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¿Cómo lograr que Jesús me escuche en tiempos de pandemia?

Jaime Septién - publicado el 01/04/20

Entrevista al escritor panameño Claudio de Castro

Hay muy pocas plumas en el ámbito latinoamericano que hayan cosechado más éxitos en el ámbito de la literatura espiritual que el panameño Claudio de Castro. Encerrado, como mil millones de personas en el mundo, por la pandemia del coronavirus, de Castro ha decidido hacerle frente a la oscuridad con la luz de la oración.

Desde la intimidad de su casa en Ciudad de Panamá, ha escrito un libro que puede ser alimento de muchos que en estos momentos sentimos miedo, incluso sentimos que Jesús no nos escucha y que hemos sido abandonados a la fuerza invisible y aterradora de un virus.

¿Cómo encuentras la situación en Panamá?

El 11 de marzo me encontraba en un supermercado haciendo pequeñas compras cuando la OMS declaró pandemia el brote del coronavirus. En pocos minutos se llenó el lugar de personas que barrieron las estanterías de gel alcoholado.

Las escuelas suspendieron las clases y se organizaron para continuar dando clases por Internet. Igual hicieron algunas empresas enviando colaboradores a sus casas para que continuaran mediante teletrabajo. Han sufrido mucho los centros comerciales, restaurantes y las personas que viven el día a día.

Se ha declarado una cuarentena parcial con horas de salida para ir al supermercado. Hoy anunciaron que viene la cuarentena absoluta a partir de de abril. Hay cierto temor a lo que pueda ocurrir.

Los que vivimos la invasión de los Estados Unidos a Panamá sentimos que estos tiempos se parecen. Todos en casa. En aquellos días el peligro eran las balas. Hoy es un enemigo invisible que no puedes ver y no sabes dónde está. La soledad empieza a afectar algunas personas aisladas por la cuarentena, sin poder salir, sobre todo a los ancianos y enfermos.

¿Cuál ha sido la respuesta de la Iglesia?

Hace dos semanas, un domingo, me levanté temprano con mi esposa, nos vestimos con nuestras mejores galas y nos sentamos frente al ordenador en la sala. Estábamos por vivir una experiencia nueva, para mí dolorosa. Ver la Misa por Internet. Me impresionó mucho pensar que no podíamos ir a la iglesia ni comulgar. La celebró el Arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa. Nos recordó que la familia somos la “Iglesia Domestica” y nos pidió no tener miedo, no escuchar falsos rumores, vivir al amparo de Dios.

Los sacerdotes han encontrado formas creativas de llegar a los fieles. Transmiten la misa diaria en vivo por las redes sociales, envían mensajes para fortalecer nuestra fe por wasap y permanecen cercanos.

¿Y de la sociedad?

Hay muchos gestos de solidaridad. Me cuentan de esta señora que toca el violoncelo. Vive en un área rodeada de edificios. Por las tardes se sienta en el balcón para animar a sus vecinos tocando música clásica. Unos músicos muy conocidos en Panamá hacen conciertos de música popular y los transmiten por Internet para que las personas bailen en sus casas y se distraigan.

Al día de hoy tenemos 1,075 casos confirmados y 27 fallecidos. Pienso en esas pobres personas, sus familias y recuerdo el poema de John Donne cuando dice: “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.

¿Qué te inspiró a escribir este libro?

Estos días de cuarentena han sido para mí un encuentro con Dios. No los he sentido pesados porque paso en oración y con mi familia tenemos momentos muy gratos. Reflexiono mucho, leo la Biblia, la que poco leía, rezo y escribo mucho.

Recibo correos de los lectores de mis libros. Veo en algunos el temor de la incertidumbre por un futuro incierto, la desesperanza por el peligro de perder sus trabajos o enfermar. Me senté y pensé: “Los católicos debemos en estos momentos tener el coraje de levantarnos y mostrarle al mundo que hay un Dios grande, Todopoderoso y eterno, que es nuestro Padre, por tanto, todos somos hermanos”.

“¿Qué puedo dar para animarlos, llenarlos de esperanza y que vuelvan sus caminos hacia nuestro Padre Dios?” me pregunté. Debía existir algo que pudiera hacer. Y de pronto lo comprendí. “La oración”.

¿Qué caminos darías a las personas que en esta pandemia sienten que Jesús las ha abandonado?

Esta pandemia nos ha afectado de muchas formas, una de las peores es el miedo que se esparce sobre el mundo porque nos arrebata la paz y nos aleja de la bondad y la misericordia. Es normal tener miedo, es una forma de defensa del cuerpo ante una situación de peligro, lo malo es cuando dejamos que nos domine y nos afecte. El miedo nos paraliza espiritualmente.

¿Sabías que la Biblia tiene escrito 365 veces “No tengas miedo”? Una vez para cada día del año. Dios nos quiere valientes, que tengamos el coraje de ir más allá y aspirar a la santidad. Sí, estos tiempos de crisis son tiempos de santidad.

Yo también tuve miedo. Y acudí a la oración para recuperar la paz y la serenidad. Rezo el Rosario todos los días con mi esposa, y me reencontré con los salmos. Eso me ha ayudado muchísimo. La oración te consuela en el dolor y te fortalece en la adversidad.

Si sientes que Jesús te ha abandonado es momento de tomar la Biblia que tienes arrinconada en alguna esquina de tu casa y empieza a leer el Evangelio. Y encontrarás palabras como esta que sobrecogen el alma y te llenan de esperanza: “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. (Mateo 28).

© Claudio de Castro

Dame tres consejos para tener esperanza en estos tiempos oscuros…

Mi primer consejo es sencillo: Mantén tu corazón en el cielo, con Jesús, y no tengas miedo. Escúchalo y haz lo que te pide. El segundo, es posible y está a tu alcance. “Confía en Dios, en todo momento. Recuerda que para Dios Nada hay imposible””. Y el tercero, hay un consejo de san Félix que siempre me ha gustado: “Amigo, la mirada en el suelo, el corazón en el cielo y en la mano el santo Rosario”. Hazlo y tu vida cambiará.

En tu propia experiencia, ¿saldremos fortalecidos en la fe al término de esta pandemia?

Creo que estos son tiempos en que los católicos y creyentes debemos demostrar de qué estamos hechos, cuál es nuestra fe. Siento que nuestro propósito es brillar como pequeñas llamitas. Sumadas podremos iluminar al mundo en medio de esta oscuridad que se posa sobre nosotros.

Suelo imaginar que podemos ser pequeños espejos, imperfectos, con dudas, pero con el anhelo de reflejar en nosotros el amor de Jesús, su luz que lo cambiará todo a nuestro alrededor. ¡Sé un reflejo vivo del amor y no tengas miedo! Los tiempos de crisis son tiempos de santidad. Anhela ser santo. De estos días oscuros saldremos fortalecidos, más humanos, más cerca de Dios.

¿Finalmente?

Ahora que estás en cuarentena en tu casa, tienes el tiempo y una maravillosa oportunidad para conocer a Dios, experimentarlo en tu vida. No la desaproveches. Él te llama y quiere que acudas en su presencia amorosa. Si amas podrás conocer al Amor y Dios te llenará a plenitud.

El libro se puede encontrar en:

LATINOAMERICA Y ESTADOS UNIDOS

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ESPAÑA

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*MÉXICO*

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CANADÁ

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