Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
miércoles 02 diciembre |
San Habacuc
home iconEspiritualidad
line break icon

Ante la enfermedad y la muerte, Jesús te pide una cosa

Sam Rios/Unsplash | CC0

Carlos Padilla Esteban - publicado el 30/03/20

Jesús va a tu dolor y a tu casa

Este domingo me detuve en el relato del Evangelio sobre la resurrección de Lázaro. Me conmueven las lágrimas de Marta, de María. Pero sobre todo las de Jesús:

«Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y dijo: – ¿Dónde lo habéis puesto? Jesús se echó a llorar».

Jesús llora. Sus lágrimas se unen a las de sus amigos. Lázaro lleva días muerto:

«Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro».

Son demasiados días. El cuerpo sin vida ya huele:

«Le responde Marta, la hermana del muerto: – Señor, ya huele; es el cuarto día».

Es imposible la vida. Ha pasado mucho tiempo. Si hubiera llegado antes. ¡Cuántas veces en mi vida lamento la tardanza de Jesús!

Si hubiera venido antes para salvar a un ser querido. Para librarme de la enfermedad. Si hubiera venido antes para darme fuerzas y esperanza. Me quejo ante Dios.




Te puede interesar:
Puedes abrir ventanas al cielo

Me falta fe para creer en la vida eterna como lo hizo Marta. Fe para mover la piedra de un sepulcro después de cuatro días:

«Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. Dice Jesús: – Quitad la piedra. Quitaron, pues, la piedra».

Hace falta mucha fe para quitar una piedra pesada. ¿Creen realmente en sus palabras? ¿Piensan que Jesús puede resucitar a un muerto? Es imposible. Lleva cuatro días muerto. La lógica se impone. No puede haber milagro.

Una curación es fácil. O la multiplicación de los panes y los peces. Pero ¿un muerto? No es posible. Me falta fe. No creo tanto en milagros imposibles.

Jesús me pide que tenga fe. Más fe en lo imposible, más fe en Él, en su verdad. Que deje de lado lo que ven mis ojos. Me cuesta mucho.

A veces no sé lo que ven mis ojos y dudo, sospecho, no tengo fe ni en lo que veo. Ahora me pide Jesús que crea en lo que no veo. En lo que no es viable. Es demasiado tarde pero todo sucede según el deseo de Jesús:

«¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: – Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que Tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que Tú me has enviado. Dicho esto, gritó con fuerte voz: – ¡Lázaro, sal fuera! Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: – Desatadlo y dejadle andar. Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él».

Muchos creyeron. Y los que no creían en Jesús, ese mismo día decidieron matar a Jesús y a Lázaro. Es definitivo. Ya no hay vuelta atrás. La resurrección de un muerto es demasiado y deciden matarlo.

Este evangelio en las vísperas de la Semana Santa me conmueve. El último milagro de Jesús sucede por amor. Nadie lo pide. Nadie cree en su poder. Lo hace por amor.

Jesús ama a Lázaro. Ama a Marta y a María. Llora conmovido por la ausencia de su amigo. Jesús llegó demasiado tarde. Resucita a Lázaro para una vida temporal.

web2-montage-la-resureection-de-lazare-rembrandt-domaine-public.jpg
Domaine Public I Montage

¿Cuántos años? No importa. Es el amor que hace un milagro que precede su propia resurrección. Él resucitará para la vida eterna.

Me habla Jesús de vida en medio de cifras de muertos. ¡Cuántos muertos por una enfermedad incontrolable!Mi corazón llora como el de Jesús.




Te puede interesar:
El Papa Francisco ora en la Misa en Santa Marta por quienes lloran

Yo quiero más milagros como ese en mi vida. Quiero que la muerte no me toque. Ni la enfermedad, ni el dolor. Lo suplico. Quiero que me salve de todas mis dolencias. Pero no es así.

Ese Jesús mío en el que creo no hace muchos milagros, no sana siempre. Pero sí me salva, sí me resucitará un día.

Yo quisiera que todo fuera distinto ahora. Camino entre la vida y la muerte, entre la salud y la enfermedad. Me confronto con mis límites e impotencias.




Te puede interesar:
Ángeles y coronavirus: El mundo invisible existe y actúa

Creo que Jesús viene a mi dolor y a mi casa como hizo en Betania. Creo que Él recorre el camino hasta mi hogar y escucha mi llamada como escuchó la de Marta y María.

Quiero que aumente mi fe. Que aumente mi fe en el Dios que viene a salvarme, a levantarme cada vez que no sé cómo confiar en el siguiente día.

Sueño con días nuevos en los que se acabe el dolor. Sueño con una vida sin sufrimiento. Y Jesús sólo me pide que crea, que no deje de creer en lo imposible.

Que crea en mí mismo y en todo lo bueno que hay en mí y en las personas. Que crea en su poder infinito que transforma mi vida y la hace mejor. Que crea que lo que ahora veo con dolor y miedo no es el final.

Que estoy llamado a la vida eterna. Y a vivir aquí con la mirada puesta en el cielo y que mis lágrimas serán enjugadas un día, en un abrazo que será definitivo. Allí cesarán el dolor y el miedo para siempre.


RAGAZZA, VENTO, CIELO

Te puede interesar:
¿Cómo será el cielo?

Tags:
encasaenfermedadfemuerteresurrecciónvida
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia hoy se publica diariamente en ocho idiomas: francés, inglés, árabe, italiano, español, portugués, polaco y esloveno.
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
COVID
Rodrigo Houdin
COVID-19: Murió aferrado a su rosario y con u...
WEB2-IRAN-CAPTURE
Zoe Romanovsky
Cineasta de 20 años gana premio por la podero...
Philip Kosloski
Cuando sientas que todos conspiran contra ti,...
HOMELESS
Javier González García
La historia de Marina: De vivir en la calle a...
EMANUELLE CUETO RAMOS
Jesús V. Picón
Sacerdote con cáncer terminal: Pierde los ojo...
HUG
Dolors Massot
El médico que abrazó al enfermo de coronaviru...
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.