de cerebro, ni posicionamientos obligados.

Nuestros menores necesitan a sus padres, pero sin tener que tomar partido por ninguno de ellos, para poder crecer con seguridad y en un entorno de diálogo constructivo, haciendo frente a las dificultades y madurando conforme a su edad, según las circunstancias, siendo esa esperanza de futuro que tanto anhelamos para superar este momento.

Necesitamos niños fuertes, que crezcan en libertad y en seguridad y si esta crisis nos está haciendo ver que todos somos capaces de aportar nuestro granito de arena para salir fortalecidos, por qué no empezar cada uno en su familia, cada uno con sus  circunstancias y de manera especial en esas familias que han sufrido una ruptura conflictiva. ¡Ánimo a todos ellos!

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